Los problemas de relación surgen debido a que la mayoría vive a la defensiva, gastando gran parte de su vida reaccionando en forma inadecuada, enganchándose en discusiones estériles, dando explicaciones, justificándose o intentando demostrar que tiene razón.

Muchas de las cosas que nos dicen o que nos hacen no necesariamente son personales ni tienen la intención de herirnos ni ofendernos; por el contrario, a veces puede ser una manera de ayudarnos.

Por ejemplo, si alguien nos dice que estamos más gordos, que lucimos desmejorados, que tenemos mal humor o que somos impacientes o intolerantes, no solamente puede ser con el ánimo de enfurecernos; pero aunque así fuera contamos con suficientes recursos como para no reaccionar y terminar peleando.

Las familias suelen discutir casi siempre por las mismas cosas, porque se suele juzgar malicioso cualquier comentario cuando remueve viejas heridas narcisistas recientes o del pasado.


Salir de ese círculo vicioso puede ser difícil si no se tiene interés en mejorar los vínculos y en cambio prefieren seguir recreando las mismas experiencias.

Sin embargo, es posible liberarse de antiguos rencores, resentimientos y culpas y vivir una vida más placentera aprendiendo a relacionarse en forma más adecuada.

El desagradable desenlace de una discusión casi siempre lo provocan circunstancias que los protagonistas apenas recuerdan; por lo tanto, suelen ser motivos de poco peso.

De tanto acumular, la gente reacciona violentamente ante cualquier pequeño estímulo que le desagrada sin evaluar adecuadamente si la ofensa merece esa respuesta o si se trata de cosas no suficientemente elaboradas en el pasado que tienden a exteriorizarse frente a una situación parecida.

Ninguna persona tiene el poder de cambiar nuestro estado de ánimo, somos nosotros los que decidimos cómo queremos estar y cómo responder a los estímulos.

De nada sirve reaccionar ni involucrarse en un altercado, siempre lo mejor será no sentirse ofendido e intentar ser objetivo rescatando lo que puede ser verdadero que nos puede ayudar.

Transformar las críticas en algo constructivo sin sentirse agraviado, es saber manejarse con altura y no cometer la imprudencia de no aceptar lo posiblemente razonable que pueden decirnos los otros, lo cual no servirá para cambiar nuestra decisión pero sí para aclarar nuestra percepción.

Al no haber reacción, la agresión se inhibe, puede dialogarse amistosamente y mantener la armonía del vínculo.[/i]

El nivel de autoestima no se relaciona tanto con cómo nos tratan los demás sino con cómo nos sentimos con nosotros mismos.

Para sentirse bien y valorarse, desarrollarse plenamente tanto material como espiritualmente, crecer como persona y aprovechar todas nuestras posibilidades, no hay que esperar que los demás nos guíen o nos incentiven, hay que aprender a invertir en uno mismo.

El desarrollo personal implica un mayor autoconocimiento, un mejor control de los impulsos y un mayor manejo del estrés, incluyendo cambio de hábitos y de relaciones.

Para lograrlo, a veces es necesario un apoyo terapéutico o tomar clases de yoga o aprender a meditar para no depender de los demás y conocerse más a sí mismo; o sea tratar de tomar las riendas de la propia vida sin excusas, con entusiasmo y responsabilidad, escuchando solamente la voz interior y sin dejarse influenciar por la opinión ajena.

Cualquier cambio o iniciativa siempre movilizará al grupo familiar que seguramente opondrá resistencia, por lo que todo lo que se emprenda exigirá enfrentar esa oposición y tener la suficiente constancia para hacerlo.

La cuestión es tomar la decisión, organizarse y ser capaz de mantener el rumbo con el objetivo siempre presente.

Pregúntese cuánto tiempo y dinero ha invertido en usted mismo para su desarrollo y crecimiento personal en los últimos años. Se sorprenderá al darse cuenta que ha malgastado muchas horas de su vida explicando, justificando, discutiendo y tratando de convencer a otros de sus planes.

No necesitamos que los demás nos aprueben para hacer lo que queremos, porque sólo basta con nuestra propia convicción y nuestra constancia en lograr nuestras metas.

Esta es la actitud de los que hacen de su vida un éxito, creen firmemente en ellos mismos.[/b]

Fuente: “ Introducción a la PNL”, Joseph O´Connor, John Seymour.