La adicción a las drogas o al alcohol no respeta ningún nivel social, porque cualquiera las puede obtener con facilidad y son pocos los adolescentes que no disponen de dinero que no estén dispuestos a robar para conseguirla.

Un adolescente puede comenzar a consumir drogas o tomar alcohol por varios motivos; porque está atravesando una etapa crítica de la vida que en las grandes ciudades se hace más difícil, debido a la disolución de su familia, a los padres ausentes, por no tener ninguna figura de autoridad que sea significativa como para poner límites y fijar pautas de comportamiento o por desilusiones sentimentales, crisis de identidad, complicidad con el grupo de pares, inseguridad, debilidad de carácter o baja autoestima.


Un adicto siempre se puede recuperar gracias a los adelantos de la medicina, de la psicología y de la psiquiatría.[/b]

Con el apoyo familiar y el tratamiento adecuado hay esperanzas, aún cuando se niegue a ser tratado.

Los adictos son personas inmaduras aunque sean mayores de edad, por eso es importante que los familiares asuman el control y no se rindan.

Los padres tienen que poner las reglas y ofrecer modelos de conducta que sean dignos de ser imitados.

El no cumplimiento de las normas de conducta establecidas debe tener el esperado castigo, que no debe ser físico sino significar pérdida de privilegios y deben ser firmes en su aplicación.

Los límites deben tener una explicación que se relacione con la salud y el bienestar de los hijos.

Los jóvenes adictos carecen de la educación adecuada y de guía y su frustración hace que adopte comportamientos violentos.

Cuanto más temprano comienzan a consumir, que es el momento en que el sistema nervioso está en plena evolución y cuando se es más vulnerable; más grave es la situación y más larga la recuperación. Así opina el Dr. Juan Alberto Yaría, director de la Comunidad Terapéutica Gradiva y S.O.S.

Todo esto, sumado a la falta de contención familiar y a la ausencia de valores, representa el campo propicio para iniciarse en la drogadicción desde muy joven.

Algunos padres niegan que su hijo pueda estar consumiendo aunque sea evidente que su conducta haya cambiado.

Es necesario prestar atención a ciertas actitudes como falta de responsabilidad, pérdida de la atención y de la memoria, impaciencia, impulsividad, hiperactividad, desorganización, dificultades para tomar decisiones y para aprender de las experiencias, ataques de ansiedad, distorsión de la percepción, desgano o indiferencia.

Los padres deben permanecer unidos en esta situación e evitar contradecirse y ser coherentes.

Los hijos necesitan padres firmes, que les den el ejemplo, que les inculquen valores, que sean comprensivos y que estén atentos y dispuestos a hacer lo posible para ayudarlos y comprenderlos.


La autoridad es un rol que hay que asumir y que implica hacerse cargo de la situación, poner las reglas y hacerlas cumplir con plena convicción.

Los adolescentes deben recibir estímulo por sus conductas correctas y sus buenas decisiones, reconocimiento por sus logros y reprobación cuando se comportan en forma inadecuada.

Ayudarlos a asumir responsabilidades es enseñarles a hacer las cosas por si mismo, no hacerlas por él.

Un hogar necesita un espacio para la comunicación, o sea la oportunidad cotidiana de poder hablar, escuchar y ser escuchado, por eso es importante compartir actividades y alguna comida del día con los hijos, evitando tener el televisor encendido.

Los padres suelen avergonzarse de elogiar a sus hijos o de decirles que los aman y de mostrarles reconocimiento cuando hacen las cosas bien, sin embargo, la crítica parece ser lo más fácil para ellos.