Las vacaciones son fundamentales para recuperarnos del trasiego anual, son una forma de tomarse un respiro, de disfrutar y de desconectar de las obligaciones laborales.
Sin embargo, para algunas personas, las vacaciones suponen “el despertador de todos los conflictos” personales e interpersonales convirtiéndose en una fuente de ansiedad y estrés.




De la misma manera el cambio del ritmo de vida vacacional a las exigencias de la vida laboral, suelen tener unas repercusiones en nuestro organismo, el cual necesita un tiempo para adaptarse a las exigencias de la rutina.

El estrés es una respuesta de nuestro organismo que aparece ante la percepción de que las demandas del medio sobrepasan nuestra capacidad para afrontarlas. Cualquier cambio en nuestra vida, nos puede generar estrés. En función de cómo valoremos las consecuencias de dicha situación o cambio, es estrés puede ser positivo (eutrés) o negativo (distrés).

El estrés es una respuesta automática e involuntaria que implica un importante aumento de los niveles de activación fisiológica y psicológica pudiendo desencadenar paralelamente una reacción de ansiedad.

Si las respuestas de estrés negativo se repiten con excesiva frecuencia, intensidad o duración, pueden producir un desgaste importante y facilitar el agotamiento de los recursos personales (físicos y psicológicos), desencadenando en problemáticas:
 

PSICOLÓGICAS:
Problemas de relación familiar y social, insomnio, irritabilidad, dificultad en la concentración, atención y memoria, cambio del estado de ánimo, sensación de insatisfacción, etc.

FÍSICAS:
Úlceras, mareos, dolores de cabeza, tensión muscular, cansancio, dolores abdominales, problemas dermatológicos, problemas sexuales, problemas endocrinos, etc.

CONDUCTUALES:
Evitar situaciones temidas, hacer rituales, tics, llorar, tartamudear, fumar, beber o comer en exceso, tomar ansiolíticos por sistema, etc.

“Las vacaciones son como el amor; las esperas con ansia,  las vives con contradicciones y las recuerdas con melancolía” (Anónimo)



FACTORES QUE PUEDEN FAVORECER EL ESTRÉS VACACIONAL

Existen factores muy diversos que pueden provocar que el periodo vacacional se viva con estrés y emociones negativas como ansiedad, frustración, culpabilidad..

El pasar más tiempo con la pareja, la familia o los hijos puede implicar que no tengamos apenas espacio personal de reflexión y de relax o bien que nos sintamos incómodos ante una situación poco “cultivada”.
Nos podemos sentir ansiosos ante la necesidad de distanciarnos del trabajo, porque ello nos genera inseguridad o bien podemos tener la dificultad de “desconectar”.
El marcarse expectativas poco realistas para las vacaciones puede provocar sentimientos de frustración o culpabilidad después
Por ello es importante entender las vacaciones como el periodo que todos anhelamos para descansar, para poder descubrir nuevas experiencias o perspectivas, para poder disfrutar de la sensación de relajación, de placer y como no, para disfrutar al máximo de los nuestros más allá de los conflictos.


ALGUNOS CONSEJOS PARA PREVENIR EL ESTRÉS DURANTE Y TRAS LAS VACACIONES:

- Plantearse expectativas realistas sin olvidar que la función principal es descansar y disfrutar.

- Escoger destinos que sean coherentes con nuestras expectativas.

- Planificar las vacaciones con antelación disfrutando plenamente de la elección del lugar de destino para poder aprovechar al máximo nuestro tiempo de ocio.

- Fomentar espacios personales que favorezcan la relajación (leer, contemplar, reflexionar, practicas algún hobbie).

- Descansar y desconectar del trabajo, tratando de generar actividades creativas que absorban nuestra atención.

- Ser tolerante con las opiniones y los deseos de los demás, tratando de llegar a acuerdos que concilien las expectativas de los miembros de la familia.

- Dejar algunos días sin programar dando pie a la improvisación.

- Incrementar el tiempo para jugar con nuestros hijos, tratando de implicarse en la creatividad de los juegos.

- Fomentar la relación con nuestra pareja (generar contextos favorables, que estimulen el bienestar y la comunicación).

-  Mantener una actitud flexible ante los posibles imprevistos que se producen a lo largo de los días de descanso. Pueden ser oportunidades para descubrir nuevas experiencias.