Las rosquillas y los doritos nunca han resuelto los problemas de nadie, sin embargo eso no nos impide buscar consuelo en esa clase de comida. Cuando el trabajo se hace frenético, cuando los planes se derrumban, cuando las relaciones fallan, tenemos la tendencia de calmar la mente llenando el estómago.


"Todos tenemos nuestra comida reconfortante,” dice Marci Gluck, PhD, psicóloga de investigaciones clínicas con los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Una bolsa de totopos, un plato grande de macarrones con queso, o un cartón de helado de moca bombón, todos pueden hacer que una persona se sienta mejor.

 

La terapia basada en la comida tiene su lado negativo, por cierto: a la vez que brinda consuelo, también engorda. Todos sabemos que las tasas de obesidad han subido cada vez más durante las últimas décadas y que vivimos en tiempos estresantes. ¿Es posible que estemos intentando alcanzar la felicidad mediante la comida? ¿Puede ser que el estrés nos está engordando?

 

En años recientes, los científicos has descubierto conexiones sorprendentes entre el estrés, el apetito y el aumento de peso. En términos simples, las químicas que producimos durante los momentos de estrés pueden determinar lo que comemos y cómo almacenamos la grasa en nuestros cuerpos.
   

A pesar de las aseveraciones de algunos anuncios en la tele a altas horas de la noche, este nuevo descubrimiento no ha llevado a ningún tratamiento mágico para la pérdida de peso; no se puede adelgazar simplemente tomando una pastilla que supuestamente bloquea las hormonas del estrés.
 

Sin embargo, la investigación reciente sí ayuda a señalar lo que muchos psicólogos y especialistas de pérdida de peso han destacado durante años. El manejo del estrés es un primer paso crucial hacia la delgadez.
 
La conexión cortisol

Cuando nosotros nos sentimos estresados, nuestros cuerpos acuden a la guerra química. Las fechas de entrega, los embotellamientos del tráfico o las riñas pueden encender una alarma en el cerebro que provoca la liberación de hormonas de estrés. Por lo tanto, un elemento clave en nuestra defensa, la glándula adrenal empieza a soltar cantidades enormes de la hormona cortisol, una química que ayuda a preparar en el sistema la respuesta de pelear o huir.

 

Se hace referencia a menudo al cortisol tanto en las revistas médicas como en la prensa, y por buenas razones. Una razón es que parece que el cortisol juega un papel mayor en varios problemas de salud relacionados con el estrés, incluyendo las enfermedades cardiacas y los sistemas inmunológicos debilitados.

 

También ayuda a controlar el incremento de la grasa, un proceso de mucho interés para muchos. En los momentos de estrés, el cortisol puede recoger grasa de la sangre, entre otros sitios de almacenamiento en el cuerpo, y trasladarla al vientre. El cortisol también puede incrementar el tamaño de las células de grasa individuales. Para algunos, el tamaño de la cintura puede ser una señal evidente del estrés. Una investigación publicada en la revista Psychosomatic Medicine en el año 2000 encontró que las mujeres cuya obesidad se ubica mayormente en el abdomen solían producir cantidades especialmente grandes de cortisol cuando se enfrentan a una tarea difícil.

 

El cortisol no es la única hormona que se libera durante el estrés, y está lejos de ser la única hormona que controla el apetito. Por estas razones, dice Gluck, es demasiado fácil pensar que el cortisol por sí solo causa el aumento de peso. Así, dice ella, no es realista pensar que los suplementos que bloquean la producción de cortisol podrían ayudar en la pérdida de peso – y eso depende de si uno supone que tales productos pueden de hecho reducir los niveles de cortisol. “Estoy segura de que no funcionan”, dice ella.

 

PostresA pesar de eso, no cabe duda que el cortisol afecta lo que elegimos comer. Las investigaciones tanto en los animales como en los seres humanos señalan que la hormona puede estimular el apetito por las comidas de alta energía cargadas de grasa, azúcar, o ambas. Como divulga un número del 2003 de los Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias, las ratas a las que se extirpa sus glándulas suprarrenales pierden de pronto todo interés en las bebidas azucaradas; sin embargo, comerán su comida de rata. (Lo interesante es que tampoco quieren correr en sus ruedas.) Cuando son inyectadas con la ración equivalente de cortisol, desarrollan de repente el interés por cosas como la grasa y el azúcar –y dejan al lado su comida común y corriente.

 

La misma investigación también encontró que los dulces y las grasas pueden silenciar la alarma de estrés en el cerebro de una rata. La inundación de hormonas del estrés se amengua, y la rata parece de repente menos molesta. Si pudiera hablar, la rata probablemente diría que se siente calmada – la misma sensación que los humanos muchas veces encuentran al fondo de un cartón de helado.

 

Gluck señala que muchas veces es difícil de traducir lo que se encuentra en el mundo de los animales a los humanos. “Claro, en los humanos, hay tantas cosas que ocurren”, dice ella. Sin embargo, unas investigaciones nuevas señalan que el cortisol también puede alentar a la gente a comer demasiado. Por ejemplo, una investigación editada en la revista Psychoneuroendocrinology en el 2001 divulgó que las mujeres que producían cantidades grandes de cortisol durante situaciones estresantes también consumían más calorías después.

 
"Episodios de glotonería" causados por el estrés

En 2004, Gluck y sus colegas editaron otra investigación intrigante que señala que existe un vínculo entre el cortisol y los hábitos alimenticios de los seres humanos. Como divulgado en los Anales de la Academia de Ciencias de Nueva York, los sujetos que eran propensos a los atracones solían tener niveles más altos de cortisol tanto cuando se despertaban como después de cumplir una tarea físicamente estresante.

 

Pastel de ChocolateGluck cree que el estrés puede ser sobre todo peligroso—y algo que engorda—para cualquiera con el trastorno de glotonería, una condición que causa a la gente a entusiasmarse con la comida hasta perder el control. Como Gluck y sus colegas anotaron en los Anales de la Academia de Ciencias de Nueva York, alrededor de un 30 por ciento de personas que buscan el tratamiento médico para la pérdida de peso padecen este trastorno. Los investigadores señalan al estrés como una provocación clave del arranque del trastorno. Sin embargo, los atracadores no son los únicos que comen en exceso cuando los tiempos se ponen duros. "Por cierto, existen personas que no son atracadores que comen demasiado cuando tienen estrés y ganan peso," dice Gluck. En cuanto los atracadores sienten que pierden control de la comida, pueden tomar una decisión “consciente” de que quieren ese pastel extra o trozo de pizza, tal vez porque tienen la idea que un estómago lleno les ayudará a pensar en cosas que no son problemáticas.

 
Controlar el estrés y adelgazar

Sea cual sea la actitud básica de una persona hacia el comer, el estrés subyacente puede anular cualquier esfuerzo por perder peso. En las palabras de un reporte de la Asociación Psicológica Americana, “La pérdida de peso nunca tiene éxito si uno se siente agobiado por el estrés, entre otros sentimientos negativos”.

 

Si Ud. enfrenta las batallas dobles en contra del estrés y el peso, calmar su mente debe ser su primera prioridad, dice Gluck. "Enfrentarse al estrés sería más eficaz que ponerse a dieta," dice ella.

 

Laurel Mellin, una psicóloga clínica en la Facultad de Medicina de la Universidad de California de San Francisco, ha diseñado un programa de pérdida de peso que enfrenta esta cuestión. Para combatir el deseo incontrolable de comer, dice ella, la gente debe encontrar herramientas para cuidarse y establecer límites. Entre otras cosas, ella recomienda simplemente hacerse dos preguntas básicas al menos cinco veces al día: “¿Cómo me siento? ¿Qué necesito?” Aparte de aprender a detectar y lidiar con los sentimientos y necesidades muchas veces hundidas, ella sugiere de 30 a 90 minutos de ejercicio al día para aliviar el estrés.

 

Claro, no existe un remedio apto para todos que alivie el estrés. Algunos encuentran alivio en la actividad física, ejercicios para relajarse, el yoga o la meditación. Otros necesitan consultar con un psicólogo que les pueda ayudar a ajustar su perspectiva sobre la vida y sobre la comida. Luego están los que van a tener que hacer cambios en su estilo de vida, tal vez incluyendo más caminatas y menos noches tarde en la oficina.

 

La Asociación Psicológica Americana ofrece más información para la gente que está tratando de perder peso:

 

• Piense en lo que come y por qué lo está comiendo. ¿Tiende a comer en exceso cuando se siente turbado o triste? Si es así, recuerde que hay otras maneras más sanas de sobrellevar el estrés.

• Evite cambios drásticos en su dieta o su nivel de actividad. El intento de cambiar todo en su vida de un día para otro sólo aumenta el estrés. Más vale hacer los cambios paulatinamente. Por ejemplo, puede reducir las porciones de comida que se sirve en vez de cambiar totalmente de comidas.

• Busque el apoyo por parte de la familia y los amigos. Inste a toda la familia a elegir comidas sanas y busque un compañero de ejercicios. Como ventaja adicional encontrará que el apoyo social constituye una excelente barrera contra el estrés.
 

El helado y las papas fritas pueden hacer que una persona se sienta mejor, pero la sensación no es duradera. A fin de cuentas, mantener la buena salud constituye la victoria definitiva contra el estrés.