A partir del siglo pasado, las artes tradicionales orientales se extendieron en Occidente, aportando conocimientos de esa cultura milenaria, que ya desde ese entonces tenía amplia comprensión de los problemas de comportamiento y de las relaciones familiares.

Un sabio resumen de todos estos saberes constituye el método Reiki, creado por Usui Sensei, en 1910, en Tokio, Japón.

Este sistema utiliza el poder de las manos para recuperar el estado de equilibrio del cuerpo, la mente y del espíritu.


Es un arte de sanación porque antes de la enfermedad se ha perdido la paz interior, el bienestar y la libertad personal para realizarse como persona única.

Reiki neutraliza las energías negativas que no permiten tener una vida feliz ni disfrutar del momento presente y produce una transformación personal y familiar; porque cuando el miembro de un grupo cambia y se mejora, el resto de los integrantes empeora.

Como pasa también en las psicoterapias, cuando el paciente hace algún progreso puede abandonar el tratamiento debido a los cambios que se producen en su entorno; porque el enfermo es el emergente de una familia con una relación familiar patológica, que con su enfermedad mantiene el equilibrio.

Un precario equilibrio que tiene el alto costo que significa una enfermedad, pero que para muchas personas es mejor que enfrentar situaciones familiares difíciles.

La vida emocional muchas veces no permite razonar y muchos prefieren caer enfermos antes de sufrir desprendimientos que a veces son necesarios para crecer o cambios radicales en su vida.

El Reiki produce armonía en el cuerpo, la mente y el espíritu, transforma la energía negativa y los malos pensamientos y sentimientos y permite la conexión con el propio centro interior.

El individuo puede ampliar su conciencia, darse cuenta de qué es lo mejor para él y tomar las riendas de su vida para desarrollar su potencial y elevarse de todos sus condicionamientos.

Recuperar la paz interior es también tener la posibilidad de volver a estar sano para seguir el propio camino abierto a todas las posibilidades.

La patología ya no tiene razón de ser cuando una persona comienza a vislumbrar el sentido de su vida.


No somos solamente un cuerpo funcionando en un mundo caótico, somos seres espirituales encarnados en un cuerpo en una dimensión espacio tiempo.

Estamos en este mundo para ser felices, pero si nos apegamos demasiado a las cosas y a los afectos, no nos queda libertad para decidir libremente ni para elegir nuestro destino.

Aferrarse a lo conocido es tener miedo a las posibilidades infinitas de lo desconocido.

Nadie nace en el seno de una familia perfecta, sin embargo, desde ese condicionamiento que todos tienen, el hombre tiene la capacidad para elevarse, trascenderlo y atreverse a ser él mismo.

No tenemos excusas, porque somos los únicos responsables de nuestro destino.

El Reiki es una posibilidad más de recuperar la paz interior, mediante el poder que todos tenemos de transformar la energía, que está en nuestras propias manos, para disfrutar de la ilimitada generosidad del cosmos.

Esta transformación interior no exige cambiar nada del entorno, porque el que se modifica es uno, y cuando uno cambia, sin hacer nada, cambia todo.


Fuente: “Día a día con Reiki”, Claudio Márquez, Uriel Satori Editores, 2011.