Las investigaciones sobre las alucinaciones incluyen el estudio del fundamento neurobiológico de los estados alterados de conciencia producidos mediante el consumo controlado de drogas alucinógenas.

Por ejemplo, con la quetamina, que es un anestésico, se produce una alteración de la percepción; y el sujeto de la experiencia, con las pupilas dilatadas, percibe el espacio a su alrededor curvo, deformado y retorcido, espectáculo que lo asombra, le extraña y que a la vez lo atemoriza y le da la sensación de transitar por otra realidad.

En la facultad de Medicina de Zurich, los alumnos se ofrecen como voluntarios para someterse a estos experimentos y algunos de ellos describen haber tenido vivencias sobrenaturales dignas de la imaginación más fantástica; vuelan, atraviesan ciudades, caminan sobre el agua, se transforman en los objetos más extraños y se sienten fluir a una velocidad impresionante.




Neurólogos del equipo de Franz Xavier Vollenweider, inyectan una sustancia radiactiva durante la administración de la quetamina y obtienen imágenes del estado de las neuronas, que producen las alucinaciones, en un tomógrafo de emisión de positrones.

Desde la década de los noventa estos científicos han retomado sus investigaciones con alucinógenos, abandonadas en la década de los sesenta, para estudiar estos estados, con el permiso del Ministerio de Sanidad y el control de dos comités de ética.

Estos científicos intentan entender cómo operan los alucinógenos en el cerebro, cuáles son los receptores que se activan y cuáles son los resultados funcionales que provocan estas interacciones.


Se sabe que las sustancias alucinógenas clásicas como el LSD (ácido lisérgico), la mezcalina o la psilocibina(de los hongos alucinógenos), activan un determinado receptor de la serotonina y que el desequilibrio de los neurotransmisores producen alteraciones del estado anímico, por ejemplo, el aumento de este neurotransmisor se encuentra en algunos pacientes con esquizofrenia; y una disminución de la dopamina se registra en casos de depresión maníaco depresiva o trastorno bipolar.

Mediante el consumo de estas sustancias, el equilibrio de los nerotransmisores también es perturbado debido al consecuente incremento en la producción de un transmisor excitador en la corteza cerebral frontal.

Los científicos investigan los circuitos neuronales vinculados con el tálamo, zona del cerebro que algunos consideran relacionado con la conciencia, ya que es el encargado de clasificar y distribuir la información.


Se cree que las sustancias alucinógenas alteran el filtrado de los estímulos tanto internos como externos permitiéndoles invadir las zonas corticales sin realizar esta operación.

La percepción se torna entonces confusa, se alteran la visión, los sentimientos, el pensamiento, el sentido del espacio y el tiempo, y el yo y el ambiente, haciendo que las experiencias que viven los voluntarios se tornen insoportables o por el contrario de gran bienestar.

La característica del efecto del LSD, es el abandono de la realidad y la disolución de las fronteras del yo. Lo opuesto es otro de los efectos, o sea la disolución angustiosa del yo, que produce pánico y la fragmentación del mundo, con la sensación de estar perdiendo la razón, de perderse en un abismo de soledad eterna y de muerte inminente.

Aldous Huxley clasificó en tres categorías los estados producidos por la mezcalina: las visiones, el cielo y el infierno.

Dittrich hizo una clasificación similar y los denominó: el infinito oceánico, la disolución angustiosa del yo y la reestructuración visionaria.

En la percepción de infinito océanico o del cielo se experimenta la unidad con el mundo y el amor total, la barrera del espacio tiempo se diluye y se siente la impresión de la existencia de una realidad superior.

La disolución angustiosa del yo o el infierno, según Huxley, es la sensación de caer en un abismo de soledad, el vacío, la pérdida de la razón, la sensación de pánico y de fragmentación del mundo y del yo.

La percepción de reestructuración visionaria o las visiones, están representadas por las ilusiones, alucinaciones y la mezcla de los sentidos, como por ejemplo: ver los sonidos. La persona siente que las cosas significan algo diferente de lo que habitualmente son y tanto la conducta como los objetos que se conocen cobran un nuevo sentido. Por ejemplo, cualquier simple objeto puede parecer vivo y tener una gran importancia.


(continúa segunda parte)

Fuente: “Sustancias Alucinógenas”, de Felix Hasler, Revista “Investigación y Ciencia”, “Mente y Cerebro”, Ed. Prensa Científica, Barcelona, España, julio/agosto 2009.