Las imágenes por medio de resonancia magnética y las distintas formas de tomografías, son las que se utilizan para entender y estudiar el estado total del cerebro y su funcionamiento.

Estas imágenes parecen representar algo real, pero hay que utilizarlas con precaución porque se obtienen mediante los cálculos estadísticos que realiza un ordenador.

Además de sufrir alucinaciones por efecto del ácido lisérgico o LSD, las personas pueden ver figuras geométricas, colores brillantes, sueños extraños y creer que ven u oyen a Dios; sensaciones que sugieren además un abordaje metafísico.



Para poder incursionar en este ámbito, privativo hasta ahora de la filosofía y la teología, los neurólogos han creado la neuro-teología, con el objetivo de derribar ese tabú y estudiar los fenómenos que se relacionan con la fe en un laboratorio y tratar de demostrar científicamente la existencia de una zona cerebral donde se procesa la idea de Dios.

En los años sesenta ya había sido comprobado que el LSD producía experiencias trascendentes, pero que también ocasionaba trastornos psicóticos.

Walter Pahnke, médico y teólogo norteamericano dedicado a estos estudios, utilizando voluntarios, realizó en Boston una experiencia experimental mística el Viernes Santo de 1962, en la que participaron alrededor de veinte estudiantes.


Al 50% de ellos se les administró treinta miligramos de psilocibina (principio activo de los hongos alucinógenos) y la otra mitad recibió un placebo.

El experimento se realizó en el sótano de una capilla desde donde escucharon por un altavoz la transmisión de la misa.

La mayoría de los voluntarios que recibió la droga vivió experiencias místicas.

En esa misma experiencia participó también el destacado teólogo, filósofo de la religión y académico universitario honorario, Huston Smith, quien refirió que al escuchar la voz de la soprano entonando un cántico sacro, cayó en un estado de trance que los hinduistas describen como experiencia Bhakti, de un amor infinito a un Dios encarnado.

Sin embargo, también hubo reacciones negativas, porque uno de los participantes sufrió después de la experiencia, un brote psicótico grave, a tal punto que se vieron obligados a aplicarle un neuroléptico (droga antipsicótica).

Roland Griffiths, psicólogo norteamericano dedicado a la investigación de las alucinaciones, repitió este experimento no hace mucho tiempo, pero esta vez en un laboratorio y no en una iglesia, también un Viernes Santo.

Dos tercios de los voluntarios que participaron tuvieron experiencias místicas que consideraron en general el acontecimiento más significativo de sus vidas.

La cuestión es como calificar estos fenómenos, si definirlas como experiencias místicas o como brotes psicóticos.

Este interrogante aún no ha sido aclarado y la incógnita permanece abierta hasta poder encontrar una respuesta.

Lo que si no se puede saber es cuál será la reacción, si bien se vivirá efectivamente una expansión de la conciencia y se tendrá la oportunidad de experimentar una experiencia sublime o apreciar la belleza del mundo, o si por el contrario se sentirá la angustia de la muerte inminente o la sensación del derrumbe psíquico con el riesgo de perder la razón.

Cualquiera de estos estados es posible, porque tanto las alucinaciones como las experiencias místicas se acercan peligrosamente a las sensaciones que se sufren en los brotes psicóticos.


Por esta precisa razón los alucinógenos son utilizados como modelos de las psicosis, además de ser útiles para el estudio de la conciencia y de los fenómenos místicos, ya que la actividad que se registra en el cerebro durante los brotes psicóticos se asemejan, aunque parcialmente, a la que provocan esas drogas.

Estos procedimientos han sido motivo de discusiones durante muchos años. Para algunos el LSD es la droga más peligrosa que existe porque puede destruir la moral de los jóvenes y llevarlos a la locura; mientras que para otros puede ser una forma de favorecer la creatividad y lograr paz interior.

Actualmente, estos experimentos se están volviendo a retomar en algunas universidades, después de haber sido prohibidos durante muchos años por las autoridades encargadas de la salud pública, por sus inciertos resultados y por los abusos.


Fuente: “Sustancias Alucinógenas” de Felix Hasler, Revista “Investigación y Ciencia, Mente y Cerebro”, Ediciones Prensa Científica, Barcelona, España, julio/agosto 2009