El sexo forma parte de la vida y la vida sufre una alteración perceptiva importante con al depresión, sea cual fuere su forma. Uno de los síntomas que más evidencian los estados depresivos es la dejación en la búsqueda del placer, y el sexo es el mayor de los placeres físicos concebidos por un ser humano sano. Todo ello sin contar con el placer psicológico que resulta de hacer gozar al ser querido, mientras sentimos placer nosotros mismos.


Aunque estudios muy concienzudos aseveran que "casi un tercio de los pacientes con depresión tienen alterada su conducta sexual", la realidad diaria nos indica que, en la mayoría de los casos, la depresión ha hecho mella en las relaciones sexuales y con posterioridad puede alterar las afectivas.

En efecto, los parámetros libidinosos del deseo sexual, la atracción por alguien del otro sexo y la necesidad de conquista pronto se ven alterados, dejando paso al resto de síntomas de la depresión. Parece como si la persona en este estado no dejara aflorar sus emociones y sensaciones primarias, tratando todo el tiempo de recrearse en sus pensamientos negativos.


Mención especial merece la depresión en el hombre. En este caso puede suceder justo lo contrario, que la conducta sexual se altere aumentando significativamente su tasa, llegando incluso a incurrir en sexo compulsivo o adicción al sexo en forma de frecuentes visitas a lugares de tolerancia diversos. Este caso es mucho más raro en la depresión de la mujer, si bien los comportamientos adictivos sexuales pueden darse en ambos casos sin necesidad de que concurra episodio depresivo alguno. (Las adicciones sexuales no nos ocupan en este artículo).

Es posible que una carencia afectiva importante lleve al hombre solo a desenvolverse en submundos donde el sexo tiene un precio, que en ocasiones se paga por conseguir cariño circunstancial, sin compromiso alguno.
candados

Durante el transcurso de una depresión, los sentimientos de culpa, la inseguridad, la baja autoestima y un pésimo autoconcepto (algunas personas con depresión manifiestan rechazo a su propio cuerpo) dificultan sobremanera las relaciones sexuales especialmente en el hombre, que requiere de una erección plena para culminar el intercurso sexual.

Bien es verdad que algunas mujeres consienten la relación por miedo a perder a su pareja, posiblemente tocada por la depresión de su compañera. Sin embargo, es muy posible que no alcancen el orgasmo en la mayoría de las ocasiones, cuando no se trate de una anorgasmia sobrevenida por causa de la depresión que padece.

Un estado de libido alterado como consecuencia de los estragos de la depresión no debe abordarse mediante terapia sexual. Muy al contrario, se debe abordar la depresión como factor mantenedor de estas alteraciones sexuales.

Si el terapeuta lo considera conveniente, puede recomendar algunos protocolos capaces de aumentar los niveles afectivo-sexuales de la pareja, aumentando la tasa de las conductas vestibulares sin necesidad de exponer al paciente al estrés de una relación sexual plena.