La palabra sadomasoquismo ha sido utilizada en el estudio de la sexualidad para describir dos formas combinadas de perversiones, y fue aceptada por el psicoanálisis para señalar la conexión entre el conflicto interno de dominio y sumisión y la necesidad de la persona de auto castigo.

El término perversión para Freud no tiene el significado que usualmente se le da a esa palabra, sino que comprende toda conducta desviada del acto sexual normal, entendiendo por normal el coito propiamente dicho, o sea con la introducción del pene en la vagina.

Aunque los términos sadismo y masoquismo parecen indicar lo contrario, en realidad se complementan y tienen una función en las relaciones.

Freud dice que la inclinación a causar dolor o maltratar a la pareja es la más habitual y primordial de las perversiones.

Se trata del placer y la crueldad de provocar sufrimientos y a la vez de sufrir todo tipo de sometimiento y humillación.


El origen del sadismo, según Freud, se puede encontrar en el individuo normal, ya que la mayoría de los hombres se comporta usualmente de una forma agresiva y con la intención de dominar en el acto sexual.[/i]

Esta conducta puede tener una base biológica para superar la resistencia del objeto sexual. Freud denomina objeto a toda persona que provoca atracción sexual. El sadismo, por lo tanto, sería la forma exagerada de la conducta activa normal.

Con el masoquismo ocurre lo mismo, ya que se relaciona con el excesivo comportamiento pasivo de la conducta sexual normal.


Es habitual que el masoquismo sea un correlato del sadismo, orientado hacia si mismo.

El estudio clínico de casos límite de perversión sadomasoquista revela la existencia de una predisposición a la pasividad y una fijación relacionada con el complejo de castración y la conciencia de culpa.

El dolor que hay que vencer representa, la resistencia frente a la libido, mientras antes era el asco y la vergüenza.

Freud dice que la trayectoria de la humanidad nos muestra que la crueldad ha estado íntimamente relacionada con el instinto sexual, realidad que algunos autores explican como un residuo de los arcaicos placeres caníbales.

Por otro lado, otros proponen que cada padecimiento incluye en sí la posibilidad de causar placer.

El hecho más significativo de esta perversión es que ambas formas, tanto la activa como la pasiva, aparecen siempre juntas en la misma persona.

O sea, que el que siente placer en causar dolor en la relación sexual, tiene también la capacidad de disfrutar del dolor y del placer en esa relación.

Lo cierto es que la relación entre sadismo y masoquismo es tan estrecha que no pueden estudiarse sus causas ni sus manifestaciones en forma separadas.

El sadismo parece ser anterior al masoquismo, o sea la tendencia a agredir a otro y causarle daño y dolor pero sin conexión con el placer sexual.

El sadismo no relacionado sexualmente corresponde al instinto de dominio. En tanto que el masoquismo es el retorno de esa agresividad hacia el sujeto, seguramente por los sentimientos de culpa que provoca esa conducta, transformando al mismo tiempo su actitud activa en pasiva.

Recién adquiere un significado sexual cuando se asocia al impulso sexual y el hecho de causar dolor se transforma en una de las características del acto sexual.


El sadomasoquismo es común en las neurosis obsesivas en que el trauma es provocado por una fijación en la etapa sádico anal del desarrollo psicosexual .

Es evidente que las personas se relacionan con quienes puedan satisfacer sus necesidades primarias y es probable que esta condición las incline siempre a vincularse afectivamente con parejas con tendencias agresivas y violentas de las cuales les resulta muy difícil separarse.

Junto al placer que produce el sufrimiento que le inflingen sienten también el gozo de satisfacer su necesidad de castigo.

Fuente: Obras Completas de Sigmund Freud, Tomo II, Tres Ensayos para una teoría sexual.