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Amor, pareja y sexualidad

Compañía, amor y temas sexuales

La Iniciativa Sexual en la Pareja

Muchas veces en una pareja el hombre se pregunta por qué su mujer no lo busca para hacer el amor, si es normal o anormal, si se trata de falta de interés en él, si ya no le atrae físicamente o si ya definitivamente no lo ama.

El hombre y la mujer no se comportan de igual forma durante el acto sexual. Tienen constituciones anatómicas distintas, han sido educados según su sexo, están condicionados por experiencias anteriores y viven la sexualidad de manera diferente.

Por otro lado, para unos el sexo puede tener prioridad y para otros puede tener una importancia secundaria.



Tener relaciones sexuales frecuentes hoy en día se hace difícil. Las actividades diarias tienen un ritmo frenético y hacen que muchas personas lleguen a la noche tan agotadas que lo único que anhelan cuando van a la cama es dormir; y solo los fines de semana son los días que aprovechan las parejas para estar juntos y poder disfrutar de la intimidad.

Casi todos los animales tienen rituales de apareamiento instintivos que se ponen en marcha cuando la hembra está en celo, que es cuando el macho recibe sus señales específicas que sirven para atraerlo.

Esta actitud no implica que la hembra busque al macho para copular, sino que representa el estímulo necesario que le advierte al macho, que la hembra está preparada para el acto de apareamiento.

Creo que los humanos en algunos aspectos, no somos tan diferentes a ellos porque es generalmente el hombre el que toma la iniciativa en el acto sexual y la mujer la que lo seduce.

La seducción es el verdadero rol femenino que forma parte del acto amoroso y le indica al hombre la intención de la mujer de vincularse sexualmente.

De manera que una mujer no necesita adoptar actitudes varoniles y abiertamente tomar la iniciativa actuando como parte activa, sino que su conducta específica y natural consiste en preparar el terreno mediante la seducción para atraer a su pareja.

Porque no todos los hombres responden de la misma forma frente a una mujer que toma la iniciativa como un varón, ya que a algunos, esta conducta los puede inhibir, dificultándoles la erección y llevarlos a fracasar en el acto sexual o tener una eyaculación precoz.

Es frecuente ver en las películas escenas sexuales violentas en que ambos integrantes de la pareja se arrancan la ropa mutuamente como salvajes, mostrando a una mujer agresiva y desesperada por ser penetrada por el varón.

Nada tan alejado de la realidad como esa escena suele suceder en una alcoba, cuando dos personas que se aman se encuentran para tener sexo.

Esas escenas son pura ficción, posturas teatrales que tal vez alguna mujer se atreva a intentar alguna vez en la realidad, sin demasiada convicción ni ganas.

Porque la violencia en la relación sexual y el apremio por la penetración es una conducta habitual masculina y no femenina, ya que las mujeres en general necesitan romance, caricias y mucha paciencia por parte del hombre para disfrutar del sexo.

La falta de deseo en el hombre puede tener causas orgánicas y también psicológicas de distinta índole, como por ejemplo, el estrés laboral, que puede producir preocupación y una consecuente disfunción sexual.

No obstante, una vida sexual saludable y gratificante exige liberarse de las inhibiciones, mantener una buena comunicación, ser honesto con la pareja y hablar de las propias necesidades y expectativas con respecto al sexo.

Todo lo que no nos hace felices hay que hablarlo en pareja, no precisamente en la cama sino en un lugar neutral que no sea de ninguno de los dos, como por ejemplo en un café o una plaza.

Es importante no echarse la culpa de los problemas haciendo diagnósticos improbables, porque nadie es culpable. La relación de pareja es un proceso que tendrá que atravesar por numerosas crisis en que los dos estarán involucrados y buscar un culpable no es la mejor manera de solucionar los problemas.

Cada uno es como es, con sus defectos y virtudes, y la sexualidad exige un aprendizaje y un ajuste permanente, que demandará limar asperezas, encontrar coincidencias y comprenderse mutuamente, manteniendo una comunicación fluida siempre, sin guardarse nada y sin tratar de resolver las dificultades por separado.
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La Convivencia en Pareja

Sabemos que no es fácil convivir con alguien, cualquiera sea la relación que nos una, con mayor razón la convivencia en pareja puede resultar aún más compleja.

Cada día en mayor proporción, las parejas jóvenes se separan, incluso no contraen matrimonio porque saben lo difícil que es convivir y temen perder con ese compromiso para toda la vida, el amoroso vínculo que los une.

¿Por qué se puede deteriorar la relación con la convivencia? ¿Quién es responsable si es que los hay?, ¿o se trata simplemente de la actitud cómoda, individualista y hedonista, propia de esta época; de inconstancia, o de discapacidad para enfrentar el compromiso afectivo con profundidad?



Como todo lo demás en este mundo, las relaciones de pareja también se han tornado inestables, superficiales, breves, sólo para satisfacer necesidades inmediatas que no resisten el paso del tiempo.

Sin embargo, permanecer unidos mucho tiempo y establecer vínculos verdaderos con una pareja, todavía es posible.

Vivir en pareja es una elección de vida, una decisión que implica considerar al otro como familia.

Se puede aprender a lograr una pareja bien avenida y lo primero y principal es aceptar al otro tal cual es y no tratar de cambiarlo.

Los problemas más difíciles se deben principalmente a la falta de comunicación, porque la mayoría de las cosas se resuelven hablando normalmente, sin gritarse ni insultarse, manteniendo la calma y la firmeza de las propias convicciones.

A veces el otro tiene que adivinar cuál fue la ofensa que desencadenó el conflicto porque supuestamente las expectativas sobre su conducta eran según la imagen mental elaborada por el ofendido.

Cada persona tiene una forma diferente de expresar el afecto, que su pareja debe identificar; porque no todos lo demuestran con besos y caricias o palabras bonitas.

Evitar los conflictos es imposible, pero si se puede aprender a aceptar que se puede vivir y ser feliz teniendo diferencias, porque permanecer en el conflicto y no buscar soluciones lleva a sembrar dudas sobre el amor.

Muchas veces, si se logra tomar distancia de las emociones involucradas, y se puede pensar racionalmente abandonando los gestos de enfado y buscando el diálogo; se puede pasar a otro nivel en la vida de pareja que permitirá alejar temores y mejorar la comunicación.

En toda relación es importante estar plenamente consciente de nuestros estados de ánimo cotidianos con respecto a la pareja, ya que no es lo mismo sentir temor a ser abandonado que recordar antiguas experiencias de rupturas traumáticas, o tener baja la autoestima y despreciarse.

Las personas necesitan tener espacio propio cuando están en pareja y no es posible pretender tener siempre el mismo programa para los dos.

La dependencia emocional hace que una persona sea absorbente. Cada uno tiene que tener sus propios intereses por separado además de los comunes, y el tiempo libre necesario para desarrollarlos.

Mientras tanto, el otro hará lo suyo, o sea podrá dedicarse a algo que le guste y aceptar hacerlo sin compañía.

Lo mejor es hablar y saber escuchar y evitar adivinar lo que el otro está pensando o está queriendo decir entre líneas, con una mirada, un gesto o una conducta.

Es imposible saber lo que el otro piensa si no lo dice, pero lo que es seguro es que nunca pensará lo mismo.

Por lo tanto, es más saludable prestar atención a las palabras y no a los gestos, ya que éstos pueden ser ambiguos y pueden tener distintas interpretaciones.

Demostrar las emociones con expresiones visibles de cariño en todo ámbito y no sólo en la intimidad es importante, pero no todos pueden hacerlo.

El tiempo es una parte del amor, se necesita tiempo para conocer a alguien y tiempo para llegar a quererlo, y este proceso no se puede acelerar.

No se puede tener una relación en un día ni tampoco al día siguiente, porque para saber cómo es alguien es necesario tratarlo, tener la oportunidad de conocer sus valores, su forma de pensar, una idea de cuáles son sus proyectos y la capacidad que tiene de mantener un compromiso.
La pareja ideal no existe, pero se aproxima aquella que estimula al otro a ser quien realmente es.
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El Amor como Proyecto de Vida

Elsa Azurro, argentina, nacida en 1927, es maestra jardinera y se recibió de Licenciada en Psicología en 2007, a la edad de ochenta años.

Tras una larga trayectoria de servicios, actualmente se dedica como Psicóloga, a atender problemas de púberes, adolescentes, adultos y familias.

Elsa parece haber descubierto el secreto de la vida. Afirma que la lectura de la Biblia le abrió los ojos y moldeó su vida, cuando pudo interpretar a través de esa sabiduría milenaria que la fórmula de la juventud eterna es el camino del amor.

Para Elsa, el ser humano es un espíritu libre y esencialmente es amor.

Su vida de trabajo comenzó como docente religiosa, sirviendo en Italia y en provincias del Sur de Argentina; hasta que abandonó la vida religiosa convencida de que no necesitaba una institución para seguir sirviendo.



Trabajó en el Hogar Granja y el Jardín de Infantes Crecer, enseñando valores como el respeto por la libertad y por el propio espacio y la necesidad de ser responsable y autónomo; entendiendo que ser maduro es la capacidad de discernir y respetar las propias reglas.

Para Elsa hay que amar con inteligencia poniendo todo al servicio del amor. No importa quien tiene la razón, lo que importa es la comprensión.

La comprensión es la herramienta del amor, que es cuando nos damos cuenta que todos cometemos los mismos errores pero que también tenemos la capacidad de disculparnos; porque para ella, la palabra disculpar es la mejor que conoce.

Elsa atravesó en su vida personal momentos que otros podrían considerar difíciles; como tener que cuidar quince años a su esposo afectado del mal de Alzheimer y cuidar a su madre de cien años; sin embargo, para ella esas circunstancias no significaron cargas porque las vivió con amor.

Cuando se quedó sola tenía setenta años con la perspectiva, tal vez, de una larga vida por delante; entonces decidió cumplir un sueño que siempre había postergado: estudiar psicología para poder seguir sirviendo.

Se recibió de Licenciada en Psicología en 2007 y aún hoy continúa asombrándole la realidad, permaneciendo dispuesta y atenta a todo.

La suya es una búsqueda personal que le brinda paz interior y la impulsa a dar lo que tiene a los demás.

La sostiene su confianza en Dios, en los demás y en ella misma; y no deja de escuchar nunca a su voz interior.

A Elsa le agradan los que piensan diferente, más aún los llega a apreciar y a querer; y siempre ha respetado a todas las religiones.

Tiene esperanzas en el hombre y vive los problemas y conflictos de la actualidad como una tormenta que pasará algún día, porque siente que hay mucha gente que desea vivir en paz.

Cree que la educación se debe encaminar hacia la formación de un ser humano total, como una unidad psicofísica.

Este ejemplo de vida, puede iluminar otras vidas que han perdido la fe y la esperanza, no encuentran la forma de disfrutar de sus existencias, no logran insertarse en el mundo ni relacionarse afectivamente; y se empeñan en permanecer en las sombras, hundidas en un pozo depresivo que intenta arrastrar a todos a su alrededor.

Somos espíritus encarnados con la capacidad de trascender todos los condicionamientos. El espíritu es el que nos mantiene vivos y es el que abandona nuestro cuerpo cuando fallecemos.

El desafío es lograr desprenderse del Ego y aprender a vivir en la dimensión espiritual.
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La Sexualidad en Oriente y Occidente

La sexualidad humana, además de ser una función reproductiva, tiene un objetivo espiritual, la unión de dos personas que se encuentran en un diálogo íntimo, que les brinda la oportunidad de expresar las fantasías sexuales de cada uno.

En Occidente, los especialistas en sexualidad actuales opinan que el órgano sexual por excelencia es el cerebro, porque es el que rige desde el instinto más arcaico hasta la sensibilidad más exquisita.

De manera que, la forma en que un individuo se comporta sexualmente no depende tanto de sus órganos sexuales sino de factores como su historia personal, su personalidad, sus experiencias, sus creencias, su educación y otros.

Shere Conrad y Michael Milburn, psicólogos de la Universidad de Massachussets, de Boston, incorporan el concepto de “inteligencia sexual” en un libro con ese mismo título, para medir la capacidad erótica de una persona; ya que según esta perspectiva, la inteligencia sexual forma parte de la inteligencia emocional que menciona Daniel Goleman, y se puede detectar, medir e incluso aumentar.

Quiere decir que el sexo no depende tanto de las características físicas individuales de cada uno sino del desarrollo de las habilidades especiales adquiridas que son las que permiten relacionarse mejor sexualmente.

Según estos autores, este tipo de inteligencia sexual se puede aprender y todos tienen la misma capacidad para desarrollarla.



El sexo sin ningún conocimiento está destinado al fracaso para ambos integrantes de una pareja o para uno de ellos, generalmente para la mujer, la que no logrará en este caso, unirse sexualmente con placer sino por el contrario con dolor y frustración.

Una sexualidad plena exige además conocimientos e inteligencia y representa la solución de muchas parejas mal avenidas que han fracasado desde que se conocen y siguen agregando frustración a sus vidas con la resignación de quien no conoce otra cosa.

Es necesario que ambos conozcan su propio cuerpo y su particular sensibilidad, que es única e irrepetible y que está determinada por múltiples factores relacionados con la vida personal y la experiencia existencial.

La comunicación fluida y sin inhibiciones en una pareja es indispensable, quienes de esa manera podrán compartir sus dificultades y sus logros y aprender mutuamente uno del otro.

En Oriente, desde la antigüedad, el placer sexual es considerado sagrado y exige la unión de la mente y el cuerpo para lograr la armonía y la experiencia trascendente de unidad espiritual.

Para los Taoístas, la práctica del sexo exige vaciar la mente, porque no se trata de desarrollar técnicas para llegar al orgasmo, sino de frenar ese impulso la mayor cantidad de veces posible para que al alcanzarlo, se pueda conocer una experiencia única y sagrada.

Los Taoístas recomiendan preparar el escenario adecuado para la intimidad, utilizando velas, aromas, flores y música suave. La relajación total es necesaria y requiere disponer de tiempo y un baño de placer puede resultar muy reconfortante.

El estrés es un estado emocional que impide relajarse y que mantiene la cabeza llena de preocupaciones. Las relaciones sexuales en ese estado se reducen a ser simples descargas orgánicas sin ninguna emoción compartida, generalmente insatisfactoria para la mujer.

Las palabras en la intimidad de una pareja tienen el mismo efecto de una caricia y representan un elemento muy estimulante en el acto sexual, porque el amor necesita también ser expresado en palabras.

La sexualidad debe vivirse con los cinco sentidos y se transforma en un acto trascendente cuando existe compromiso espiritual y afectivo.

Oriente y Occidente son culturas opuestas que se complementan entre si; y a la hora de hacer el amor lo mejor es tomar lo mejor de ambas y experimentar una sexualidad de fusión, con la cabeza y con el corazón.

Fuente: “El Tao de la energía sexual”, de Emmanuelle Temis, Ed. Océano Ambar.
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Parejas Incompatibles

Ser incompatible significa pensar diferente, de modo que todos lo somos, porque hay tantas maneras de pensar como individuos en el mundo.

La relación de pareja clásica es por definición una oposición en si misma, porque es la unión de dos personas de sexos distintos.

Esta condición los une pero también los separa, porque cada sexo tiene sus propias características innatas y también culturales que atentan contra el logro de una vida en común, principalmente si alguno de los dos es dependiente.

Los hombres y las mujeres difieren físicamente, emocionalmente e intelectualmente. La mujer, además de otras cosas, por lo general es más pequeña y menuda, y es más emocional que intelectual, mientras que el hombre en este sentido, es más corpulento y piensa más racionalmente. De manera que un hombre y una mujer pueden tener por naturaleza, ópticas muy distintas sobre las situaciones y sobre las cosas.



Diríamos que la naturaleza trató de que ambos se complementaran armoniosamente siendo diferentes, pero que falló al creer que todos llegaríamos a ser adultos y maduros.

El problema es que las personas, cuando buscan pareja, se sienten atraídas por quienes se parecen a sus progenitores o por los que se oponen totalmente a ellos; porque es cierto que nos casamos con el padre o la madre con quien nos identificamos; que tuvimos o que hubiéramos querido tener.

Anhelamos recibir lo mismo que nos dieron o que no nos dieron y esperamos que esa misma necesidad la satisfaga la pareja.

No obstante, todo ser humano tiene la oportunidad de liberarse de los condicionamientos del pasado, lograr la independencia y relacionarse afectivamente con una pareja de una manera adulta y madura.

Porque cuando una relación de pareja se basa en la dependencia y la sumisión, es probable que el otro se sienta con el derecho de actuar como progenitor y tomar todas las decisiones, inclusive sin consultar.

En esas circunstancias es cuando se producen los roces y las peleas, porque no se trata de los hechos objetivos en si mismos sino de la transferencia de experiencias infantiles de rebeldía contra los padres en la persona que hoy es pareja.

Cuando los integrantes de la pareja se valoran, se respetan mutuamente sin necesidad de recurrir a planteos o discusiones, no es tan imposible vivir con alguien incompatible si ambos consideran que el otro tiene el derecho de pensar diferente.

Parejas incompatibles no quiere decir que no tengan absolutamente nada en común, porque además de satisfacer sus necesidades inconscientes, hubo otras razones para sentirse atraídos uno por el otro cuando se conocieron.

El carácter opuesto atrae porque complementa, porque son como nos gustaría ser pero no podemos.

Sin embargo y a pesar de todo, cuando una pareja se destaca por ser ambos muy diferentes, es una gran oportunidad que tienen los dos para crecer.

Para lograr ser independiente en una relación de pareja, es imperativo tener alta la autoestima, que no es algo que se pueda lograr solo con buena voluntad, porque se va adquiriendo con una nueva forma de actuar, atreviéndose a ser más independiente, teniendo más confianza en uno mismo, aceptando que uno se puede equivocar y que no importa, porque fue una decisión propia y se está dispuesto a asumir la responsabilidad.

Comenzar a quererse y respetarse más, mejora la relación de pareja, ayuda a comprender al otro que siempre va a ser diferente de algún modo, pero sin dejar de ser nosotros mismos, ni tener que resignar nuestros principios ni renunciar a nuestras propias metas.

Porque tenemos que aprender a premiarnos por lo que hacemos bien sin esperar la aprobación del otro, a estar orgullosos de nosotros mismos sin necesitar de apoyo, a alegrarnos con la alegría del otro aunque sus objetivos no se relacionen con los nuestros y llegar a ser dos personas que deciden vivir juntas para desarrollarse y crecer individualmente, siendo felices por los logros propios y ajenos.
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Mujeres que Aman a Hombres débiles

Estoy convencida que estamos en este mundo para ser felices y disfrutar de la vida; sin embargo hay mujeres que se enamoran de perdedores y se arriesgan a ser desdichadas por decisión propia, perdiendo la oportunidad de ser felices, porque creen que son capaces de cambiarlos.

Nadie cambia si no quiere cambiar y ninguno puede hacer nada ni ayudar para que lo haga; porque el cambio sólo es posible en uno mismo, y tampoco es fácil.

El objetivo que se proponen estas mujeres, al vincularse con un perdedor, que es aquel que es bueno para nada, que no hace ningún esfuerzo, que vive de los demás y que vegeta como una planta, sólo les reportará desdicha y frustración, porque se puede garantizar que nada de lo que hagan por él les dará resultado.



Somos el producto de todas nuestras decisiones, y en el amor también hay que elegir a alguien que lo merezca para continuar construyendo la vida sobre bases sólidas.

Intentar cuidar a alguien para salvarlo de si mismo es una tarea muy tentadora, porque toda mujer es una madre en potencia dispuesta a realizar sacrificios cuando tiene la oportunidad de encontrarse con un ser aparentemente indefenso. Pero un hombre adulto sano que puede parecer indefenso, puede llegar a causar mucho daño.

Los perdedores son personas de baja autoestima, que sólo apuestan al fracaso. Para ellos las cosas ya están todas hechas y no vale la pena intentar nada.

Por lo general, tienen un estilo de vida irregular, no tienen trabajo fijo, no asumen responsabilidades, pueden tener alguna adicción, al alcohol, al juego o a las drogas, también pocos escrúpulos y relacionarse con gente de dudosa reputación.

Un perdedor ni siquiera puede dedicarse a cometer delitos porque para eso tiene que usar su inteligencia, planificar atentados y elaborar buenas estrategias para no caer preso.

En definitiva, todo perdedor es un depresivo grave que se deja estar, que vive como un parásito y que trata de inspirar compasión para que lo ayuden.

Esa actitud de aparente vulnerabilidad enamora a las mujeres que no se valoran demasiado, porque ese amor les garantiza que ese hombre las va a necesitar, que por eso no las abandonará y que les dará una razón para vivir: la posibilidad de rehabilitarlo, de devolverle el deseo de vivir y las ganas de trabajar, quimera por por supuesto es imposible.

Estas mujeres se aferran a una ilusión que sólo les dará tristezas, malos ratos y que le asegurarán una vida de privaciones y fracasos.

Sin embargo, hay muchas mujeres dispuestas a vivir estas experiencias sin pensar en ellas mismas porque creen que peor es nada, cuando siempre nada, es mejor que tener a un perdedor como pareja.

Los perdedores pueden llegar a casarse y tener hijos, pero también es muy probable que sus matrimonios se derrumben al poco tiempo al primer cimbronazo, cuando la presión de las responsabilidades los acosen y no puedan con eso.

Seguramente abandonarán a su familia y desaparecerán para siempre, dejando un tendal de personas heridas y problemas sin resolver, y a su mujer y a sus hijos en la calle.

Claro que una mujer siempre es capaz de sobreponerse a todo eso cuando tiene hijos; y salir a flote de cualquier modo, hacer de padre y madre, trabajar, cuidar a su familia y darles todo, mientras su marido, el perdedor de oficio, recorre su camino sembrando su descontento, su desidia, sus ganas de no hacer nada, sepultando su culpa muy adentro que le servirá para alimentar su ego deprimido, porque seguirá siendo un narcisista que sólo piensa en su propio ombligo.

Las mujeres tienen que aprender a elegir lo mejor para ellas mismas y para sus futuras familias, porque se lo merecen, porque son únicas e irrepetibles en el Universo, como lo somos todos, con una misión en este mundo que hay que saber identificar conociéndose bien a uno mismo.

El masoquismo se relaciona con el sadismo, porque exige castigo por algo que se ha vivido en esta vida o quizás en otras vidas, que tal vez nunca se sepa, pero por más malo que haya sido, nunca se justifica.
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El Amor sin Compromiso

El amor sin compromiso es una posición social inventada con el propósito de no tener objetivos y para no resistir el paso del tiempo.

Toda relación humana, aún la aparentemente más efímera, implica un compromiso, aunque no existan papeles firmados, ni contratos, porque por el solo hecho de establecer un vínculo exige responder a ciertas expectativas.

Por otro lado, todos deseamos encontrar una pareja para siempre, aunque esto sea una quimera y no llegue a concretarse nunca.

En el ámbito comercial también exige compromiso personal, porque tanto el amor como el dinero tienen mucho en común a la hora de las definiciones y los hechos concretos; y si hablamos de afectos, más aún, porque involucra a los sentimientos, que son mucho más difíciles de mantener encubiertos.



Por eso, aunque una pareja no tenga el propósito de formalizar un compromiso formal, igualmente será una relación que no estará exenta de reglas y condiciones.

El hecho de no vivir juntos ni de no compartir todos los ámbitos de la vida, obligará a ambos a respetarse mutuamente sus respectivos espacios familiares y sus anteriores compromisos.

Aunque en una relación de pareja, tres son una multitud, no es condición suficiente para alcanzar una plena intimidad, porque al no poder compartir sus correspondientes relaciones con otros, cada uno tendrá que restarle tiempo e importancia a ese vínculo para poder responder a los requerimientos de sus respectivos grupos.

Porque si una nueva relación de pareja se atreve a monopolizar la atención, sin la intención de crear el consecuente compromiso, quedará descalificado de plano por los que los rodean aunque jamás lo hayan conocido.

En el caso de parejas con hijos de relaciones anteriores, será aún peor, se mantendrán al margen de toda cuestión e indiferentes a las situaciones personales y entonces será una relación casi virtual, solamente para ellos dos.

Cada festividad tradicional y evento familiar no podrán ser compartidos, porque es una relación sin identidad, que se caracteriza por las ausencias, la evitación y el desencuentro, y por el miedo a ser absorbido por la situación, sin haberlo querido.

Algunas parejas de este tipo tienen un teléfono celular exclusivo que les permite la ilusión de estar conectados, aunque sea por teléfono, como un modo de evitar inútilmente de caer en el tedio y la sensación de vacío.

El celular se transforma entonces en el instrumento mediático que intenta infructuosamente que la endeble conexión no se interrumpa y se mantenga pendiendo de un hilo.

Pero este estado de cosas tan frágiles y perecederas, con el tiempo se desgastan, las ausencias se acentúan, los llamados telefónicos no se contestan, los compromisos de ambos se multiplican y se hacen cada vez más difíciles los encuentros que se comienzan a convertir en obligaciones forzadas.

Ambos podrán valorar esa relación pero aquellos que los rodean no lo harán, porque para el grupo social de cada uno no existen.

Constituidas bajo estas condiciones las parejas se enfrían, no resisten el paso del tiempo y terminan separándose; porque en definitiva se trata de dos extraños que no se llegan a conocer, que intentan lo imposible, mantener una relación que no se sostiene por falta de historia, de significados y de presencias, convertidas en personas circunstanciales cuyo recuerdo borrará el olvido.

El símbolo de la pareja tradicional está en el inconsciente colectivo, es inútil tratar de ignorarlo pretendiendo un cambio de estructuras y el miedo al compromiso convierte a una persona en alguien aislado, sin la posibilidad de crear lazos afectivos genuinos.

Además es difícil llegar a conocer a alguien fuera de contexto, porque las relaciones son parte de uno mismo, forman nuestra historia y en gran medida define nuestra identidad y nuestro estilo.


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El Amor Sadomasoquista

La palabra sadomasoquismo ha sido utilizada en el estudio de la sexualidad para describir dos formas combinadas de perversiones, y fue aceptada por el psicoanálisis para señalar la conexión entre el conflicto interno de dominio y sumisión y la necesidad de la persona de auto castigo.

El término perversión para Freud no tiene el significado que usualmente se le da a esa palabra, sino que comprende toda conducta desviada del acto sexual normal, entendiendo por normal el coito propiamente dicho, o sea con la introducción del pene en la vagina.

Aunque los términos sadismo y masoquismo parecen indicar lo contrario, en realidad se complementan y tienen una función en las relaciones.

Freud dice que la inclinación a causar dolor o maltratar a la pareja es la más habitual y primordial de las perversiones.

Se trata del placer y la crueldad de provocar sufrimientos y a la vez de sufrir todo tipo de sometimiento y humillación.



El origen del sadismo, según Freud, se puede encontrar en el individuo normal, ya que la mayoría de los hombres se comporta usualmente de una forma agresiva y con la intención de dominar en el acto sexual.

Esta conducta puede tener una base biológica para superar la resistencia del objeto sexual. Freud denomina objeto a toda persona que provoca atracción sexual. El sadismo, por lo tanto, sería la forma exagerada de la conducta activa normal.

Con el masoquismo ocurre lo mismo, ya que se relaciona con el excesivo comportamiento pasivo de la conducta sexual normal.

Es habitual que el masoquismo sea un correlato del sadismo, orientado hacia si mismo.

El estudio clínico de casos límite de perversión sadomasoquista revela la existencia de una predisposición a la pasividad y una fijación relacionada con el complejo de castración y la conciencia de culpa.

El dolor que hay que vencer representa, la resistencia frente a la libido, mientras antes era el asco y la vergüenza.

Freud dice que la trayectoria de la humanidad nos muestra que la crueldad ha estado íntimamente relacionada con el instinto sexual, realidad que algunos autores explican como un residuo de los arcaicos placeres caníbales.

Por otro lado, otros proponen que cada padecimiento incluye en sí la posibilidad de causar placer.

El hecho más significativo de esta perversión es que ambas formas, tanto la activa como la pasiva, aparecen siempre juntas en la misma persona.

O sea, que el que siente placer en causar dolor en la relación sexual, tiene también la capacidad de disfrutar del dolor y del placer en esa relación.

Lo cierto es que la relación entre sadismo y masoquismo es tan estrecha que no pueden estudiarse sus causas ni sus manifestaciones en forma separadas.

El sadismo parece ser anterior al masoquismo, o sea la tendencia a agredir a otro y causarle daño y dolor pero sin conexión con el placer sexual.

El sadismo no relacionado sexualmente corresponde al instinto de dominio. En tanto que el masoquismo es el retorno de esa agresividad hacia el sujeto, seguramente por los sentimientos de culpa que provoca esa conducta, transformando al mismo tiempo su actitud activa en pasiva.

Recién adquiere un significado sexual cuando se asocia al impulso sexual y el hecho de causar dolor se transforma en una de las características del acto sexual.

El sadomasoquismo es común en las neurosis obsesivas en que el trauma es provocado por una fijación en la etapa sádico anal del desarrollo psicosexual .

Es evidente que las personas se relacionan con quienes puedan satisfacer sus necesidades primarias y es probable que esta condición las incline siempre a vincularse afectivamente con parejas con tendencias agresivas y violentas de las cuales les resulta muy difícil separarse.

Junto al placer que produce el sufrimiento que le inflingen sienten también el gozo de satisfacer su necesidad de castigo.

Fuente: Obras Completas de Sigmund Freud, Tomo II, Tres Ensayos para una teoría sexual.


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Sustancias Alucinógenas – Primera Parte

Las investigaciones sobre las alucinaciones incluyen el estudio del fundamento neurobiológico de los estados alterados de conciencia producidos mediante el consumo controlado de drogas alucinógenas.

Por ejemplo, con la quetamina, que es un anestésico, se produce una alteración de la percepción; y el sujeto de la experiencia, con las pupilas dilatadas, percibe el espacio a su alrededor curvo, deformado y retorcido, espectáculo que lo asombra, le extraña y que a la vez lo atemoriza y le da la sensación de transitar por otra realidad.

En la facultad de Medicina de Zurich, los alumnos se ofrecen como voluntarios para someterse a estos experimentos y algunos de ellos describen haber tenido vivencias sobrenaturales dignas de la imaginación más fantástica; vuelan, atraviesan ciudades, caminan sobre el agua, se transforman en los objetos más extraños y se sienten fluir a una velocidad impresionante.




Neurólogos del equipo de Franz Xavier Vollenweider, inyectan una sustancia radiactiva durante la administración de la quetamina y obtienen imágenes del estado de las neuronas, que producen las alucinaciones, en un tomógrafo de emisión de positrones.

Desde la década de los noventa estos científicos han retomado sus investigaciones con alucinógenos, abandonadas en la década de los sesenta, para estudiar estos estados, con el permiso del Ministerio de Sanidad y el control de dos comités de ética.

Estos científicos intentan entender cómo operan los alucinógenos en el cerebro, cuáles son los receptores que se activan y cuáles son los resultados funcionales que provocan estas interacciones.

Se sabe que las sustancias alucinógenas clásicas como el LSD (ácido lisérgico), la mezcalina o la psilocibina(de los hongos alucinógenos), activan un determinado receptor de la serotonina y que el desequilibrio de los neurotransmisores producen alteraciones del estado anímico, por ejemplo, el aumento de este neurotransmisor se encuentra en algunos pacientes con esquizofrenia; y una disminución de la dopamina se registra en casos de depresión maníaco depresiva o trastorno bipolar.

Mediante el consumo de estas sustancias, el equilibrio de los nerotransmisores también es perturbado debido al consecuente incremento en la producción de un transmisor excitador en la corteza cerebral frontal.

Los científicos investigan los circuitos neuronales vinculados con el tálamo, zona del cerebro que algunos consideran relacionado con la conciencia, ya que es el encargado de clasificar y distribuir la información.

Se cree que las sustancias alucinógenas alteran el filtrado de los estímulos tanto internos como externos permitiéndoles invadir las zonas corticales sin realizar esta operación.

La percepción se torna entonces confusa, se alteran la visión, los sentimientos, el pensamiento, el sentido del espacio y el tiempo, y el yo y el ambiente, haciendo que las experiencias que viven los voluntarios se tornen insoportables o por el contrario de gran bienestar.

La característica del efecto del LSD, es el abandono de la realidad y la disolución de las fronteras del yo. Lo opuesto es otro de los efectos, o sea la disolución angustiosa del yo, que produce pánico y la fragmentación del mundo, con la sensación de estar perdiendo la razón, de perderse en un abismo de soledad eterna y de muerte inminente.

Aldous Huxley clasificó en tres categorías los estados producidos por la mezcalina: las visiones, el cielo y el infierno.

Dittrich hizo una clasificación similar y los denominó: el infinito oceánico, la disolución angustiosa del yo y la reestructuración visionaria.

En la percepción de infinito océanico o del cielo se experimenta la unidad con el mundo y el amor total, la barrera del espacio tiempo se diluye y se siente la impresión de la existencia de una realidad superior.

La disolución angustiosa del yo o el infierno, según Huxley, es la sensación de caer en un abismo de soledad, el vacío, la pérdida de la razón, la sensación de pánico y de fragmentación del mundo y del yo.

La percepción de reestructuración visionaria o las visiones, están representadas por las ilusiones, alucinaciones y la mezcla de los sentidos, como por ejemplo: ver los sonidos. La persona siente que las cosas significan algo diferente de lo que habitualmente son y tanto la conducta como los objetos que se conocen cobran un nuevo sentido. Por ejemplo, cualquier simple objeto puede parecer vivo y tener una gran importancia.

(continúa segunda parte)

Fuente: “Sustancias Alucinógenas”, de Felix Hasler, Revista “Investigación y Ciencia”, “Mente y Cerebro”, Ed. Prensa Científica, Barcelona, España, julio/agosto 2009.


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Del Amor al Odio

La convivencia de una pareja es una dura prueba difícil de superar con éxito, más ahora que lo habitual es que dos personas se deciden a vivir juntos cuando ya han disfrutado de su experiencia solos.

Compartir la vida exige aceptar otra manera de vivir que puede ser eficaz, porque no necesariamente la forma de ser propia es la mejor.

La vida en común enriquece a la personalidad, que se puede nutrir de las características del otro, que no siempre es su alma gemela.

El peor error de los hombres es identificar a su mujer con su madre y tener las mismas expectativas; porque la casa es de los dos y la responsabilidad de su funcionamiento de ambos.



La convivencia revela el verdadero carácter de cada uno de los integrantes de una pareja, cómo son sus sentimientos, su capacidad de generosidad o egoísmo, su manera de convencer, su necesidad de dominio, su capacidad para enfrentar los problemas, su paciencia, su comprensión, su fortaleza, y si son independientes y maduros.

El amor distorsiona la percepción de tal manera, que muchos rasgos de carácter de la pareja son minimizados y hasta ignorados en un primer momento por el otro, para aparecer durante la convivencia, en las contingencias y divergencias de la vida diaria, que es cuando recien se puede ser capaz de darse cuenta de la verdadera naturaleza del otro.

Los hombres muy seductores y atractivos es probable que lo sigan siendo mientras vivan; representan un orgullo por haberlos conquistado, pero significan un calvario para la convivencia. Necesitan sentirse halagados y perseguidos por las mujeres, y seguramente no podrán evitar tener aventuras.

Con las mujeres muy atractivas y bellas ocurre lo mismo, suelen ser peligrosas, porque son habitualmente asediadas por muchos hombres. Su pareja se podrá sentir orgulloso de tenerla a su lado pero comenzará a sentirse celoso, inseguro e incómodo hasta de sus posibles pensamientos.

El problema más común es enamorarse de un ideal, no de una persona real, que seguramente tiene defectos, que comete errores y que no siempre tiene el comportamiento que se espera.

La gente no ve lo que no quiere ver, y está dispuesta a mantener la imagen idealizada de una pareja, construida desde la niñez en base a las figuras de los padres que tuvieron o que hubieran querido tener, que no tienen nada que ver con la realidad y que les servirán para elegir siempre el mismo tipo de pareja.

Pero el esfuerzo para hacer coincidir la persona real con el ideal, con el tiempo se diluye y es cuando se comienza a tomar conciencia de la persona real.

Es difícil admitir no haberse dado cuenta antes de quién es quién, de manera que se adjudica el fracaso de la pareja a la rutina de la convivencia y al desgaste, cuando en realidad fue que ambos no pudieron ver detrás del velo que los ocultaba antes, cuando estaban enceguecidos por el amor.

Sin embargo, no siempre, el hecho de haber idealizado a la pareja es una condición negativa, porque puede ocurrir en el mejor de los casos, que puedan superar sus expectativas si se comienzan a mirar desde una perspectiva más amplia, dejando de lado los condicionamientos de la niñez.

Las personas son insondables y complejas, y no se agotan en un solo rasgo de carácter. Son como los diamantes en bruto, hay que saber apreciarles su potencial porque muchas veces nos llegan a sorprender.

Pero de lo que si tenemos que estar seguros es que no podemos cambiar a nadie.
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