Louann Brizendine, doctora en medicina, especialista en neurobiología y neuropsiquiatra de la Universidad de San Francisco; ha escrito muchos artículos sobre su especialidad y ha publicado dos libros que han tenido amplia repercusión: “El Cerebro de las mujeres” y posteriormente “El cerebro de los hombres”. En cada uno de estos dos libros señala la influencia que tienen las hormonas en el cerebro del hombre y de la mujer y cómo condicionan sus conductas.

En el cerebro masculino actúan las siguientes hormonas:

La testosterona, principal hormona masculina, es la que le da la característica dominante y agresiva; y el afán de poder; es la que lo orienta hacia sus objetivos y la que lo impulsa a destacarse entre los demás hombres. Esta hormona hace que genere la androstenediona, que le da al sudor masculino su olor característico, activa su conducta sexual y agresiva y lo conduce a buscar la pareja.

La vasopresina, es la que propicia el ritual de apareamiento; y también es la hormona de la monogamia, que lo estimula a proteger y defender su territorio, a su mujer y a sus hijos.

La testosterona y la vasopresina son las hormonas que exaltan la masculinidad.

La sustancia inhibidora mülleriana (SIM), es la que hace al hombre intrépido y la que lo libera de su parte femenina; y es esencial para generar su impulso exploratorio.

La oxitocina, le brinda la capacidad de empatía y hace posible sus sentimientos de amor, confianza y apego; es la que disminuye la hormona del estrés y de la presión sanguínea, la que lo ayuda a generar sentimientos de seguridad y la que hace que se quede dormido después del coito.

La prolactina, favorece la conducta paterna y disminuye el deseo sexual.

El cortisol, hace reaccionar al hombre con violencia cuando se siente en peligro y lo predispone a la lucha.


La androstenediona, es la ferormona que segrega la piel, que es el afrodisíaco natural que atrae a las mujeres.

La dopamina tiene una función vigorizante que produce exceso de entusiasmo en el hombre, tanto en el juego brusco como en el disfrute sexual.

El estrógeno en el hombre es capaz de aumentar su deseo de brindar muestras de cariño a su pareja, de ser más amoroso y afectuoso.



Las hormonas rigen todas las conductas y condicionan activamente el comportamiento sexual y social, son las que lo impulsan al hombre a competir, a destacarse, a ganar, a explorar y a resolver problemas.

El cerebro del hombre y su biología hace que viva una realidad propia, muy distinta a la femenina, que trasciende ampliamente su conducta sexual y lo convierte además en una máquina para encontrar soluciones.

El cerebro masculino es diferente del femenino desde su concepción y todas sus células son masculinas, ya que el hombre dispone del cromosoma Y, que la mujer no posee; y esa base genética es clave para el desarrollo de las hormonas.

Los avances científicos y la nueva tecnología de neuroimágenes, permiten observar hoy en día las diferencias genéticas, hormonales, químicas y estructurales entre hombres y mujeres; y cómo funcionan y procesan la información. Se puede constatar que los cerebros de ambos sexos tienen similitudes, pero que operan de una manera diferente.

Sin embargo, tanto los hombres como las mujeres no conocen la diferencia de los instintos básicos que mueven a actuar al otro sexo; no se entienden mutuamente ni pueden darse cuenta que en todas las conductas existen bases genéticas y hormonales poderosas que los impulsan a comportarse como lo hacen.

No obstante, la biología no es totalmente determinante, porque los seres humanos tienen la capacidad de aprender, la posibilidad de vivir experiencias diferentes y de estar inmersos en un medio social y en una cultura que puede influir en la remodelación de sus cerebros, cuya arquitectura es plástica y sigue cambiando toda la vida.

Hombres y mujeres son principalmente seres sociales y sus cerebros aprenden a adoptar conductas socialmente aceptables y a inhibir gran parte de sus instintos innatos.

No sabemos en qué medida influye lo adquirido en un ser humano, pero lo que si puede ser positivo para las relaciones humanas es aprender a conocer los impulsos más profundos del cerebro de cada sexo para llegar a comprender la importancia de las diferencias biológicas entre ellos.


Fuente: “El cerebro masculino”, Louann Brizendine.