Curarse uno mismo asumiendo una nueva actitud en la vida es posible, y tener una excelente calidad de vida aún siendo anciano también.

La autocuración implica saber más de uno mismo, conocerse mejor, tener mayor conciencia de nuestras reacciones frente a los otros y ante las circunstancias y reconocer nuestro carácter y nuestro estilo de vida, porque las enfermedades expresan emociones reprimidas o ignoradas y palabras no dichas y pueden ser consecuencia de ciertos estilos de vida y de hábitos dañinos.


No siempre el envejecimiento prematuro y los achaques de la vejez se relacionan con causas físicas, a veces, el trastorno emocional provocado por una quimioterapia es más devastador que las propias drogas; y la pérdida de un ser querido más perjudicial para la salud que la predisposición de factores genéticos.

Las emociones producen trastornos fisiológicos y orgánicos a nivel celular que favorecen la entropía, o sea la tendencia a la destrucción y a la muerte celular, ocasionando daños irreversibles y permanentes.

Estar sano y mantenerse más tiempo joven, equivale a lograr el equilibrio entre creación y destrucción; y la inteligencia del cuerpo se ocupa de este equilibrio cuando éste funciona sin grandes tropiezos.


Una forma de mantener este equilibrio celular es darle algo que hacer al cuerpo, ya que se sabe que todo lo que no se usa se atrofia y favorece el envejecimiento.

El mayor riesgo de depresión, enfermedad, envejecimiento y muerte prematura lo tienen las personas sedentarias.

Está comprobado que aún los ancianos, tanto varones como mujeres, incluso centenarios, incrementan su fuerza, resistencia y masa muscular, en la misma forma que las personas más jóvenes de cualquier edad.[/i]

El incremento de la actividad física puede revertir los efectos previos de la entropía; y más aún si se combinan con una dieta alimenticia saludable y equilibrada.

El libro “Biomarkers” (biomarcadores), escrito por los científicos Williams Evans y Brian Rosenberg, señalan diez indicadores de la edad que actualmente se consideran reversibles:

1) Masa muscular delgada
2) Fuerza
3) Tasa de metabolismo basal
4) Grasa corporal
5) Capacidad aeróbica
6) Presión sanguínea
7) Tolerancia al azúcar sanguíneo
Proporción Colesterol/HDL
9) Densidad ósea
10) Regulación de la temperatura corporal


Estos marcadores se desequilibran con la edad y los más importantes de ellos son la masa muscular y la fuerza; porque el cuerpo tiende a duplicar su grasa y a perder la masa muscular, y los músculos tienen mucha influencia en la vitalidad del cuerpo.

Evans y Rosenberg afirman que si se adquieren músculos en edad avanzada los ancianos pueden rejuvenecer en forma notable todo el funcionamiento de sus órganos, mejorar la presión arterial, la tolerancia al azúcar sanguíneo, la declinación metabólica y la capacidad del cuerpo de regular su temperatura, además de hacer que se sientan más jóvenes y con mejor estado anímico.

Apenas veinte minutos de caminata, tres veces por semana, mejora los niveles de colesterol en sangre, aunque lo mejor es que la actividad física sea indicada individualmente según la edad y el estado físico.

Sin embargo, a pesar de estos beneficios sólo un veinte por ciento de los ancianos, en los Estados Unidos, se mantiene activo.


Fuente: “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”, Deepak Chopra, Vergara, 1994