El abuso de alcohol aunque sea en forma ocasional, en las mujeres jóvenes, puede provocarles graves daños neuropsicológicos tanto cognitivos como de la memoria.

El consumo de alcohol y tabaco es considerado legal en casi todo el mundo, a pesar de haberse comprobado que ambos son factores de riesgo de graves enfermedades y que hasta pueden provocar muerte prematura. Sin embargo, no impide que estas sustancias continúen siendo fácilmente accesibles y que sean aceptadas en la sociedad, que se hayan incorporado a las tradiciones y a los cultos y que sean utilizadas para facilitar las relaciones sociales.



Los hábitos de consumo de alcohol han ido modificándose a través del tiempo, pasando de ser un complemento moderado en las comidas diarias para convertirse en un hábito abusivo en fiestas y reuniones juveniles de fin de semana, como estimulante, para el esparcimiento o como un recurso de desinhibición social.

En España las estadísticas del Plan Nacional sobre drogas muestran que más de doscientos mil jóvenes se embriagan todos los fines de semana; que uno de cada ocho adolescentes se ha emborrachado más de veinte veces en su vida y uno de cada seis ha abusado del alcohol casi todos los fines de semana del último mes antes de la encuesta.

El aspecto preocupante de este fenómeno es la consecuencia que tiene el abuso de alcohol sobre el sistema nervioso central.


Una borrachera o un consumo elevado durante todos días pueden provocar degeneración neurológica en algunos circuitos cerebrales y producir alteraciones cognitivas.

El alcohol es un tóxico que principalmente provoca un déficit de memoria y de las funciones cerebrales relacionadas con la planificación, la abstracción, la capacidad de anticipación y de decisión, etc.

Los resultados de las investigaciones sobre los efectos del alcohol en animales coinciden con los que se producen en humanos en estado de ebriedad.

Por ejemplo, los roedores que han sido sometidos a la toxicidad del alcohol durante cortos períodos de tiempo sufren daño cortical límbico, sin necesitar una exposición prolongada para que su sistema neurológico o cognitivo quede dañado.

En la adolescencia, los efectos del alcohol son mayores, ya que es en esta etapa cuando se producen en el cerebro importantes cambios fisiológicos y madurativos, que el uso abusivo de estas sustancias puede alterar.

Además del riesgo de caer en la dependencia, estar alcoholizado aumenta el nivel de agresividad, favorece la violencia, los ataques sexuales y los accidentes.

Desde hace veinte años, las mujeres ocupan buena parte de las estadísticas relacionadas con el alto consumo de alcohol.

El Instituto de la Mujer de España, revela que desde los catorce años, cerca de 850.000 mujeres españolas abusan del alcohol y que las jóvenes de 19 a 24 años son las que registran el mayor índice de consumo.


Lo inusual es que el perfil de las mujeres que abusan del alcohol son personas que pertenecen a un medio sociocultural alto y de buen nivel de educación que habitan las grandes ciudades.

La mujer es más sensible al alcohol que el hombre y más vulnerable a su toxicidad, porque las enzimas femeninas para metabolizarlo son menos activas causando mayor intolerancia con menos cantidad de alcohol ingerida, por lo que puede provocarles los mismos efectos neurodegenerativos que produce en los hombres aunque consuman menos alcohol que ellos.

Los expertos consideran aceptable que los jóvenes sólo consuman hasta dos unidades de bebida standard por semana como máximo, para evitar problemas neuropsicológicos graves que son de muy difícil recuperación.

Una unidad de bebida equivale a una caña de cerveza o a un vaso chico de vino, mientras las bebidas combinadas equivalen a dos unidades.


Fuente: “Mente y Cerebro”, “Mujer y Consumo de alcohol”, María Dolores Escarabajal y Vanesa Franco. Ed. No.42/2010