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Psicología y psicoterapia

Referente a la psicología en general, las terapias y tratamientos

Análisis de los Sueños-Primera Parte

Según Freud existe una relación entre la elaboración onírica y las ideas latentes reprimidas; impresiones que dejaron las experiencias sexuales infantiles que aparecen deformadas durante el sueño por efecto de la censura, y que intentan la realización de los deseos.

El autor se refiere particularmente a los sueños de personas que están en tratamiento psicoanalítico.

Freud describe en su obra el análisis de los fragmentos de algunos sueños, para tratar de confirmar algunas de sus hipótesis.

El primero de ellos son apenas dos imágenes: en una, el tío del soñante que es judío, está fumando un cigarrillo en día sábado, y en la otra, una mujer lo está besando y acariciando como si fuera su madre.



Los judíos no tienen permitido fumar en día sábado, sin embargo su tío, que es incapaz de transgredir esa ley en la vida real, lo está haciendo en su sueño sin ningún reparo; mientras que la mujer de la segunda imagen le recuerda a su madre.

Para interpretar este sueño, Freud relaciona ambas imágenes y concluye analizando que si el tío es capaz de fumar en día sábado él podría acariciar a su madre; probable deseo reprimido inconsciente de la infancia, ya que esas señales de afecto entre una madre y su hijo son tan poco permitidas para un judío piadoso, como fumar en día sábado.

Es frecuente que frente a la pérdida de seres queridos, las personas tengan durante mucho tiempo sueños relacionados con ellos, que adoptan las formas más sorprendentes para conciliar lo inevitable de su muerte con la necesidad de que siga viviendo.

A veces las vemos en sueños muertas pero al mismo tiempo vivas pero que no saben que han fallecido y sólo podrían morir definitivamente si lo supieran.

Estos sueños no son tan absurdos como parecen ya que la resurrección forma parte de muchas creencias religiosas y abunda también en la literatura como un acontecimiento corriente.

Freud nos dice que estos sueños tienen además una explicación racional y que son para satisfacer el deseo de hacer revivir a los muertos por cualquier medio.

Cita el sueño de un hombre cuyo padre había fallecido algunos años atrás.

En el sueño su padre ha muerto pero sin embargo ha sido levantado de su tumba y él le ve mala cara.

Está vivo desde su exhumación pero él hace todo lo posible para que no se de cuenta de eso.

Al volver del cementerio, luego de la exhumación, al soñante lo ataca un fuerte dolor de muelas.

Siguiendo el mandato judío según el cual cuando una muela hace sufrir hay que arrancarla, va al dentista, pero éste le dice que no es necesario arrancarla todavía y que tiene que tener paciencia.

Para aliviar su dolor el dentista le coloca un calmante y le mata el nervio.

Le dice que vuelva a los tres días para extraerle el nervio muerto para que así pueda conservar la muela.

En el sueño este individuo hace una condensación unificando en un solo elemento al padre fallecido con la muela muerta pero que se puede conservar.

El paciente sabe por tradición que existe una relación entre soñar con perder una muela y la muerte próxima de un ser querido. Por supuesto esto es una creencia por tradición que no tiene ninguna validez de verdad y que solo tiene significado para este sujeto y para todos los que creen en ella.

Sucede que la enfermedad del padre había sido muy prolongada y el tratamiento muy costoso. Sin embargo, él jamás se quejó de esa circunstancia ni tuvo ningún deseo consciente de que llegara cuanto antes el desenlace. Al contrario, se sentía orgulloso de si mismo al haberse comportado como la ley judía ordena.

No obstante, Freud observaba una contradicción entre sus expresiones y las ideas representadas en el sueño, ya que el sujeto obviamente identificó la muela con el padre.

La muela debía ser arrancada según la ley judía porque lo hacía sufrir, en cambio con su padre debía aceptar con resignación todo su dolor y el pago de los gastos y rechazar cualquier intención de hacerlo desaparecer.

Freud interpretó que sin embargo, tales fueron los sentimientos de su paciente durante la enfermedad de su padre, revelación que a éste le costó mucho aceptar.

Era evidente que los sentimientos hostiles con su padre existían desde mucho tiempo atrás, quizás desde la infancia.

El hecho que en el sueño el padre siguiera viviendo después de su exhumación se relaciona con el deseo de resurrección y la decisión del dentista de matarle el nervio para que la muela siguiera viviendo.

El sujeto no desea que su padre se de cuenta. Esta escena del sueño Freud la relaciona con el complejo de onanismo (autoerotismo) o sea, con la intención de ocultar al padre su vida sexual infantil.

La mala cara del muerto representa también la mala cara de quien teme delatar la exagerada actividad sexual en la infancia.

Freud ha relacionado siempre los sueños provocados por dolor de muelas con el complejo de onanismo (autoerotismo o masturbación) y el temor consecuente al castigo por esta práctica.

(continúa en segunda parte)

Fuente: Obras Completas, “Sigmund Freud”, Tomo III, Lección XII, “Análisis de algunos ejemplos de sueños.
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Análisis de los Sueños – Segunda Parte

Los años infantiles, desde los cinco a los ocho, aproximadamente, no dejan huellas nítidas en la memoria. Este hecho es curioso, según Freud, teniendo en cuenta que en general a los dos años un niño ya habla con bastante fluidez, es muy receptivo y curioso y su memoria está más fresca y más lúcida que en cualquier otro momento, para retener sucesos.

Con los recuerdos infantiles sucede, que se fijan a la memoria consciente cuando son triviales e insignificantes.

Freud sin embargo descubre, que los niños realizan un proceso de selección de recuerdos, conservando solo los que son importantes para él, pero que mediante un proceso de condensación y desplazamiento, son cambiados por otros que los hacen más tolerables.



Freud denomina a estos recuerdos “encubridores”, que si se analizan pueden revelar lo que fue importante y se ha olvidado.

Para este autor, ese contenido ha pasado al inconsciente y se mantendrá latente e inaccesible, si no se procede a analizarlos.

Nos relata que él mismo siendo niño, soñó una noche con una persona que parecía haberle prestado un servicio y que pudo ver en su sueño con mucha claridad.

Se trataba de un hombre de baja estatura y obeso, que le faltaba un ojo y que casi no tenía cuello.

Por su actitud y el carácter de la escena en que desarrollaba el sueño, dedujo que se trataba de un médico.

Le preguntó a su madre cómo era el médico de su temprana niñez que lo atendía en su ciudad natal donde vivió solamente hasta los tres años.

Efectivamente comprobó según lo dicho por su madre, que era bajo, gordo, tuerto y con la cabeza hundida entre los hombros.

En cuanto a los sueños cuyos contenidos suelen avergonzar a los pacientes, por su carácter perverso, son por lo general provocados por deseos sexuales, aún en personas cuyo carácter parece contrario a esos sentimientos.

Estos deseos perversos tienen sus raíces en el pasado, a veces no tan lejano.

Una de sus pacientes, tuvo un sueño en el que deseaba la muerte de su hija de 17 años, que finalmente pudo aclarar.

Recordó durante el análisis, que en cierta época de su vida, siendo muy infeliz en su matrimonio, llegó realmente a desear la muerte de su hija mientras estaba embarazada; a tal punto que luego de una pelea con su marido perdió el control y comenzó a golpearse el vientre con violencia intentando interrumpir el embarazo para que su hija muriera.

No son pocas las madres que en el presente adoran a sus hijos pero que antes del parto desearon su muerte por distintos motivos.

De modo que el deseo de ver morir a una persona amada, que parece tan inexplicable, se remonta a los primeros tiempos del vínculo.

Por lo tanto, es importante rescatar de los sueños, el sentido de su significado latente después de la interpretación y no a su contenido manifiesto.

A Freud le intrigaba el hecho de que estos recuerdos, después de tanto tiempo transcurrido, aún conservaran la emoción que suscitaron en su momento, porque efectivamente, esas emociones ahogadas y reprimidas nunca se pierden y son las que aparecen en los sueños.

En los casos de sueños de deseos de muerte de alguien cercano, se producen generalmente cada vez que hay alguien que se interpone en nuestra vida, de tal manera que uno estaría dispuesto a suprimirlo sea quien sea.

En los sueños la naturaleza humana puede demostrar gran hostilidad, principalmente en la infancia, cuando el egoísmo no tiene inhibiciones.

Las pesadillas son sueños sin deformación alguna que han podido eludir la censura, tomando la angustia su lugar.

Freud insiste en afirmar que también las pesadillas son intentos no encubiertos de realización de deseos reprimidos, que como no han tenido censura, termina con un despertar abrupto y sobresaltado interrumpiendo el sueño.

La censura es el mecanismo que disfraza al sueño con desplazamientos y condensaciones, para no interrumpir el descanso.

Fuente, Obras Completas de Sigmund Freud, tomo III, Análisis de los sueños, lecciones XII, XIII y XIV.
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El Arte es Terapéutico

La práctica de una labor artística es un estado de meditación y brinda la posibilidad de expresar el mundo interior.

Cada manifestación muestra lo racional y lo emocional de un artista, tanto cuando se atreve a ser espontáneo como cuando decide a ser meticuloso y detallista hasta el límite; y cada una de sus obras representan su propio universo.

El arte de crear formas a través de la pintura provoca un aluvión de imágenes que no se detiene, lo mismo pasa con la música y con la literatura.

La vida se convierte para un pintor en una tela mental perpetua; para el músico en un pentagrama y para el escritor en un océano de palabras.

El artista no tiene que pensar, al contrario tiene que dejarse llevar por sus intuiciones y aprender a desarrollar su percepción; y necesita la suficiente sensibilidad para ver las esencias detrás de las apariencias.



Un artista debe tener algo que decir y necesidad de expresarlo. Su obra se convierte en un mensaje, su modo de ver el mundo, su propia filosofía de la vida.

Pero también cada uno de sus trabajos reflejan sus angustias, ansiedades, sus miedos, sus conflictos y su propia autoestima.

Nada es más elocuente que un dibujo. Qué es lo que se dibuja, a quiénes, dónde, el tamaño, la simbología, el trazo, los colores, las formas y la armonía, tienen un significado personal que pone en evidencia la interioridad.

Un artista puede expresar la vida como cree que es, como cree que debería ser o como cree que jamás podrá ser cuando su imaginación lo lleva a crear mundos fantásticos.

El artista crea universos según su perspectiva y trata de entablar un diálogo con el observador en un lenguaje simbólico propio, convirtiendo a su trabajo en un disparador de emociones.

El arte permite trascender la realidad y elevarse sobre lo cotidiano, penetrar en territorios inexplorados y descubrirse a si mismo.

El artista es un visionario, porque si es pintor, puede ver en una tela en blanco su obra terminada, si es músico es capaz de escuchar completa su composición musical antes de haberla escrito y si es escritor, de conocer toda la historia que imaginó aún no narrada; porque en la imaginación está toda futura tarea plasmada.

La imaginación siempre superará la obra terminada que es lo que incentivará al artista a continuar buscando la perfección deseada.

El arte permite concentrarse y no dispersarse en pensamientos inútiles o preocupantes. Es un espacio subjetivo que no se puede compartir con nadie, porque exige soledad, silencio y apartarse de lo mundano para poder penetrar en el mundo mágico de las ideas innatas.

El arte tiene un contenido profundo cuando logra trascender lo superficial y la persona se atreve a ser sincera.

Representa el descubrimiento de un lenguaje propio, una identidad y un estilo; porque un artista, cuando se atreve a ser auténtico, logra evadirse de las influencias, adquirir fuerza y ver todo más claro.

Puede reflejar en su obra su verdad y encontrarse a si mismo, cuando descubre que en su interior están las respuestas a sus interrogantes.

Puede ser libre y abrir su mente cuando se da cuenta que todo depende sólo de él y de sus propias ideas, que la verdad está adentro y no afuera y que el mejor lugar del mundo es su propia casa.
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Hombres Inmaduros

Lucas es único hijo, sus padres se separaron cuando él tenía 16 años.

La separación de los padres deja una huella emocional muy profunda en los hijos, que si son sanos psicológicamente tendrán la fortaleza necesaria para recuperarse y seguir adelante.

Lucas fue un hijo consentido, ya que era el único y era de esperar que demorara más tiempo en madurar del todo, pero adquirió el hábito de aferrarse a su condición, de hijo de padres separados, para justificar su inoperancia.

Tenía un título secundario que lo habilitaba para trabajar en el área de comercio y estaba cursando la carrera de biología.

A los veinte años se fue a vivir con una chica mayor que él y abandonó sus estudios.

Comenzó a trabajar gracias a los contactos que ella le consiguió, como socio en una pequeña empresa.



Trabajó muy bien durante el tiempo que duró su relación con su novia, pero ni bien se separaron, sus socios le hicieron el vacío y tuvo que renunciar.

Lucas hacía tiempo que ya tenía otra relación. Era una chica salteña que estaba trabajando en Buenos Aires buscando nuevos horizontes.

Se fue a vivir con ella y decidió continuar sus estudios.

Una vez que se recibió, decidieron irse a vivir a Salta y casarse.

La familia de la esposa los ayudó y los alojó en un departamento que construyeron para ellos, en su casa.

Aunque él ya tenía su título de biólogo, no pudo conseguir un trabajo y por otro lado, no estaba conforme con la vida de provincia porque consideraba que no tendría posibilidades de progreso.

Aunque tuvieron un hijo, las cosas no cambiaron. Los tres vivían con la ayuda de los padres de su mujer y Lucas seguía con la idea de volver a Buenos Aires.

Finalmente decidió irse solo a probar fortuna.

En Buenos Aires tampoco era fácil conseguir un cargo como biólogo, sin ninguna experiencia.

Conoció a una chica, más grande que él, dispuesta a alojarlo en su departamento del barrio de Belgrano, mientras él trataba de solucionar su problema laboral, y se fue a vivir con ella. Por supuesto, no sabía que era casado y menos aún que tenía un hijo.

Lucas mantenía contacto con su mujer por Internet, conformándola con falsas excusas.

Su nueva novia lo ayudó a intentar otra actividad laboral que fuera de su agrado. Confiaba en él porque lo amaba, sin sospechar que la estaba engañando.

Arriesgó un dinero que tenía ahorrado y le dio la oportunidad de participar en una empresa de exportación como socio de unos amigos.

Lucas no sabía mucho de exportación y además no le gustaba estar en una posición de inferioridad con respecto a sus socios. Sin embargo, trataba de hacer su parte y de interesarse en el negocio.

Hasta que un día, su mujer decidió viajar a Buenos Aires para verlo.

Lucas había repetido la historia y parecía que ésta terminaría igual que la anterior.

Ni bien su novia se enteró de todo, lo echó de su casa y además hizo lo necesario para que dejara su trabajo; mientras su mujer, decepcionada y furiosa tampoco quiso saber más nada de él.

Actualmente, Lucas vive en una pensión en San Telmo, y se mantiene haciendo algunas changas. No se lo ve deprimido, ni siquiera desmejorado o abatido.

Sale de noche, de buen humor y bien vestido, a recorrer las calles del centro, con el deseo inconsciente de repetir su historia.


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Abandona el Control

Muchas personas, hoy en día, viven agobiadas por el miedo, las fobias y los ataques de pánico.

Las exigencias de la vida moderna, la necesidad de destacarse, el perfeccionismo, las metas demasiado ambiciosas y la creencia en que se pueden controlar todas las variables, lleva a las personas a un estado de estrés, que les provoca toda clase de síntomas orgánicos, funcionales y psicológicos.

Es comprensible que algunos deseen dar lo mejor de si mismos en cada oportunidad en que estén en juego sus potencialidades, pero cuando no se pueden reconocer los propios límites y cualquier tarea se convierte en una obsesión, se llegan a transformar en personas déspotas, agresivas, violentas y amargadas, no pueden disfrutar de sus logros y pueden hacer muy infelices a quienes los rodean.

Este nivel de exigencia consigo mismo y con los demás pretende que todos compartan el mismo criterio y hagan las cosas de la misma forma.



Cuando una persona piensa que no hay nadie que haga las cosas tan bien como ella, se carga de obligaciones y responsabilidades, lleva mochilas ajenas y se ocupa de todo lo que no le corresponde.

Esta actitud, lejos de hacerla sentir superior, disminuye su autoestima, porque se convierte en una máquina de resolver problemas pero también en alguien que cada día que pasa se siente más sola.

Esa omnipotencia, no hace sentir a los otros agradecidos sino disminuidos e inútiles, y a ellos mismos usados y frustrados.

Las personas controladoras nunca piden ayuda ni cuentan sus cosas; se guardan todo, porque mostrarse significaría reconocer su debilidad, cosa que está en contra de los principios que las obligan a reinar y no depender.

Este estado de cosas no tarda en minar las reservas de cualquier organismo que tarde o temprano pierde el equilibrio.

Esta conducta se puede cambiar, si se puede aceptar que equivocándose se aprende, que los errores no tienen por qué afectar la autoestima y que no tienen que probar a nadie que valen, porque son mucho más de lo que hacen.

Los que intentan controlar todo, no pueden postergar, ni aceptar los imprevistos, ni otra circunstancia adversa que les impida cumplir con lo que se proponen, generalmente planes rígidos e inflexibles que no contemplan la posibilidad de un contratiempo.

El miedo al fracaso o a ser criticado, les impide relajarse y pensar solamente en nuevos desafíos, evitando su capacidad de trascender las cosas y comprometerse afectivamente, de prestar atención a los demás fuera del ámbito de las exigencias y guardando resentimiento si sus deseos no son cumplidos.

Tener todo bajo control es un gran gasto de energía que no se justifica, porque la realidad es que el control es una ilusión ya que no se puede controlar todo y las cosas ocurren aunque las hayamos prevenido.

Los demás son seres libres, capaces de asumir su propia responsabilidad, tanto o más que nosotros mismos, permitiéndonos a nosotros también ser libres.

La desconfianza en los otros hace que el que tiene el control se sienta más seguro ocupándose de todo. No aprende a delegar tareas, y si lo hace hostigan a sus víctimas con una larga lista de recomendaciones.

El control obsesivo revela el miedo a correr riesgos, la necesidad de aferrarse a las cosas y la dificultad para soltarlas.

Se puede abandonar el control, entregándose, rindiéndose a la realidad, dejándose llevar y confiando.

El único control que no se debería perder nunca es el dominio de uno mismo.


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La Privacidad

Internet parece querer adueñarse del mundo privado de todos nosotros, en tal forma que lo que antes representaba una inquietud sólo de ricos y famosos, ahora puede ser también problema de cualquiera, aunque no haya trascendido en nada y sólo sea una persona común.

La tarjeta de crédito registra fielmente nuestras decisiones y las puede hacer públicas. Todos se pueden enterar, sin nosotros darnos cuenta, de nuestros gustos, de cuánto gastamos en ropa, en médicos, en institutos de belleza o en restaurantes; si fuimos al cine o al teatro, si estamos sanos o enfermos, si cambiamos el auto, si nos fuimos de vacaciones o si fuimos a un hotel alojamiento si cometemos la torpeza de pagar con plástico.

Los pensamientos dejaron de ser secretos, porque también está el lugar donde se pueden publicar aunque sean intrascendentes; nuestra imagen puede recorrer el mundo y hasta pueden saber en el más remoto lugar qué peso registra nuestra balanza.



Aunque la profusión de información parezca demostrar que esta invasión de privacidad le complace a la gente, porque tal vez haciendo pública su intimidad pueden ganar amigos, compartir experiencias y a la vez obtener información de otras personas virtuales, que seguramente jamás llegará a conocer personalmente; las estadísticas revelan que el 70% de los encuestados no desean que su información privada se propague.

A la gente joven parece no importarle quedar expuesta, en cambio las personas de más edad y con mayor experiencia, son más cerradas y prefieren cuidar más su privacidad.

Pero generalmente, la mayoría siente que tiene que aceptar esta nueva forma de vivir “on line” para no quedar afuera y permanecer en el ostracismo que significa ser diferente.

El problema es que lo que se registra en las redes sociales es imborrable, y se puede quedar pegado a experiencias que podría ser mejor dejarlas atrás para superarlas, pero que de este modo pueden perseguir a un sujeto como su propia sombra mientras viva.

Porque la información puede revelar tendencias sexuales y orientaciones políticas, así como también nivel adquisitivo, lugar de residencia, ausencias del hogar, horarios, ocupación, etc. y ser transferida a otros sitios para completar un perfil.

Afortunadamente, la tecnología sigue dependiendo de la discreción de los usuarios que sólo tienen que ser conscientes del riesgo que significa el hecho de publicar todos sus movimientos y su forma y estilo de vida, porque se pueden exponer a ser víctimas de actos delictivos o permanecer indefinidamente encasillados en roles que luego nos pueden llegar incomodar.

La privacidad, a pesar de la revolución mediática, la puede manejar uno mismo, evitando publicar datos personales, fotografías íntimas, o de parientes o amigos que no han autorizado a hacerlo, o de las propiedades o el auto que uno tiene.

Porque así como la creatividad en Internet ha producido cosas magníficas y de gran interés para la mayoría, así también se puede utilizar la inteligencia para cometer delitos; y las redes son una fuente de recursos envidiable para la gente sin escrúpulos.

A los seres humanos siempre les gustó saber sobre la vida de los demás, por eso las novelas más leídas son las que se han inspirado en hechos verídicos y que revelan los secretos más desopilantes y mejor guardados.

Los pueblos chicos son los infiernos más grandes, porque son lugares donde todos se conocen y donde se entretejen las habladurías, hasta hacer de una insignificancia una cuestión trascendente como para sorprender a la gente, ávidos de noticias en un entorno donde a muchos nunca les pasa nada digno de despertar interés.

Cuidar nuestra privacidad es una manera de cuidarnos a nosotros mismos, en un mundo que no repara en destruir la vida de las personas por dinero.
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La Conciencia Iluminada

La iluminación es un estado de conciencia, en el que se puede Ver con claridad, porque las cosas materiales nos dejan ciegos y actuamos como niños con sus juguetes; y nuestras reacciones también son infantiles porque surgen sin control y nos producen daño, a nosotros mismos y también afectan a los demás.

¿Por qué llora la gente? La mayoría llora y se lamenta por valores relativos.

Una excelente alumna puede llorar porque se sacó un nueve en un examen.
Una adolescente, porque no tiene nada qué ponerse, mientras mira con rabia su placard lleno. Otra llora porque no consigue una cita; y otra porque la dejaron plantada.

Una mujer puede llorar si le cortaron demasiado el pelo, si se le corrió la media justo antes de salir, si llueve y se le arruina el programa o el peinado y también llora si su novio se olvida de su cumpleaños.



Las mujeres asocian todo con el afecto y por cualquier cosa le brotan las lágrimas.

Un hombre también llora y se lamenta, aunque haya sido enseñado a no llorar porque es hombre. Puede llorar cuando pierde su equipo de football, o cuando le roban el auto o la moto, aunque tenga seguro contra todo riesgo.

Llorar es un modo de quejarse, de presionar para convencer, logra objetivos y produce compasión. Llorar termina situaciones que no se pueden manejar, hace olvidar agravios y también provoca en el otro, sentimientos de culpa.

Muchas mujeres utilizan el llanto como herramienta para manipular, para hacerse las víctimas y salirse con la suya; y hay quienes tienen facilidad para llorar y lloran por cualquier cosa.

De hecho, el llanto es más fácil que la risa. Los comediantes tienen un trabajo difícil, hacer reír al público que siempre está más dispuesto a llorar que a reír.

El que puede llorar se desahoga y el que se ríe se ahoga de la risa, se queda sin aire, la risa lo hace sentir tan feliz que casi no puede respirar.

El iluminado puede Ver la realidad y se llena de gozo.

Indra Devi, destacada profesora de Yoga, guía espiritual de grandes virtudes y sabiduría, decía que no podía aguantar la risa. Trataba de ocultar su rostro iluminado por la risa, porque temía que creyeran que no estaba en sus cabales; y se apoyaba en las paredes para no perder el equilibrio.

Sin duda fue la risa continuada la que le dio la oportunidad de vivir una larga vida, porque falleció a los 105 años.

Todo le producía risa, porque percibía la realidad con los ojos del alma y tenía plena conciencia de las cosas.

Decía que si uno ve las cosas como son no pararía de reírse todo el día, de puro gozo y felicidad, porque no hay de qué preocuparse.

¿Cómo evitar reírse en la vida cotidiana si uno observa todo desde una perspectiva más alta?

El que cambia el enfoque para mirar mejor, en lugar de enojarse se reirá, porque ya no verá la situación desde el punto de vista de su ego sino que observará desde el alma y podrá ver el todo.

Los iluminados Ven el todo y dejan de Ver las partes. No pueden parar de reír porque pueden ignorar las apariencias, por las que todos tanto se preocupan.

Si se mira con claridad se puede ver lo absurdo de muchas situaciones que preocupan a la mayoría y que las hacen llorar, mientras tanto, todo termina finalmente resolviéndose solo.

Einstein decía que cuando tenemos un problema que no podemos resolver con los recursos conocidos, tenemos que ver el problema desde una perspectiva más alta, porque la solución se encuentra en otro nivel.

Es el salto cuántico que produce una nueva configuración y un nuevo orden en una dimensión donde sólo existe lo nuevo y fresco.

El buen humor y la risa son estados de conciencia más altos. Cuando se puede gozar de esos estados anímicos ya no preocupan los problemas y las personas se vuelven altamente sensibles, aprenden a Ver con claridad y dejan de llorar y lamentarse por cualquier cosa.
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Los Cambios en la Adolescencia

En la adolescencia se produce una gran transformación psicofísica. El cuerpo crece en forma inarmónica provocando un extrañamiento movilizador que desconcierta al adolescente y lo lleva a tener conductas atípicas, cambios de carácter y a mostrarse ambivalente e inadaptado.

Sus extremidades se alargan, su cara cambia y se vuelve torpe e indefinido.

Quien hasta muy poco era sólo un niño, de pronto tiene que abandonar ese rol y todas sus actitudes y conductas conocidas para adoptar otras nuevas, cambios que lo hacen sentir incómodo, inseguro y desorientado.

Sus valores e intereses comienzan a modificarse y se altera su relación con sus padres para volcarse únicamente hacia sus pares.



Los padres también sufren en esta etapa los cambios que experimentan sus hijos adolescentes y se preocupan, porque se muestran distantes, abstraídos, ensimismados y reservados, y padecen profundos cambios de humor.

El rechazo común en esta etapa de los hijos hacia sus padres es el intento de reconocerse como persona individual, separada de ellos; y es necesario que sean comprendidos y acompañados con inteligencia para favorecer de esta manera este proceso del desarrollo.

Es difícil que los padres logren aceptar las ideas y los sentimientos que comienzan a manifestar sus hijos, por lo general opuestos a los de ellos, siempre en su intento por diferenciarse, pero es necesario escucharlos y aceptarlos.

A esta edad los hijos suelen cuestionar a los padres, oponerse a sus iniciativas y criticar sus ideas y forma de vida.

El adolescente está en crisis, su fe se resquebraja y cualquier afirmación la querrá poner a prueba, sin aceptar ninguna explicación y es importante que los padres sean capaces de entenderlo.

El adolescente se rebela contra la autoridad y no acepta límites y los conflictos con sus padres demuestran su necesidad imperiosa de autoafirmarse.

Un adolescente puede llegar a pasar largas horas encerrado en su habitación o hablando por teléfono, tratar de reconocerse en el espejo a cada rato, mirarse la barba, como le crece diariamente, si es varón y los senos si es mujer. Intenta encontrarse a si mismo, conocer su identidad, saber quién es y quién puede llegar a ser.

Necesita parecerse a sus pares, por eso se compara con los demás y se desvive en ser idéntico para diferenciarse. Adopta sus valores y discrimina a aquellos que no tienen la imagen corporal que el grupo no considera adecuada.

Acentúa la intimidad con los amigos y con el grupo, que es el que representa la posibilidad de compartir la diversión y los sueños, y la forma de encontrar contención porque es el lugar donde se siente más seguro.

Sin embargo, un adolescente también necesita estar solo, descubrir su propia intimidad, para ponerse en contacto con su yo íntimo; pero muchos evaden su intimidad para perderse en el ruido, como hacen algunos adultos que también huyen de si mismos.

A los adolescentes les cuesta prestar atención a sus estudios, porque desean ser vistos como alguien que es capaz de todo menos de obedecer reglas o hacer lo que les dicen.

Se preocupan por todos los cambios que tienen que asimilar y no pueden prestar atención, están dispersos, no tienen paciencia, se aburren en el colegio y les cuesta relacionar lo que le enseñan con lo que él desea.

En esta etapa es necesario que los profesores capten el interés de los adolescentes conectando los conocimientos con la vida y estimulándolos para despertar en ellos la creatividad y la espontaneidad.

La educación actual no es motivadora, por otra parte vivimos en una sociedad que premia más al listo que al que realmente sabe y donde la mayoría toca de oído.

Es preferible que aprendan a aprender y a desarrollar su juicio crítico, porque la información que no se relaciona con algún interés, se olvida.

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La Personalidad Masoquista

La persona autodestructiva, satisface su necesidad de castigo y siente placer en el dolor, la desilusión y el fracaso, porque cree que se lo merece.

Este modo de ser, cuya raíz es depresiva, se afianza según sea el entorno, porque sus bases son tanto psicológicas como culturales.

No obstante, esta forma permanente de boicotearse a si mismo, que impide ser feliz, se puede revertir con psicoterapia.

Todos alguna vez pensamos que las cosas también pueden salirnos mal; y hasta esa circunstancia puede hacernos sentir más cómodos, ya que puede representar la obligación de hacer cambios o a enfrentar cosas nuevas; pero esa actitud no se transforma en una regla en la vida.



Pero existen personas que si lo hacen y siempre se programan para el fracaso, como si le temieran al éxito.

Este tipo de comportamiento es difícil de comprender y también de cambiar, porque es parte de una filosofía de la vida y modificar esa forma de ser implica también cambiar de manera de pensar.

Aunque el masoquista goza con la pena, también se queja y se lamenta de su mala suerte, sin darse cuenta que siempre elige la opción que lo va a perjudicar, como asumir riesgos innecesarios o creándose dificultades, convencido de que los resultados son productos del azar y que su conducta no es la que interfiere en su felicidad.

En Argentina, particularmente, la herencia cultural condiciona para pensar en negativo, tener baja autoestima y vocación para el fracaso. El éxito no se perdona, porque son muchos los que no son capaces de atreverse a buscar el éxito propio, los que no creen merecer reconocimiento ni ser felices y los que apuestan al fracaso y al sufrimiento; aceptando y difundiendo más lo malo que lo bueno.

Es sabido que el hombre puede soportar mejor las tragedias que la felicidad, tal vez porque piensa que el dolor alguna vez se termina y se aliviará y una circunstancia presente feliz se puede convertir en dolorosa.

El problema es la no aceptación de los opuestos, pensar en términos de blanco y negro y no poder visualizar los grises.

Todos tienen que enfrentar experiencias de fracaso, sin embargo no todos se convierten en eternos pesimistas eligiendo siempre la peor opción. Algunos capitalizan sus fracasos para poder acceder al éxito.

Sucede con los afectos. Algunos hombres creen no tener suerte con las mujeres y hay mujeres que están convencidas de no tener suerte con los hombres.

Pero ¿qué clase de hombres y mujeres buscan?, porque generalmente se enamoran del mismo tipo de personas y vuelven a fracasar rotundamente.

El hombre tiene una doble tendencia; el instinto de conservación y el de destrucción; está en cada uno de nosotros aceptar los opuestos y elegir las mejores opciones para ser capaces de ser felices.

A veces, la elección que más conviene para crecer, obliga a asumir responsabilidades y riesgos y eso hace que sea descartada, porque una vida dependiente y sacrificada puede resultar más cómoda, aunque sólo produzca frustración y sufrimiento.

Podrán llegar a creer que siendo dependientes se sentirán más seguros y queridos, pero tendrán que renunciar al respeto y a si mismos.

En ese caso, tendrán razón al pensar que la vida es sólo sufrimiento.

Fuente: “La salud emocional”, Lic. Alicia López Blanco; The New York Time, Richard Friedman; LNR, Eduardo Chaktoura.


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Psicología Transpersonal-El valor de la subjetividad.

Toda terapia psicológica tiene un nivel profundo que corresponde al Ser.

En general, la gente vive al margen de su mundo interior, sin tener conciencia de su experiencia subjetiva. Por medio de la psicoterapia se puede tener la oportunidad de lograrla y superar los condicionamientos sociales que obligan a ser desconfiados, a sentirse culpable de ser como realmente se es, impidiendo ser íntegros y prestar atención a las necesidades y anhelos personales.

Si una persona logra la libertad interior, su experiencia de estar viva puede ser muy distinta porque recién de esa forma podrá dar lo mejor de ella misma.

La vivencia interna es el verdadero refugio y la que proporciona mayor vitalidad, gran poder y mayores posibilidades de crecimiento.



Los síntomas representan comportamientos que están expresando descontento consigo mismo; y se minimizan cuando una persona descubre que la vida es más digna de ser vivida y cuando puede percibir con claridad las mejores oportunidades y comprender los significados.

Hasta tanto no nos demos cuenta que somos los reyes de nuestro propio mundo interior, continuaremos buscando placeres y paz afuera, donde nadie puede encontrarlos.

Una vez que se consigue experimentar el centro subjetivo, se puede tener más compasión por los que aún siguen luchando por ser como creen que deben ser, por su dedicación estéril y por tanta desesperación inútil.

No se sentirá soberbia de estar por encima de los demás, sino mayor humildad ante los grandes problemas de la humanidad y respeto por todos los logros realizados.

Mientras la gente se sienta víctima de su destino y no artífice de su vida, sus esfuerzos serán vanos. Esa es la mayor tragedia que vive el hombre, desconfiar de si mismo y estar en contra de su propia naturaleza.

Somos lo que percibimos y la búsqueda interior produce un cambio en la manera de percibir aportando luz a la oscuridad que permanece oculta por la ignorancia.

La percepción tiene muchas más posibilidades de las que somos conscientes; y no sabemos si realmente tiene algún límite, puesto que pertenece a otra dimensión fuera de cualquier límite y contenido.

La esencia del hombre es de un potencial inimaginable y se encuentra en cada uno de nosotros. Se revela a través de nuestras aspiraciones, de nuestra compasión por la tragedia humana, en el deseo de dignidad, en el sentimiento de misterio, en la curiosidad y la necesidad de la exploración y el descubrimiento.

Solamente en lo más hondo del si mismo están las intuiciones más profundas; y la posibilidad de trascender la condición de seres limitados por el cuerpo.

Con frecuencia se ha pensado que la búsqueda del conocimiento del si mismo es una actitud egoísta que está en contra del compromiso social y de la necesidad de participar en la sociedad.

Sin embargo, nada está más lejos de la verdad que esas críticas, porque el conocimiento interior trasciende necesariamente el interés por el propio ego, ya que es la condición necesaria para que surja espontáneamente la preocupación el el bien del otro y por el deseo de vivir en forma armónica con el ambiente.

El mayor peligro para la sociedad es el hombre que no se conoce a si mismo, ya que tampoco tendrá la posibilidad de entender las necesidades de los otros.

El autoconocimiento produce la expansión de la percepción y genera la necesidad de vivir en armonía con la naturaleza en lugar de luchar contra ella.

Sólo cuando se comienza a vivenciar el si mismo se reconoce la necesidad de la conducta ética y de servicio; se está menos dispuesto a imponerse a los demás para hacer la propia voluntad; se pueden trascender los deseos egoístas y vuelve el interés por lo simple.

Fuente: “Más allá del ego”, Abraham Maslow y otros.


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