Bienvenido a Psicolatina Si eres nuevo por aqui, puedes comenzar utilizando el buscador para encontrar temas de tu interés. O bien, si deseas comentar, publicar tus dudas o inquietudes, o contactar gente puedes registrarte.
Registro Para registrarte solo necesitas ingresar tu nombre y tu e-mail. Ingreso Para ingresar solo necesitas tu nombre de usuario o tu e-mail.

Ansiedad y estrés

Trastornos de ansiedad, estrés y tratamientos.

El Control del Estrés

No es la vida moderna la que crea el estrés, somos nosotros mismos lo que lo provocamos al elegir reaccionar emocionalmente a las exigencias externas.

Las reacciones que tenemos frente a situaciones que no podemos controlar pueden ser autodestructivas.

Si analizamos fríamente lo que nos ocurre en cada caso en particular, todo tiene una solución alternativa. Pero cuando nos aferramos a que se cumpla lo que pensábamos y nos frustramos, nos sentimos molestos e incómodos, nos quejamos, nos violentamos y en consecuencia nos estresamos.



El estrés no lo produce lo que pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa.

Como ejemplo, mi experiencia de hoy pudo haber sido generadora de estrés, pero yo decidí a tiempo no involucrarme emocionalmente con ese contratiempo.

Como aún no había recibido la liquidación de mi tarjeta de crédito, fui al Banco a buscar una copia.

Saqué un número y me senté a esperar que el único empleado designado para esa tarea atendiera a todos los que estaban esperando.

Cuando llegó mi turno, el hombre, de aspecto depresivo y cara de piedra, después de intentar infructuosamente con la computadora entrar en mi cuenta, me dijo que el sistema estaba muy lento y que sólo me podía dar el saldo.

Aunque mi intención era conseguir la copia de la liquidación, decidí en ese mismo instante no decir nada, aceptar lo que me daba y tratar luego de obtenerla por mi cuenta a través de Internet, aunque esa opción también era dudosa porque no dispongo de tarjeta de débito de ese banco, requisito aparentemente imprescindible para sacar una clave de acceso.

En otro momento tal vez me hubiera enojado, por perderme toda la mañana para no conseguir lo que deseaba.

Las máquinas se han adueñado del mundo pero lejos de facilitar algunas operaciones las han complicado.

Los clientes pagan cada vez más caros los servicios y sin embargo están obligados a aprender a operar las máquinas y a atenderse solos.

Pero si queremos liberarnos del estrés, tenemos que cambiar estos pensamientos por otros más sanos, que no incluyan hacer justicia ni elevar una queja; porque el estrés se adueña de nosotros cuando nos empeñamos en interpretar cada una de las situaciones como injustas principalmente porque nos apartan de nuestras expectativas, en este caso, sin tener en cuenta las limitaciones que tienen los sistemas automatizados y los seres humanos que están a cargo.

El empleado en cuestión me invitó cortésmente a volver al día siguiente, confirmando mi incuestionable convicción de que todo trámite requiere como mínimo dos visitas para su eventual solución, sea quien sea el responsable.

No podemos pensar en términos de justo o injusto, porque entonces cada circunstancia de nuestra vida será vivida con estrés, y en lugar de razonar en silencio mientras estamos en una fila por segunda o tercera vez, lo mejor es cambiar el razonamiento por otro menos tóxico y teórico, pero más realista.

Nadie es culpable porque las cosas en este mundo son así, en todos lados, los empleados no nos odian, hacen su trabajo como pueden en el mejor de los casos y nosotros tenemos que mantener los buenos modales y la calma, porque los contratiempos pueden molestarnos pero nunca merecen desequilibrarnos.

No podemos otorgarle ese poder ni a las personas ni a las cosas; y si el problema es una agenda llena, tampoco importa, pasemos los compromisos para el día siguiente, o bien para el otro, o atrevámonos a cancelar los asuntos que sabemos que no podremos cumplir en forma definitiva; sin olvidar que los contratiempos pueden llevarnos a encontrar otros caminos y otras soluciones.
Ver

La Ansiedad y el Cambio

Las últimas estadísticas en Argentina nos indican, que ocupamos el primer lugar en Sudamérica y el cuarto en el mundo en lo que se refiere a los trastornos de ansiedad.

No es raro, teniendo en cuenta que es un país donde impera el individualismo y poca conciencia de que somos una comunidad.

La ansiedad es el miedo a lo desconocido, es el temor que lleva a una persona a estar en perpetuo estado de alerta frente a un eventual peligro o adversidad, impulsándola a huir hacia delante, a vivir apurada, ganarle la carrera al tiempo, adelantarse a los acontecimientos tratando de prevenir hechos posibles para asegurar su salvación y gastando sus energías en preocupaciones y cavilaciones inútiles, esperando que las amenazas que siente que se ciernen a su alrededor se hagan realidad.



Estas personas no viven el presente, sino en el futuro y tratan en vano, por todos los medios, de controlarlo.

Los problemas de la vida cotidiana pueden resultar una pesada carga. Necesidad de reducir gastos, preocupación por la inseguridad, mayores exigencias en el trabajo, inestabilidad laboral, menos tiempo para la recreación, conflictos familiares, etc., son las circunstancias que se atribuyen como causa de estos trastornos.

Pero la ansiedad es más un problema interno que externo, porque todos nacemos con la capacidad de resolver los problemas y de adaptarnos a los avatares de la existencia; y aunque la adversidad pueda acrecentar nuestros temores, la predisposición a adoptar una actitud fóbica y obsesiva es una característica propia de nuestros tiempos.

El miedo a lo desconocido y al futuro, produce estrés, porque exige un esfuerzo adicional a cualquier tarea que se emprenda.

Krishnamurti nos dice que la raíz del conflicto es la búsqueda del placer como forma de vida y además, actuar en la vida sin estar de acuerdo con uno mismo.

La gente tiene muchos intereses y objetivos diversos, pero ¿sabe acaso cuál es su principal interés, el más importante y que predomina sobre los demás?

Descubrir ese propósito relacionándolo con la vida diaria y comprometiéndose con él, hará que podamos resolver nuestra relación con los demás y sentirnos incluidos, formando parte del mundo y en paz con nosotros mismos.

El problema de los objetivos circunstanciales, que cambian con las modas y las necesidades ocasionales, es que no tienen para nosotros significado profundo alguno.

Centrarse profundamente en cuál es el interés primordial y vital que nos anima para dejar de sentirnos aislados y en peligro, exige dedicarnos completamente a ello para descubrirlo.

Saber cuál es nuestro más importante interés y capacidad incluye también conocer si este interés se centra solo en nosotros mismos, sin relación con los demás.

Cuando vemos cómo está el mundo tendríamos que tener la inquietud de preguntarnos si podríamos ser capaces de cambiar en forma total como seres humanos y producir en nosotros una revolución interior; porque la revolución interna produce una revolución externa.

No se trata de matar para lograr la paz, eso no es ninguna revolución en absoluto, es sólo destrucción, y absurdos deseos de odio y venganza.

La ansiedad es la consecuencia de vivir aislado sin la capacidad de establecer una verdadera relación, ni con el otro ni con el mundo. Es andar a contramano por la vida buscando el propio interés individual, la propia salvación, el disfrute particular, que carece de valor porque no incluye al mundo ni a los demás y no tiene significado alguno, porque nosotros somos el mundo y el mundo somos nosotros y nuestras vidas individuales no significan nada sin esta relación.

La vida de los demás no es tan diferente a la nuestra, porque cada uno de nosotros hemos hecho el mundo en que vivimos; y si queremos cambiar esta forma de vida primero tenemos que cambiar nosotros mismos.

Krishnamurti no espera que el cambio se produzca poniendo bombas o mediante estrategias políticas. Eso jamás podrá funcionar por decreto, sólo tendrá efecto si cada uno cambia individualmente.

Estamos acostumbrados a pensar que sólo tenemos responsabilidad hacia nosotros; por eso vivimos una vida fragmentada, dividida, en completa contradicción con respecto a los demás y al mundo.


Ver

Angustia, Ansiedad y Ataques de Pánico

La ansiedad es un trastorno que afecta al ochenta por ciento de los argentinos, según una encuesta mundial realizada por la consultora JWT Sonar, publicada por BBC Mundo.

Los psicólogos sabemos que no son los problemas los que afectan a las personas, quienes tienen naturalmente inteligencia como para encontrar soluciones, sino la forma de vivir esos problemas.

Significa que existen factores internos en la población en general, que los hace más vulnerables a las crisis y a las situaciones de cambio, que les restan habilidad para enfrentar los desafíos.



Aunque Argentina sea un país en el que no existan hipótesis de conflictos externos, ni problemas raciales ni religiosos, ni condiciones climáticas que expongan a los habitantes a huracanes, o a otros fenómenos naturales, un lugar privilegiado donde en gran parte tampoco se produzcan terremotos; que son cuestiones que pueden llegar a desequilibrar a la gente; además de ser uno de los países más ricos en recursos naturales del planeta; es evidente según esta encuesta, que en general la gente sufre de miedos diversos, de una sensación de inseguridad y temor a la pérdida del control emocional, porque los domina la angustia, que es un estado de zozobra, de inquietud, de temor difuso que produce nerviosismo, falta de atención, preocupación y ansiedad y que puede desencadenar ataques de pánico.

La preocupación, que significa ocuparse antes de algo que tal vez no ocurra nunca, consume mucha energía y afecta el estado de ánimo, provoca problemas de salud y dificulta las relaciones personales.

Existe un patrón de pensamiento derrotista generalizado, de falta de confianza y de fe que disminuye la capacidad de enfrentar los problemas, atenta contra la creatividad, dejando a la gente expuesta a sufrir trastornos de todo tipo ante los vaivenes de la economía, la inestabilidad laboral y también afectiva.

La vida es cambio y transformación, pero vivimos una realidad en que los cambios son cada vez más rápidos, las relaciones no duran, no se llegan a afianzar porque las exigencias aumentan y se aspira a ser perfectos, a tener todo, la mujer o el marido perfecto, los mejores hijos, etc., y todo se vuelve transitorio y efímero, produciendo desarraigo y aislamiento y hasta los afectos más cercanos se tornan islas inabordables, porque están inundados de ocupaciones y sin tiempo para otra cosa que no sea trabajo.

Un margen de ansiedad puede ser aceptable para la supervivencia, pero cuando excede ciertos límites comienza a reflejarse en el cuerpo, a través de trastornos funcionales o del carácter, incrementa la intolerancia, disminuye la paciencia y lleva a muchos a desear patear el tablero.

El afán de controlar todas las variables y de no dejar nada librado al curso natural de los acontecimientos, es lo que provoca la mayoría de los síntomas, debido a la falsa creencia que podemos ser capaces de controlar todo, que estamos solos y que todo depende únicamente de nosotros.

La vida, sin embargo, nos sorprende y puede exceder nuestras expectativas, pero lamentablemente muchos creen que no pueden esperar nada.

Existen factores que jamás podremos controlar, aunque lo intentemos, como por ejemplo, cambiar a otros, evitar catástrofes o accidentes, ser protagonistas de un asalto, sufrir robos, etc., aunque reforcemos la seguridad colocando más rejas, más cámaras ocultas, aunque contratemos todo tipo de seguros, de vida, contra robo, incendios, accidentes, etc., y más expuestos estaremos cuanto más nos aferremos con uñas y dientes a la vida, aterrados por el miedo a la pérdida.

Nada es seguro en esta vida, si siquiera permaneciendo sentados en un confortable sillón del living, en una casa supuestamente segura, porque esa es la condición básica de estar vivos, la posibilidad de la muerte en el momento menos pensado.

Por esta razón, lo único que nos queda es tener fe en el milagro de la vida que apenas conocemos, en nosotros mismos y en los demás; en que si llevamos una vida ordenada y sencilla y no nos consume la ambición o la envidia y si vivimos y dejamos vivir, ayudando a los menos afortunados e intentando ser buenas personas, estaremos alineados con el orden universal y será altamente improbable que nuestra vida participe del caos, pero solamente cuando nos entreguemos sin condiciones, nos rindamos y aceptemos que somos vulnerables y mortales. Porque ser vulnerables nos hace invencibles.
Ver

El Poder del Lenguaje

Las palabras tienen el poder de evocar imágenes, emociones y sentimientos en el que escucha y también en el que lee, sirven para comunicarnos, expresarnos y para transferir información.

Al hablar, tenemos que estar seguros de que lo que decimos sea realmente lo que queremos decir para que los demás puedan comprender; y al escuchar tener la seguridad de entender lo que nos quieren decir; porque es imprescindible que el lenguaje esté conectado con la experiencia.

Las palabras pueden ser mal interpretadas y ocasionar serios conflictos personales y hasta políticos en el más alto nivel; y además son capaces de cambiar nuestro estado de ánimo, nuestra forma de pensar y sentir.



El lenguaje se ha ido formando por convención, atribuyéndole a los sonidos humanos un significado relacionado con la experiencia; o sea lo que la gente fue acordando que signifiquen a través de los siglos.

Sin el lenguaje el hombre no podría pensar en forma abstracta y compleja, ni tampoco la sociedad sería lo que es hoy en día.

Cada persona tiene una forma diferente de experimentar el mundo y las palabras tienen el significado de las relaciones que hemos hecho con los objetos y experiencias de la vida.

Es difícil que las personas coincidan con el significado de las palabras abstractas que conocemos, como por ejemplo: amor, respeto, justicia, etc., y esta es la diferencia que no garantiza el entendimiento humano; cuando las palabras pueden significar cosas distintas según la perspectiva que tiene cada uno.

Tanto en los negocios como en la política, en la ciencia y en las relaciones personales, es muy importante ser precisos y rigurosos para comunicarse, para no dar lugar a interpretaciones erróneas contrarias a nuestros propios objetivos.

El lenguaje distingue ciertos significados, cuando son importantes para una cultura, adjudicándoles distintas palabras a un mismo objeto para hacer más precisa su identificación.

Por ejemplo: los esquimales tienen muchas palabras para distinguir distintos tipos de nieve y en Nueva Guinea tienen noventa y dos variedades de arroz.

Las palabras evocan experiencias sensoriales pero no son la experiencia misma, por lo tanto son portadoras de un componente subjetivo difícil de compartir.

Las personas que se desempeñan como comunicadores sociales en cualquier ámbito, tienen que tener la habilidad de utilizar el lenguaje con precisión para que los conceptos que difunden tengan significado para los demás.

La Programación Neurolingüística (PNL) diseñó un mapa del lenguaje que denomina metamodelo, para volver a conectar el lenguaje con la experiencia; para aclarar la comunicación y para poder transmitir con estricta fidelidad el significado que se desea expresar.

El lenguaje tiene una estructura muy profunda que es inconsciente y lo que hace la PNL es acortar esa estructura para esclarecer el lenguaje, convirtiéndola en una estructura superficial.

Este proceso incluye tres pasos;
1º: selecciona una parte de la información;
2º: crea una versión simplificada que inevitablemente cambia el significado; y
3º: generaliza.
Significa que para salir de la estructura profunda es necesario generalizar, cambiar y abandonar parte de nuestra forma de pensar para hablar con los demás.

Se trata de sustraer de nuestro vocabulario, al expresarnos, la información adicional, haciendo una generalización de los sustantivos específicos.

Este tipo de selección en el lenguaje hace a las palabras más impersonales y objetivas, propias de un observador pasivo.

Si la información es sólo la precisa y justa, permite a los interlocutores hacer las preguntas clarificadoras que les interese y evita colmarlos de información irrelevante subjetiva, que lejos de aclarar puede provocar confusión.

Fuente: “Introducción a la PNL”, Joseph O´Connor y John Seymour.
Ver

Problemas de Ansiedad

Antiguamente estos problemas no existían, porque nadie estaba apurado; sin embargo hoy en día, cada vez hay más gente que sufre de ansiedad patológica, que en algún momento le puede provocar un ataque de pánico.

La ansiedad se torna patológica cuando no le permite a un individuo desarrollar su vida normal; porque tener cierto grado de ansiedad normal es común y a veces hasta necesario para movernos a la acción.

En una sociedad compleja y competitiva, donde la mayoría intenta cumplir con objetivos cada vez más ambiciosos; ninguno es capaz de ver los límites que tiene su propio cuerpo ni los de su mente para lograr ponerle freno a esa carrera desenfrenada contra el tiempo.



La ansiedad aparece cuando el estrés llega a su límite y éste a su vez es generador de ansiedad por la forma de vivir las experiencias, cerrando un círculo vicioso alrededor de nosotros mismos que nos asfixia.

Lo malo de la ansiedad es que cada vez es más bajo el umbral para recibir los estímulos que la producen, porque nos volvemos más sensibles y nos exponemos a ella ni bien aparecen las señales que amenazan con alterar nuestra tranquilidad.

La persona ansiosa está preocupada por el futuro, por las pérdidas, por el trabajo, por la economía, por la salud y también por las personas que la rodean. En general es muy sensible a los cambios y le cuesta tener que renunciar a sus planes.

En general, son personas que tienen altas expectativas sobre ellos mismos y sobre su rendimiento y que se imponen difíciles desafíos.

El resultado de estas exigencias se refleja mediante molestias y disfunciones orgánicas, enfermedades físicas y desequilibrios psíquicos. Les cuesta conciliar el sueño, se levantan cansados, se sienten agobiados, se tornan irritables, inquietos, no pueden concentrarse, sufren de trastornos gastrointestinales y cardiacos, como por ejemplo colon irritable, gases, constipación, diarreas e indigestión y sienten palpitaciones, taquicardias, dolor en el pecho, contracturas, temor a sufrir un ataque, flojedad, mareos, etc.

Para poder enfrentar este problema es necesario evitar el estrés y asumir el control reduciendo las actividades que se obligan a cumplir.

Tener sentido de las limitaciones los llevará a trascenderlas; y darle a cada cosa la importancia que tiene, sin valores agregados, les permitirá discriminar entre lo necesario y lo prescindible.

Nos damos cuenta que estamos sufriendo ansiedad patológica cuando nos supera cualquier estímulo y comenzamos a ahogarnos en un vaso de agua.

Vivir ansioso reduce nuestro rendimiento al mínimo, porque la saturación de actividades agota el nivel de adaptación al medio e impide la respuesta adecuada a los estímulos.

La propuesta más operativa para comenzar a superar estos estados patológicos de ansiedad, además de exigir la consulta profesional, consiste en practicar meditación todos los días, como un medio para aprender a tomarse el tiempo que se necesita para cada cosa y hacer todo más despacio, sin apurarse y sin hacer dos cosas al mismo tiempo.

Es necesario darse cuenta y aprender a ignorar las presiones que ejercen las personas sobre nosotros, porque todos a nuestro alrededor ya se han acomodado a nuestra actitud de estar siempre listos para correr a solucionar problemas, apagar los incendios, para saberlo todo, para actuar como la mujer maravilla o como superman, y es nuestra conducta la que ha creado esas expectativas, y ellas precisamente son las que nos incentivan a continuar actuando de la misma forma.

Si quieren terminar con la ansiedad crónica renuncien a la imagen que han creado de ustedes mismos; no permitan que esa imagen los destruya o enferme, porque son mucho más que su imagen y lo más importante es ser quienes son y no lo que los demás esperan de ustedes.


Ver

La Ansiedad y su relación con el tiempo

La ansiedad es un trastorno común en esta época, caracterizado por un estado de inquietud y por una sensación o presagio indefinido de un peligro desconocido inminente.

La ansiedad puede estar acompañada de trastornos fisiológicos como por ejemplo, problemas intestinales, aceleración del pulso y de la respiración, etc.

Entre la ansiedad y la angustia hay una diferencia de grado, siendo la ansiedad de menor intensidad. Representa la actualización de la angustia existencial del hombre que lo conduce inexorablemente al dilema de la existencia, y a tener que vivir en la incertidumbre con la certeza de su propia finitud.



Las presiones cotidianas, el ritmo acelerado de la vida, el desprecio por la lentitud, el valor de la acción más que el respeto por la tranquilidad y el descanso, hace que todos estemos participando, sin quererlo a veces, en una carrera contra el reloj, con más ocupaciones que el tiempo para realizarlas y esta forma de vida produce ansiedad.

Algunos aún logran eludir la dictadura del tiempo y se comportan como si tuvieran todo el tiempo del mundo, pero la mayoría corre tratando inútilmente de ganarle al tiempo siguiendo un ritmo de vida agitado e intenso.

El tiempo sigue siempre siendo igual a si mismo, somos nosotros los que pretendemos hacer más cosas en el mismo lapso de tiempo; pero vivir acelerado no ayuda a que todo salga bien ni tampoco nos permite reflexionar antes de actuar.

La gente se condiciona a vivir apurada para cumplir con sus objetivos sin disfrutar de los procesos; y aunque no tenga obligaciones urgentes se las genera porque el ocio la pone ansiosa y no puede disfrutar de su tiempo libre.

Los países más industrializados, de más alto nivel de desarrollo son los que tienen el ritmo de vida más acelerado, en tanto que en los lugares más pobres, y en los que aún están en vías de desarrollo, la gente se mueve con menor rapidez. Por lo menos esta es la conclusión a la que arribó un estudio realizado por Richard Wiseman, profesor de Psicología inglés, que siguió las investigaciones realizadas por Robert Levin, filósofo y psicólogo norteamericano, autor del libro “Una geografía del tiempo”.

Este estudio revela que actualmente se vive un diez por ciento más rápido que hace diez años y que el uso del tiempo es algo personal que depende del estilo de vida que se elija.

Según Levine, la revolución industrial cambió el estilo de vida de la gente y aunque la invención de las máquinas ahorra tiempo, a la vez hace la vida más acelerada.

El aumento de la actividad laboral, las mayores expectativas y exigencias modernas, agregan mayor cantidad de compromisos que exigen tener más tiempo.

Antiguamente eran pocos los que trabajaban. En Europa, muchos vivían de sus títulos nobiliarios, que eran hereditarios y aseguraban una renta anual vitalicia por parte de la corona.

Por otra parte, las familias eran grupos que abarcaban varias generaciones, viviendo en la misma casa y manteniéndose con los mismos ingresos.

El problema del tiempo se agrava en los países que tienen una economía de consumo. El consumismo es la trampa que nos exige más trabajo y más tiempo y nos llena de ansiedad si no logramos resultados.

Al tiempo no sólo hay que usarlo, también hay que saber disfrutarlo, saber apreciar el ocio y también los procesos.

La velocidad hace que nos alejemos más de nosotros mismos y de los demás; nos impide contemplar la naturaleza y escuchar con atención a quienes queremos, afectando nuestra comunicación y nuestras relaciones.

No tener tiempo en estos tiempos es una forma de mostrarse importante, activo, productivo, interesante y moderno. Sin embargo, esa actitud individualista y superficial lleva a vivir pendiente de los resultados, produce ansiedad y miedo a lo desconocido y sólo deja tiempo para si mismo.

Fuente: Sophia.


Ver

El Estrés y las Enfermedades Coronarias

Las actuales circunstancias históricas mundiales que muestran en general una realidad con recesión económica, falta de seguridad, incremento de la violencia, amenaza de inflación y desempleo; producen en el hombre moderno una gran incertidumbre que contamina sus hogares, perturba la convivencia familiar y hace fracasar sus relaciones.

Todos estos factores producen estrés crónico y expone a las personas a sufrir enfermedades cardiovasculares.

Estos indicadores de sobre estimulación social, reciben el nombre de estresores psico sociales, porque dificultan cumplir con las expectativas imaginarias o reales que se reciben del entorno social y exigen una adaptación al cambio.

Los estresores sociales son los factores emocionales que surgen frente a los estímulos; como el enojo, los disgustos, la angustia, el temor, y las presiones ocasionales o habituales; y la falta de adaptación entre la realidad y las expectativas produce distres.



El distres consiste no sólo en la falta de armonía de la relación que debe existir entre el cerebro y el sistema cardiovascular, sino también es el resultado del desajuste del equilibrio psicológico, que genera pérdida del control emocional, de la identidad y de la autoestima, sentimiento de aislamiento, descontento laboral y familiar, depresión y ansiedad.

Los factores externos que producen estrés psicosocial derivan de un marco familiar poco sólido y de un status laboral exigente y poco estimulante, que agregado a las características de una personalidad tipo “A” crean las bases necesarias para el desarrollo de un carácter irritable e iracundo, típico de personas propensas a sufrir un problema coronario; y también pueden generar ataques de pánico y depresión.

Si a todos estos factores se le suma una alimentación inadecuada, hábitos sedentarios y alguna adicción, a las bebidas, el cigarrillo o las drogas, se eleva considerablemente la posibilidad de sufrir una descompensación vascular.

Por esta razón, estos cuadros deben ser tratados en forma multidisciplinaria, por un lado deberán recibir por parte de los especialistas cardiólogos el tratamiento farmacológico específico, la recomendación de una práctica regular de ejercicio físico y una dieta equilibrada; y por otro deberán ser atendidos los aspectos psicológicos desequilibrados con técnicas basadas en la neurofisiología y en las neurociencias, a través de una terapia cognitiva, para el aprendizaje de nuevos hábitos de comportamiento y la eliminación de los antiguos.

Estas técnicas llegan a modificar patrones de conducta que generaban resistencia frente a los hechos e impedían cambiar de perspectiva, permitiendo a los pacientes darse cuenta que si les es imposible modificar los acontecimientos, lo único que pueden hacer es cambiar de punto de vista, o sea viendo las cosas desde otro ángulo y ampliando el campo de su percepción.

Estas personas tendrán que cambiar el orden de sus prioridades y algunos valores relativos a las circunstancias, o sea aquellos que se pueden cambiar según la etapa de la vida que se está transitando.

La vida nos impone a través de los años nuevos desafíos; y es necesario no aferrarse al pasado tratando de adaptarse a la realidad utilizando viejas fórmulas.

Para vivir plenamente es necesario aceptar la realidad y adaptarse a las nuevas circunstancias de la vida, respetando las propias limitaciones. Porque sólo cuando tenemos conciencia de las limitaciones es cuando podemos trascenderlas.

Fuente: Magazine Baires Today, Dra. María Rosa Quartino.


Ver

La Ansiedad Patológica

El estado de ansiedad es normal cuando es la respuesta natural que surge frente a la amenaza de un peligro, pero se transforma en una emoción negativa cuando se manifiesta sin un fundamento real.

Cuando esta emoción nos preserva de situaciones de riesgo es positiva, porque nos mueve a tomar precauciones, a protegernos y a estar alertas, pero se transforma en una respuesta exagerada cuando no tiene un motivo razonable.

La ansiedad se expresa a través del estado de ánimo, fisiológicamente y a través del comportamiento.

Anímicamente, el estado ansioso es de preocupación, malestar difuso, tensión, miedo, inseguridad o necesidad de control.

Desde el punto de vista fisiológico, puede producir alteraciones del sistema neurovegetativo, como trastornos cardíacos, de la respiración, gastrointestinales, rigidez muscular, sudor excesivo, impotencia o alteraciones del sueño y provocar jaquecas, contracturas, etc.



En cuanto a la conducta, la ansiedad altera la motricidad, el individuo se vuelve hiperactivo, puede adquirir adicciones, tener tendencia al llanto reiterado, a tartamudear, o a realizar movimientos estereotipados.

Cualquier situación nueva que una persona considere que es amenazante para su integridad física o psíquica, puede provocar ansiedad, como por ejemplo, los exámenes, los viajes, los tratamientos médicos, las novedades de las que no tienen experiencia previa, el excesivo trabajo o estudio de cuyo incumplimiento se pueden esperar sanciones.

Puede existir una tendencia o carácter ansioso que lleve a reaccionar en forma exagerada ante situaciones de estrés y también puede ser un estado emocional circunstancial transitorio debido a una vivencia difícil.

Las personas que tienen ansiedad como rasgo de carácter, pueden mejorarse mediante la práctica de técnicas de yoga, de respiración, de relajación y meditación y con terapias cognitivas, que la ayudarán a adquirir nuevos hábitos y abandonar costumbres poco saludables.

El ansioso se adelanta a los acontecimientos, tiende a ser pesimista, fóbico y a huir hacia delante.

El miedo a cometer errores, a hacer el ridículo o a sentirse culpable por no cumplir con los mandatos tanto internos como externos, forman un círculo vicioso al convertirse en obsesiones.

La base del temor a equivocarse es el afán de perfección que los vuelve detallistas, cuidadosos y controladores hasta el extremo.

La ansiedad crónica afecta la salud porque es una emoción negativa. Predispone a un infarto y a la hipertensión y tiene efectos sobre el sistema inmune haciendo más vulnerable al individuo a sufrir cualquier enfermedad.

La ansiedad crónica también se relaciona con los trastornos de la alimentación y con la esterilidad.

Las fobias, las obsesiones y los ataques de pánico son trastornos de ansiedad que hoy en día se han generalizado y constituyen las afecciones más frecuentes en el mundo, principalmente en las mujeres, debido probablemente al drástico cambio cultural de su estilo de vida.

La ansiedad se genera a partir de las primeras experiencias de separación que sufren los niños cuando son traumáticas, creando el hábito de responder con ansiedad ante situaciones de pérdidas.

Fuente: Psicología práctica, El origen de la ansiedad, Antonio Cano-Vindel


Ver

La Preocupación

Estar preocupado es ocuparse de algo que todavía no ha ocurrido que puede o no acontecer en el futuro; es poner el empeño en adelantarse a acontecimientos que tal vez no ocurran nunca.

La preocupación consiste en tener la mente ocupada con pensamientos negativos que tienden a atraer más de lo mismo.

Estar preocupado por el futuro no permite vivir plenamente lo que está pasando en el presente y empaña las experiencias actuales; porque es una condición que dispersa la atención y hace ver las cosas desde una perspectiva pesimista.

La preocupación es ansiedad, miedo a lo desconocido y al futuro. Para evitar un posible sufrimiento futuro se prefiere sufrir ahora por situaciones improbables que se temen.



Las preocupaciones afectan la salud física y emocional y un exceso de preocupaciones genera estrés y puede estar revelando un trastorno de ansiedad y hasta una depresión oculta.

Preocuparse es tener encendida la alarma del cuerpo antes de que ocurra el siniestro, por las dudas; y si ese sistema de alarma orgánico, que debería funcionar cuando realmente la situación de peligro es inminente, sigue funcionando siempre, genera químicos en el organismo que son nocivos para la salud.

Vivir preocupado es asumir la vida como algo peligroso, sin ninguna otra alternativa que nos permita relajarnos y disfrutar de las cosas.

Cuando nuestro sistema se acostumbra a vivir en estado de permanente situación de peligro, pierde la capacidad de funcionar normalmente y se acciona aunque la amenaza no sea real y no exista motivo de riesgo alguno inmediato, porque no puede reconocer las verdaderas señales de peligro.

Las preocupaciones las generan los conflictos o los problemas, o sea todas las cosas que no podemos enfrentar y resolver y la búsqueda de soluciones ideales; porque una vez que se toma una decisión el estado de preocupación desaparece.

Además del hábito de preocuparse por los asuntos personales, estas personas se preocupan también por sus familiares, por sus hijos, por sus padres, por su pareja, por sus hermanos o por sus amigos. Creen que los demás no serán capaces de resolver solos sus problemas porque en el fondo tienen la omnipotencia de creer que ellos sí pueden porque son superiores.

También los preocupa su trabajo, su casa, su auto, el gobierno, la política, la economía o su propia seguridad financiera y se desviven por controlar situaciones futuras.

Cada situación particular se vive como un problema para resolver, y hasta la más insignificante obligación los puede hacer sentir preocupados.

La necesidad de control los obliga a exigirse al máximo y les impide hacer una evaluación de cada circunstancia con objetividad.

Las personas que viven en estas condiciones tienen altas expectativas sobre ellos mismos, son implacables, necesitan resultados, actuar con eficacia y perfección y ser reconocidos por sus logros.

Creen firmemente que ellos son lo que hacen y si se equivocan o no pueden cumplir se sienten frustrados y pierden su autoestima.

Es probable que sean muy eficientes pero también es probable que esa actitud se refleje en sus relaciones y las desequilibre.

El problema es la forma en que ven la realidad, el valor que le otorgan a la eficiencia y a la productividad aunque se conviertan en un obstáculo para vivir vínculos sanos.

Es importante comenzar a recapacitar si realmente vale la pena preocuparse por tantas cosas que tal vez tienen una importancia relativa; ser capaces de aprender a jerarquizar las prioridades y a reconocer y renunciar a mandatos internos que los obligan a ocupar la mente inútilmente, dejando de lado experiencias presentes que jamás se repetirán y que pueden ser mucho más importantes.

Ver

La Ansiedad según la teoría de Sullivan

La teoría del psiquiatra norteamericano Harry Stack Sullivan (1892-1949), explica un enfoque sobre los desórdenes mentales, considerando que es probable que la ansiedad sufrida en la infancia temprana pueda ser en muchos casos el origen de muchos trastornos; y aspira también que su estudio sea útil para la vida de todos en general.

Según este investigador, para entender lo que probablemente significa vivir y sus dificultades, es necesario principalmente centrarse en el punto de vista evolutivo de las personas y estudiar en forma detallada cómo llegaron a ser lo que son en la vida adulta.

Todos nacemos en una clase de organización social y tenemos que adaptarnos en cierta forma a ella.



Los más afortunados serán los que se adapten normalmente y los aún más afortunados podrán adaptarse también con cierta rapidez a otras organizaciones sociales diferentes.

En cambio, los pacientes psiquiátricos parecen no poder adaptarse adecuadamente a su propia comunidad de origen y menos a otra distinta.

La psiquiatría no se relaciona solamente con el área psicofísica sino también con la cultura, los valores, los prejuicios, las creencias, etc., o sea, con un campo de abrumadora complejidad.

Sullivan proporciona una guía para explorar ese campo, convencido de que todo ser humano puede desarrollarse si le brindan las oportunidades adecuadas.

El ser humano es extraordinariamente adaptable y puede vivir de acuerdo a cualquier clase de reglas sociales si se las inculcan en la infancia; y además es capaz de considerar esas formas de vivir adecuadas, más allá de todo análisis.

Ciertos patrones básicos de relación con alguien que haya actuado como una madre con él, serán el fundamento más sólido que se mantendrá sepultado en lo más profundo de su ser, y sobre el cual se construirá todo lo demás.

Cuando esos cimientos no han sido los esperados, los resultados los conocemos como psiconeurosis o psicosis.

Sin embargo, no sólo son importantes las primeras experiencias de una persona, sino su modo particular de vivirlas, o sea el significado que tuvieron para esa persona.

El comportamiento de los niños, en sus primeros meses de vida, se muestra alterado cuando su madre está emocionalmente perturbada; y cualquier cosa que esté haciendo ese niño, en ese momento, dejará de hacerla o la afectará; porque todo ser humano tiene la capacidad de padecer ansiedad, originada por las perturbaciones emocionales que sufre la persona significativa cuando está con el niño, que influyen en él y le provocan ansiedad, por ejemplo mientras lo amamanta.

La ansiedad es el miedo a lo desconocido que sufre un niño en ese momento de su desarrollo, el temor sin objeto definido, una emoción terrorífica que supera toda experiencia que se pueda imaginar.

Lo mismo ocurrirá si se somete al niño a ruidos violentos inesperados en el ambiente donde se encuentra.

Este sentimiento de ansiedad o temor primitivo volverá a aparecer mucho más adelante en su vida, según determinadas circunstancias, igual a la experiencia que fue en su momento desconocida y la más devastadora de este mundo, sufrida en los primeros meses de su existencia; o sea que sentirá el mismo pavor estremecedor..

La ansiedad tiene un poder paralizante y todos en alguna medida gastamos gran cantidad de energía para evitarla y si es posible eliminarla.

Sullivan afirma que los problemas psiquiátricos o las distorsiones en el vivir, cuando no responden a los tratamientos tradicionales, se refieren a la vulnerabilidad a la ansiedad, que es la que puede explicar los síntomas y que hace que el cuadro cambie.

Por esta razón, antes de tratar los síntomas, es mucho más operativo intentar encontrar las vulnerabilidades básicas a la ansiedad en las relaciones interpersonales.

Sullivan cree que una comprensión más profunda de la ansiedad y la observación de su influencia en la vida de una persona, dará mejores resultados y ahorrará grandes esfuerzos a la psiquiatría.

Fuente: “La teoría interpersonal de la psiquiatría”, Harry Snack Sullivan, Editorial Psique, Buenos Aires, 1974.

Ver
Páginas
[x] ¿Sabía que...?
Puede publicar sus dudas y recibir respuestas de apoyo que lo orienten a solucionar. No dude en realizar una publicación acerca de las inquietudes que traiga.
Atte. El equipo de Psicolatina.
Quiero probar