Las relaciones personales suelen ser conflictivas, generalmente porque la aspiración de la gran mayoría es que el otro cumpla con sus expectativas.

Cada persona es un mundo y es difícil encontrar a alguien como pareja que agrade, que tenga afinidades, buen humor, buen carácter; que acompañe, que apoye y que sea buena persona; pero si pudieran encontrar alguien así, es posible que esté buscando lo mismo y sean ustedes los que no cumplen esos requisitos.

Aceptar al otro como es, como alguien diferente que les permita tener vida propia y que no los esclavice, es la clave para mantener una pareja unida, renunciando a las expectativas creadas en función a lo que muestran otras parejas desde afuera, que no es todo.



Con el paso del tiempo, no obstante, las relaciones pueden desgastarse, sufrir deterioro, porque aunque las personas por lo general no cambian, a veces las circunstancias pueden hacer que se conviertan en alguien desconocido con quien resulta demasiado difícil convivir.

Pueden haber ocurrido faltas graves en alguno de los dos, pero si son honestos, tienen que reconocer que esa persona que ahora sienten que les falló, fue así desde un comienzo y que el enamoramiento que sintieron en un primer momento, no los dejó verla tal cual era.

Mientras duró el entusiasmo los problemas de carácter, los malos hábitos, las actitudes negativas no parecieron de importancia, luego, cuando la relación madura y se consolida, se puede ver con más claridad quién es el otro y entonces es cuando ya no se está dispuesto a tolerarlo.

Cuando una pareja fracasa no hay culpables, sólo responsables porque lo que ha fracasado es su forma de relacionarse, el vínculo que crearon los dos durante la convivencia.

Entonces, para cortar esa relación que los hace infelices, en primer lugar tienen que estar bien seguros de sus sentimientos y no actuar impulsivamente después de una pelea; porque del odio al amor hay un solo paso y hay que darse cuenta que esa polaridad también la tienen ustedes.

Una pareja tiene que hablar, decir cada uno como se siente, darle espacio al diálogo para poder entenderse cuando tienen problemas.

Pero cuando sienten que ya llegaron al límite y tienen la plena convicción sobre la decisión de terminar con la relación, no pueden cambiar de opinión, tendrán que ser terminantes y mostrarse firmes, con una actitud asertiva que desanime al otro a intentar cualquier recurso para que las cosas no cambien.

Solamente cuando se cree firmemente que las cosas ya han llegado a un nivel sin retorno, cuando lo único que queda es indiferencia y la sensación de que el otro ya no representa nada, entonces hay que hablar, pero no de separación sino de la relación.

Buscar un lugar neutral para hacerlo, no en la propia casa donde conviven y nunca a solas.


El mejor lugar es sentarse a la mesa de un café rodeados de gente, para evitar descontrolarse y agredirse mutuamente, y no poder hablar en forma civilizada.

Es difícil que en una pareja los dos estén de acuerdo en separarse, por lo general es uno de los dos el que ya no desea continuar con la relación mientras el otro se niega.

En estos casos, lo mejor no es decirles que ya no los aman o que desean separarse; mucho más eficaz resulta decirle al otro que es él el que demuestra falta de amor, que ha cambiado, que sienten que ya no le interesa mantener esa relación, proyectando en él lo que sienten ustedes, pero que no necesitan expresar, para evitar reacciones negativas que se esperan de alguien que se siente abandonado.

La crónica diaria nos muestra hasta dónde puede llegar la venganza de quienes se sienten rechazados.

Es imperioso en estas circunstancias proceder con cautela, sin precipitarse, dejando pasar el tiempo que es el que arregla todo y sin olvidar que alguna vez, a esa persona, que ya no toleran al lado, alguna vez la amaron.

Y si tienen hijos, jamás negarle al otro su derecho a verlo si lo desea, sin involucrarlos en sus diferencias, ni usarlos de intermediarios.