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Psicología Social

Dinámica del individuo en las masas y sobre la sociedad en sí.

La Exigencia

Estamos convencidos que para poder alcanzar un alto nivel de excelencia es necesaria la exigencia, sin embargo, no siempre se obtienen los mejores resultados siendo exigentes con uno mismo o con los demás.

La exigencia es un patrón de conducta que obliga a cumplir con planes previos en forma estricta, que no admiten ningún margen de flexibilidad ni error.

En una sociedad competitiva, las exigencias son previsibles porque hay que superar el rendimiento de otros para poder obtener beneficios y alcanzar una posición, necesidad que demanda la más alta eficiencia en la acción y en el modo de hacer las cosas.

A nivel psicológico la auto exigencia puede ocasionar serios problemas de salud.

El hombre tiene proyectos y planes que hacen que su vida cobre significado cada vez que se cumplen sus sueños; y el equilibrio entre lo que programó para si mismo y su realización es lo que le asegura su salud mental.



Para planificar objetivos es necesario tener conciencia de las limitaciones, tener coherencia interna, confianza en uno mismo, poder de liderazgo, entusiasmo y estar dispuesto a aceptar que somos seres humanos y que podemos fallar.

Muchos hacen castillos en el aire y se lanzan al vacío hacia la realización de un proyecto, creyendo solamente que la voluntad es todo.

Querer hacer algo, es la intención que se necesita para poder orientar la conducta hacia la realización de un propósito, pero no es todo.

Los proyectos requieren además esfuerzo, constancia, paciencia, conocimientos y estar dispuesto a tolerar la frustración.

El que se exige mucho a si mismo también es exigente con los demás, esta es la actitud de todos los que aspiran a la excelencia.

La persona que le exige a otros, cree que necesitan de su permanente control para que tengan un buen rendimiento.

Algunos se pueden hasta sentir bien con un líder exigente, cuando se sienten identificados con su proyecto y porque los obliga a sacar lo mejor de ellos mismos; pero sin embargo, también necesitan ser escuchados y reconocidos.

Las exigencias tienen que tener un límite porque el líder necesita a sus subalternos tanto como ellos lo necesitan a él.

Los líderes exigentes tienen que tener en cuenta que los que ejecutan sus órdenes además de lograr resultados, tienen que sentirse bien haciendo lo que hacen, circunstancia que los obliga a prestar atención a su bienestar, sus necesidades y sus intereses.

Una exigencia se torna menos acuciante cuando todos participan de su realización y llegan a ser reconocidos individualmente por su trabajo.

El líder que exige y su equipo, orientados hacia la excelencia, constituyen una unidad funcional, cada uno ejecutando su rol, haciendo lo que saben hacer mejor, motivados por un propósito común.

La auto-exigencia es el enemigo interior que produce estrés y que puede llegar a matarnos; porque un alto nivel de exigencia es la consecuencia de elevadas expectativas con respecto a la imagen que deseamos proyectar y que creemos que los demás tienen de nosotros mismos.

Para defender esa imagen ilusoria, muchos pierden la vida debido a un infarto, que es cuando el motor de la existencia dice basta.

Por lo tanto, la diferencia entre la vida y la muerte depende de la capacidad de conocimiento de uno mismo y del reconocimiento de nuestras reales capacidades de realización, cuando nos proponemos nuestras propias metas.

No hay que olvidar que vivir es la meta de todas las metas, solo que muchas veces esta realidad se deja de lado en pos de inhumanos ideales
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Los amigos se eligen

Puede ocurrir que algunos tengan experiencias ingratas con quienes consideraban buenos amigos, a pesar de conocerlos desde hace mucho tiempo.

La gente cambia, los hechos de la vida dejan sus huellas y no siempre todos pueden estar a la altura de las circunstancias.

Es necesario tener la fortaleza de alejarnos de las personas que pueden afectarnos de algún modo, aunque hayan sido buenos amigos.

Pero también se puede tener la tendencia de sentirse atraído por personas que pueden resultar nefastas y siempre vincularse con el mismo tipo de personas.

A veces, afinidades circunstanciales o cualidades superficiales pueden engañar al más cauto y descubrir más tarde o más temprano que se han ligado a personas dependientes, que se complacen en inspirar compasión y que impulsan a los que encuentran a su paso a ayudarlos.

Algunos eligen a sus amigos por su sentido del humor, o porque son divertidos, sin tener en cuenta otros valores que en una amistad son esenciales como la lealtad y la honestidad.



Las personas depresivas suelen contagiar su estado de ánimo al más optimista y a veces hasta se regocijan tratando de desmoralizarlos; y es difícil estar siempre dispuesto a levantarle el ánimo a otro que no hace nada por si mismo.

Las personas que no son estables emocionalmente no tienen la capacidad de mantener a sus amistades, porque son inconstantes, necesitan cambiar, se aburren, detestan las rutinas, se cansan de las personas y de las cosas, y carecen de sentido común y también de lógica.

El inestable se comporta impulsivamente y no se puede predecir su conducta. Confunden, inquietan y es imposible llegar a conocerlos.

Se pueden crear vínculos con personas con las cuales no se tiene afinidad de ninguna clase, a las que no se sabe qué decirles y que tampoco les interesa lo que hablamos. Son pseudos amigos que se comportan como islas, compartimentos estancos que se mantienen unidos a veces por conveniencia, por hábito o por compromiso.

También se puede estar ligado a quienes les satisface criticar a todo el mundo, sin saber que la crítica es un hábito dañino que no reporta nada positivo, deja a las personas vacías y tampoco permite ninguna reparación. No hay que olvidar que lo que más se tiende a criticar es la proyección de los propios defectos que no se aceptan de uno mismo.

Existen quienes pretender cambiar a sus amigos, porque no los aceptan como son y los hostigan con sus críticas, bromas o burlas supuestamente para su bien.

Una amistad exige disponibilidad, atención y presencia. Es importante interesarse por la vida de un amigo y que éste también se interese por el otro.

Las personas que saben escuchar, que miran a los ojos cuando hablan, que pueden compartir sus alegrías y tristezas, que no se avergüenzan de ser quienes son, que nos brindan reconocimiento, que son amables y disfrutan de nuestra compañía, merecen ser nuestros amigos.

Los buenos amigos se pueden contar con los dedos de una sola mano; son los hermanos que elegimos, fieles y sinceros, que nos quieren y que nos aceptan como somos.

La amistad tiene la cualidad de la justa distancia para poder ver las cosas desde la perspectiva del otro, condición que no siempre los vínculos familiares ofrecen.

La envidia, los celos, la intolerancia y la incomprensión impiden una relación de amistad, que no puede sobrevivir a estas emociones negativas.
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La Psicología y el Karma

El concepto de karma aparece en la filosofía de la India, como en el Hinduismo y el Budismo. Significa acción, y los resultados ineludibles que produce cada acto y es un término válido al margen de cualquier religión porque se basa en la ley de la ciencia de causa y efecto.

Toda acción humana tiene una consecuencia inevitable que determina el futuro de cada persona, tenemos todo lo que creamos y nada es casual, los acontecimientos son aparentemente fortuitos porque el hombre no puede ver más allá de lo que le ocurre.

El karma no es solamente un destino ni tampoco es bueno o malo; es un proceso que depende de nuestra conciencia, porque es la combinación de nuestro destino y nuestras decisiones; y difiere según la cultura, la familia, el país y los valores de cada uno.



Nuestra vida actual es el resultado de acciones pasadas, porque cosechamos lo que hacemos y también lo que dejamos de hacer; y si pudiéramos conocer todas las causas que dieron lugar a nuestra vida actual, estaríamos en condiciones de terminar con nuestro ciclo kármico.

El karma es aprendizaje, de modo que cuando nos ocurren siempre los mismos problemas, estas dificultades se relacionan con algo que aún no hemos aprendido.

El karma depende más de la intención que de la acción, porque es el sentimiento o pensamiento con plena conciencia que me motiva a hacer algo lo que creará mi karma más que el acto en si mismo.

Según la filosofía que supone la reencarnación después de la muerte; es una ley que nos enseña a comprender nuestras experiencias pasadas y de otras vidas.

Cuando sentimos que las cosas nos salen mal es falta de conciencia, o sea, estamos ignorando las instrucciones de nuestra conciencia interna.

La vida es responsabilidad de cada uno y el karma nos enseña a darnos cuenta de la responsabilidad de nuestros actos. No son las circunstancias, el destino, o la familia los culpables de nuestros fracasos, sino nosotros mismos con lo que hacemos.

La ley del karma nos dice:
-Si seguimos haciendo lo mismo que hacemos siempre seguiremos obteniendo más de lo mismo.
-Dios ayuda a quienes se ayudan.

Las diferencias individuales nos muestran que en esta vida cada uno tiene un propósito y si no se escucha la voz interior y no se cumple esa misión, esa vida será de sufrimiento, dolor y frustración, señal inequívoca de que no aprendimos lo que debíamos y que nos llevará a repetir siempre los mismos errores.

Trata de conocerte mejor a ti mismo realizando los siguientes ejercicios:

1-Escribe cómo te sientes, qué es lo que te gusta, qué fue lo que te dolió en tu vida, en resumen, enumera tus emociones y pensamientos que te hacen o te han hecho sentirte feliz o desdichado; y cada día se irá revelando tu verdadero ser interior.

2-Escribe qué te han contado respecto a tu nacimiento, tu lugar en la familia y las circunstancias de ese instante; porque todas las emociones vividas en ese momento, así como también las vivencias desde la concepción, tenderán a repetirse toda tu vida.

3-Describe a tu madre, su actitud hacia la vida y lo que te decía o te dice que más te afectó o te afecta.

4-Describe a tu padre, quién fue o es, cuál fue o es su actitud hacia la vida y cuales los comentarios que más te afectaban o te afectan.

5-Enumera y detalla las cualidades que admiras de ti mismo.

6-Escribe todo lo que no te gusta de ti mismo, trata de cambiarlo dentro de un determinado período de tiempo y observa los resultados.

7-Recuerda y escribe ¿Qué parte te gustó más del cuento que preferías cuando eras niño? Observa si algo de eso se refleja en tu vida actual.

8-Escribe cuál es tu flor, animal y objeto preferidos y por qué; y cuál de ellos te gustaría ser.

9-Imagina y escribe ¿Cómo crees que vas a morir y a qué edad?

10-Imagina y escribe ¿Qué elogio sobre tu persona te gustaría que dijera tu epitafio?
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El Poder de la Culpa

El hombre nace con culpa, sólo por ser hombre y por pretender ser perfecto. Más adelante aprenderá a crear más culpas si no tiene la fortaleza de ser libre.

Estar desconforme es una característica humana, porque lo que se desea siempre es alcanzar metas ideales; y lo que el hombre cree, si no tiene discernimiento propio, es lo que se convertirá en sus cadenas, sus estructuras y sus limitaciones. Creerá que tiene que hacer esto o aquello para agradar a los demás, para sentirse incluido, para recibir amor, para que lo respeten.

No sabe que la paradoja es que solamente cuando una persona es auténtica recibe todo eso y mucho más por añadidura. Porque lo que importa para manejarse con la culpa es la actitud.



El que no hace lo que tiene que hacer, no dice lo que siente, piensa diferente de lo que dice, no se compromete con una postura personal y es influenciable, puede llegar a sentirse culpable y volverse agresivo y violento.

La que aísla al hombre es la actitud de arrogancia y soberbia y no el deseo de ser él mismo.

Las normas sociales no son la causa de la frustración y la culpa, son nuestras actitudes hacia ellas.

Si se viven como mandatos ajenos que hay que cumplir por obligación, cada trasgresión tendrá un significado culposo, por no poder confiar en el propio discernimiento y en los valores propios.

Disfrutar de la vida puede provocar sentimientos de culpa cuando se ha integrado la cultura del sacrificio como norma de vida.

La muerte de los seres queridos pueden hacernos sentir culpables y a tener remordimientos; por no haber estado con ellos lo suficiente, no haberles dicho que los amábamos y cuánto significaban para nosotros, por no haberlos ayudado, como creemos ahora, que debíamos haberlo hecho, por no haberlos comprendido, etc.

La muerte eleva el status de las personas y las lleva a pedestales inaccesibles, los muertos se convierten en tiranos simbólicos que nos siguen dando mandatos aún después de haberse ido.

El deber ser es el que genera culpa, no lo que quiero en un momento dado; por eso es mejor querer lo que uno hace y no hacerlo por obligación.

Lo que nos resistimos hacer en el pasado tiene una causa personal profunda que es digna de ser tenida en cuenta. Los motivos de esa circunstancia tal vez hayan sido o no válidos pero es lo único que pudimos hacer en ese momento, porque somos seres humanos perfectibles pero no perfectos.

Sin embargo, el pensamiento nos obliga a volver al pasado y a recriminarnos por no haber actuado como lo podríamos haber hecho ahora.

Ser fiel a uno mismo es difícil, porque creemos que no merecemos tener convicciones propias y actuar de acuerdo a nuestro propio código de valores.

La culpa se cura con el perdón, perdonándonos todo a nosotros mismos y a los demás; y pedir perdón por lo que creemos han sido nuestras fallas.

Muchas veces nos sorprende la reacción de los que creíamos haber ofendido, porque nos damos cuenta que nunca pensaron como nosotros, que ni siquiera lo advirtieron y vivieron la experiencia de otra manera, mientras a nosotros nos hostigaba la culpa.

Esto sucede cuando se piensa por el otro como si fuéramos nosotros mismos; pero los otros siempre son otros universos.

Tener dinero nos puede hacer sentir culpables y no tenerlo motivo de preocupación, de modo que nos negamos a ser felices de cualquier forma.

Las mentiras son los disfraces de la culpa porque se inventan historias para evitarla. Es la manera más antigua de eludir los problemas para no tener que enfrentarlos.

La gente manipuladora nos hace sentir culpables si no actuamos según sus mandatos.

El propio discernimiento y la confianza en uno mismo nos hace libres para actuar según nuestra forma de pensar y rendir cuenta solo a nosotros mismos.
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El Control de la Agresividad

Existen formas alternativas de expresar la agresividad, como llorar, hablar de los problemas, de las frustraciones, de la rabia contenida, de situaciones no resueltas que desagradan y dejan tras de si un desequilibrio emocional.

La gente está acostumbrada a reprimir la agresividad, se puede comprobar cuando vienen a la consulta y se ponen a llorar antes de decir una sola palabra.

En la vida diaria, tratan de desintoxicarse de lo que tienen guardado y contenido a duras penas, expresándolo con desbordes de mal humor, actitudes de descontento, mal carácter o desplazando la ira hacia otras personas ajenas, que no pueden entender los desplantes.



El malestar que produce la agresividad reprimida se desparrama hacia todas las direcciones, menos en el sentido correcto, porque cada vez que una circunstancia actualiza el motivo, la ira sale a la superficie en forma inesperada y a borbotones.

Es difícil expresar el enojo y la ira en el lugar y momento en que se produce y esta es una conducta que se aprende en la infancia, cuando evitábamos enojarnos y portarnos mal para que nos quieran.

Aprendimos a guardamos nuestros enojos, los cuales condicionarán todas nuestras experiencias posteriores.

Sin embargo, los condicionamientos del pasado se pueden desaprender e incorporar nuevos comportamientos que permitan el mejor control de las emociones.

Un adulto tiene que aprender a expresar su descontento en el momento en que se produce el desequilibrio, controlando sus impulsos primarios, y tratando de actuar con diplomacia, desapegado, sin comprometerse emocionalmente con los resultados, tratando de no provocar agresividad en el otro, proponiendo alternativas, negociando, abriendo paso al diálogo, sin obstruir el canal de comunicación con una pelea.

La expresión de enojo debe centrarse en el suceso presente y no incluir ninguna otra situación del pasado no resuelta, por más que sea idéntica.

El mundo actual nos alimenta nuestros impulsos agresivos, los medios eligen difundir los sucesos más injustos, los accidentes por negligencia, las decisiones políticas más cuestionables para provocar polémicas, que no resuelven nada, sino que solamente crean antagonismo y frustración.

La agresividad es producto del miedo, que es el que atenta contra la seguridad que necesitamos.

En los momentos de ira descontrolada, se pueden decir muchas cosas que no se sienten y que sólo buscan provocar el mismo dolor en el otro para poder transferir nuestro propio sufrimiento.

Sin embargo la violencia y la agresividad no dejan a una persona satisfecha, por el contrario, le crea un sentimiento culposo que no le permite disfrutar del deleite de haber podido descargar su furia.

La agresividad hay que canalizarla adecuadamente. Se pueden decir las cosas más horribles de muchas maneras según nuestras intenciones, y el humor es una de las formas más efectivas.

A veces el discurso va directo a la confrontación, porque hay formas de expresarse que buscan el enfrentamiento y el fin del diálogo, si no se es capaz de usar la inteligencia para lograr los propios objetivos sin pelear.

Porque algunos olvidan sus objetivos y se concentran en su orgullo, se ponen a la defensiva y levantan una barrera que impide concretar sus deseos.

En un intercambio de opiniones, se puede dejar lugar para una respuesta, tratando de no convertirse en el que diga la última palabra, porque no son las personas las que están en juego sino situaciones, planes, ideas, cosas que pueden ser de interés pero que no deben alterar el equilibrio por obtenerlas.

Es importante no mostrarse demasiado interesado frente al que no piensa igual, logrando una postura de entrega y sin aferrarse tanto a los resultados.

Contestar con una pregunta es una actitud conciliadora, porque otorga el espacio necesario para que el otro tenga la oportunidad de acordar, disentir o de proponer su propia idea.

Todos tendemos a pretender tener la razón cuando nos apegamos a algo, y a no interesarnos en qué es lo que piensan los demás. Sin embargo, el otro brinda la oportunidad de salir de la limitada perspectiva propia, ampliar el horizonte y ayudar a crecer.


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Mejora tus relaciones personales

Entablar vínculos satisfactorios y con eficacia es una habilidad que se puede aprender.

En primer lugar es necesario ser capaz de salir de uno mismo e interesarse en los demás y evitar conectarse para beneficiarse.

Saber escuchar es la mejor herramienta para relacionarse bien, así como hablar en forma clara y directa, respetando al otro como una persona diferente que tiene la libertad de pensar distinto.

Prestar atención es poco menos que una rareza, porque la mayoría está apurada y vive la vida corriendo contra el reloj, con muchas cosas en la cabeza que no le permiten detenerse para comunicarse mejor y eventualmente llegar a comprenderse.



Rollo May dice que una buena relación interpersonal se establece cuando se produce el encuentro, o sea la posibilidad de ponerse en el lugar del otro y comprenderlo.

Es importante en una relación mantener el compromiso con las propias ideas y no eludir hablar de determinados temas para evitar que descubran nuestro punto de vista y que nos conozcan.

La sinceridad y la humildad resuelven cualquier distancia que separe a dos personas, así como la confianza y seguridad en si mismo.

Una buena manera de relacionarse es dejando de lado el espíritu competitivo y la necesidad de destacarse. Esta actitud de entregarse tal cual uno es, es una cualidad que mueve al otro hacer lo mismo y a no ponerse a la defensiva.

Ser genuino exige ser espontáneo y no ensayar poses para intentar agradar.

Lo esencial de cada uno es el factor que permite la conexión con lo esencial de otro y hace posible llegar a establecer una relación duradera y sincera; pero las apariencias producen relaciones por conveniencia.

El respeto, la generosidad y la gratitud son las cualidades esenciales que favorecen las relaciones, y un modo de hablar pausado y suave convencen más que los gritos; porque sólo la serenidad puede convencer o disuadir, sin necesidad de descalificar ni manipular opiniones, ya que utilizar un modo imperativo para hablar no significa tener razón ni ser dueño de la verdad.

Las relaciones de negocios, supuestamente se reducen a tratar de obtener mayores ganancias, sin embargo, un comerciante exitoso no descuida la comunicación personal en sus gestiones comerciales, ni el interés por las necesidades de los otros y trata por todos los medios de satisfacerlas.

Más que venderse a si mismo, es más importante mostrarse interesado en los demás y estar pendiente de lo que dice prestándole mucha atención a lo que requiere.

La estabilidad emocional favorece los vínculos personales, brinda confianza y seguridad, despeja las dudas y disminuye los prejuicios.

Escuchar sin juzgar es saber comprender, poder ver otro punto de vista y tener la oportunidad de aprender.

Tener amplitud de criterio para aceptar a los otros como son, permite que las personas se abran y se atrevan a discutir asuntos de difícil tratamiento.

Para hablar es necesario tener algo que decir, porque de lo contrario mejor será no decir nada. Los silencios no significan que se ha cortado la comunicación o que se ha perdido la oportunidad de continuar un diálogo, sino que el silencio puede ser aún más elocuente que las palabras y llegar a un nivel más íntimo.

Una conversación tiene que tener un contenido que tenga objetivos claros y lo mejor es ser directo y no tener segundas intenciones que hace que el discurso pierda credibilidad y resulte vacío de contenido e inútil.

Por eso, no se puede hablar de cosas que se ignoran sino de todo aquello de lo que estamos seguros, de los recursos que dominamos y que estamos en condiciones de defender.


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Solteros maduros en casa

El siglo XXI se caracteriza por la tendencia del hombre al confort. El avance de la tecnología automatiza todos los trabajos pesados o rutinarios y seguramente con el tiempo, tal vez, el hombre tenga más tiempo libre.

Mientras tanto, apoyados en una filosofía que no ve con optimismo al futuro, la idea generalizada parece centrarse en tratar de evadir responsabilidades y disminuir los compromisos, disfrutando el aquí y ahora y viviendo cada uno para abastecerse a si mismo.

El mundo así, se está convirtiendo en un gran parque de diversiones y los humanos en potenciales clientes para el consumo.



Ya quedamos pocos sin haber hecho alguna vez un crucero, o sin haber escalado una montaña integrando un grupo sediento de adrenalina en un estrafalario turismo aventura, aprovechando las millas aéreas acumuladas con sus compras con tarjeta de crédito.

Todas estos emprendimientos requieren ahorrar dinero, tener tiempo libre y libertad de movimientos.

Los solteros prefieren gastar su dinero en viajes, emociones transitorias, probar cosas nuevas, o sea vivir el momento, sin pensar en el futuro.

Finalmente, la mayoría de ellos se casa o deciden vivir en pareja y emprender la aventura de tener un hijo, cuando ya están en edad de ser abuelos.

Los padres mientras tanto, tienen que convivir con un hijo soltero hasta que ya es maduro, tarea que no siempre resulta placentera, cuando el hijo pretende ser siempre un adolescente sin responsabilidades.

Algunos se regocijan de tenerlo aún en casa cuando todos sus amigos ya se han casado y él consiente en seguir siendo un niño.

-¡Cómo le voy a cobrar a mi propio hijo lo que come en casa!- ¿Qué molestia es hacer un plato más cuando igual hay que cocinar?- Los gastos hay que pagarlos aunque él no esté viviendo con nosotros. -Dónde comen dos comen tres.

Pero todos estos argumentos no se ajustan a la realidad, porque convivir con una persona más en una casa, en el transcurso de un mes significa un cincuenta por ciento más de gastos domésticos.

No siempre los hijos solteros que se quedan viviendo con sus padres creen que tienen que contribuir con los gastos, porque a veces prefieren creer que les están haciendo un favor quedándose, aunque él no esté nunca en casa y sólo venga a comer y a dormir.

Vivir con los padres les permite a los hijos solteros ahorrar para comprarse un auto, viajar a las Bahamas o cualquier otra cosa, menos compartir los gastos de la casa.

El hedonismo es lo que caracteriza al hombre del siglo XXI, vivir para si mismo, sin responsabilidad alguna para poder hacer lo que quiere.

Están también los que son estudiantes crónicos, que no tienen intenciones genuinas de alguna vez recibirse pero que ese status les sirva para justificar por qué no trabajan.

Las estadísticas en Argentina son alarmantes, existe una franja considerable de jóvenes que no estudian, no trabajan ni tampoco se capacitan, o sea que no hacen absolutamente nada, sólo vegetan como una planta.

¿Qué harán esos jóvenes cuando ya no sean tan jóvenes y no estén más sus padres?

Los pájaros empujan a sus crías para que aprendan a volar cuando ya están desarrollados para hacerlo, sólo los humanos se quedan con sus padres, cuando están atendidos por una madre solícita o su empleada doméstica si ella trabaja. Porque cuando las condiciones comienzan a ser menos acogedoras, si están obligados a contribuir con los gastos y a atenderse solos, entonces no se quedan, se van para poder vivir en sus propios términos ya que tienen que mantenerse solos.

Los padres tienen que hacer como hacen los pájaros, alentar a los hijos para que aprendan a defenderse solos, y poder así ellos emprender el desafío de vivir una nueva etapa de la vida con su pareja, solos.
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Información subliminal

El término subliminal significa que el estímulo que se recibe está por debajo del umbral de la conciencia. Es tan breve el tiempo que aparece a la vista, que la persona no lo percibe, sin embargo el cerebro lo registra y deja una huella que puede producir cambios en las decisiones.

Los ojos no ven el estímulo subliminal porque la brevedad del instante no lo permite, pero la persona sin darse cuenta lo recibe.

Estas técnicas subliminales pueden ayudar a ganar elecciones, vender más, modificar conductas y ganar dinero, por eso pueden ser herramientas eficaces para cualquier clase de publicidad.



En 1957, James Vicary, que era un analista de mercado, realizó una experiencia proyectando en un cine durante un brevísimo instante, sin que la gente pudiera darse cuenta, una publicidad de gaseosa y palomitas de maíz.

Pudo comprobar que esa técnica subliminal incrementó las ventas de gaseosas ese día un 20% y de palomitas de maíz un 60%.

Luego, desmintió haber hecho ese experimento con ese propósito, no obstante, la duda de que realmente sí se hubiera hecho con ese fin, fortaleció la creencia en la posibilidad de la manipulación sin que la gente tenga conciencia.

En el año 2007, Jim Brackin, terapeuta que utilizaba técnicas de hipnosis y experto en comercio, repitió la prueba en un congreso de marketing realizado en Estambul.

Implementó la técnica sublimal para hacer la publicidad de un producto inventado que competía con otro.

Después de ver la película, en la que fue insertado un mensaje publicitario, y que vieron las mil cuatrocientas personas que asistieron al evento, el 81% de los asistentes eligió el producto promocionado con esta técnica.

Aunque fue un experimento incompleto, porque faltó la prueba testigo con público no estimulado subliminalmente, para poder comparar los resultados y darle a la experiencia valor científico; la experiencia se consideró muy significativa.

Es importante que el estímulo no aparezca más de treinta milisegundos; y por otra parte debe estar enmascarado con una serie de letras distribuidas al azar.

El cerebro, frente a estos estímulos, tiene la capacidad de comprender palabras, interpretar figuras, entender símbolos, etc.

Por ejemplo, si se muestra a los sujetos sometidos a prueba, una cifra que está entre el uno y el nueve y se les pregunta si el número es mayor o menor que cinco, es muy raro que no acierten.

También dejan huellas las palabras subliminales relacionadas con emociones negativas, como el miedo o la angustia; y particularmente rostros que expresan emociones.

Frente a estos estímulos el electroencefalograma registra los mismos signos de una estimulación consciente.

Sin embargo, no está probado que este tipo de manipulación pueda cambiar radicalmente el juicio de una persona normal; porque en realidad, la influencia de tales inserciones no duran mucho tiempo.

Pero sí parece ser que tienen más efecto las percepciones subliminales negativas que las positivas, de modo que no sólo depende del tiempo de duración del estímulo sino también del contenido del mensaje, de los conocimientos previos del sujeto, de su ocupación habitual y de sus intereses.

En el año 2007, se prohibió en Canadá el uso de ciertas máquinas tragamonedas porque parecían ejercer influencia subliminal en la gente.

Estos mensajes subliminales podrían utilizarse para erradicar hábitos dañinos, como las adicciones, aunque los efectos temporales de esta técnica le reste efectividad.

Internet se puede convertir en una ventana hipnótica y de hecho ya lo es en forma incontrolable.

La televisión también nos envía mensajes de todas clases: ideas políticas, modas, lenguaje, usos y costumbres, valores, publicidad manifiesta y también encubierta, o sea formando parte de la ficción, y todo esto influye notablemente en todos nosotros, ya sea en el momento de comprar productos, de elegir marcas, de vestirnos, de peinarnos, de hablar, etc.

Los líderes que se destacan por su magnetismo también ejercen una influencia en los que les prestan atención; de nosotros depende aplicar nuestro discernimiento a la hora de tomar decisiones.

Fuente: Revista “Investigación y Ciencia – Mente y Cerebro”, Estímulos Subliminales, Christoph Uhlhaas, filósofo y divulgador científico, marzo/abril 2010.


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La Naturaleza de la Conciencia

La conciencia es la matriz de toda experiencia y aunque no sea un objeto apto para medir con los instrumentos de que dispone la ciencia, finalmente se ha convertido en un tema aceptable de estudio en Occidente.

En Oriente ha sido diferente, dado que la conciencia ocupa un lugar central y se considera que ella es la que construye la realidad.

Para los orientales, aclarar la propia conciencia es la meta más alta, el camino hacia la salud psicofísica y la posibilidad de lograr la iluminación; objetivos que se proponen tanto las disciplinas de la conciencia como las religiones.

La psicología transpersonal trata de lograr una síntesis del conocimiento que tienen los orientales sobre la conciencia con el pensamiento empirista de Occidente.



El reconocimiento de una serie de estados alterados de conciencia, que hasta hace poco tiempo fueron ignorados por la Psicología Occidental, ha renovado el interés de los investigadores en el estudio de los fenómenos capaces de modificar la concienca, que anteriormente se podían provocar con el uso de sustancias alucinógenas, pero que actualmente se logran por medio de técnicas como la meditación, el yoga y la biorretroalimentación.

Estos estados de conciencia alterados comprenden una amplia gama de fenómenos, mucho mayor de la que se cree, que abarca desde estados psicopatológicos y la vigilia cotidiana; hasta alcanzar estados superiores.

Estos estados superiores poseen capacidades que son habituales, más otras adicionales, que se llegan a vivenciar en ocasiones como experiencias de trascendencia de los límites del yo y de la identidad.

Las observaciones indican que ciertas capacidades o funciones dependen de cada estado de conciencia, quiere decir por ejemplo, que lo que se aprende en un estado puede no ser recordado en otro, o que las visiones que se tienen en un estado pueden no ser comprendidas en otro.

Esto representa un problema para la psicología de Occidente, que vio la limitación pero no reconoció el potencial que pueden tener estas técnicas.

La psicología transpersonal se ha interesado particularmente en estos estados alterados de conciencia para lograr el bienestar psicológico, poniendo en primer lugar a la conciencia.

Esto no implica que se ignoren otras teorías psicológicas importantes sino que representa un intento de considerarlas desde una perspectiva más amplia.

La meditación es una de las bases para el crecimiento psicológico superior, cuando se le incluye un entrenamiento específico que induzca distintos estados de conciencia, convirtiéndose a la vez en el medio y el fin del intento.

La salud mental se relaciona estrechamente con el desarrollo de la conciencia y algunas disciplinas consideran que la enfermedad es sólo inconsciencia.

Ken Wilber señala que desde la antigüedad se afirma que existen estados de conciencia superiores, que permiten producir una profunda penetración en la naturaleza de la realidad y de la conciencia.

Cada nivel está relacionado con una forma de vivir, tanto la experiencia como la identidad; que va desde lo que se conoce como identidad suprema, conciencia de Cristo, Budeidad, conciencia cósmica o mente suprema, que es la fuente de todas las religiones y de las disciplinas de la conciencia; hasta bajar a la identidad asociada con la conciencia del Ego.

La potencialidad de alcanzar estos estados transpersonales profundos que se pueden interpretar como religiosos o psicológicos, se encuentra latente en todos nosotros

Fuente: “Mente y naturaleza” y “Unidad necesaria”, Gregory Bateson.


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El Rumor, estrategia en tiempos de crisis

Los rumores se propagan fácilmente porque hallan terreno fértil en la sociedad que vive un momento de crisis.

En uno de los estados de Norteamérica, antes de que terminara la segunda guerra mundial, un docente chino llegó hasta ese lugar y preguntó a uno de sus habitantes cómo tenía que hacer para alcanzar la cima de una colina próxima.

Después de una hora, comenzó a circular el rumor de que un espía japonés estaba tomando fotografías de la zona desde el punto más alto de la ciudad.

Algo similar está ocurriendo ahora con la filtración de información confidencial en medios diplomáticos de los Estados Unidos sobre personalidades políticas destacadas en el mundo.



Los rumores surgen de improviso de fuentes informales a partir de un hecho real que por lo general es intrascendente y sin fundamento serio, cuyo tema, de acuerdo a las circunstancias, puede servir para captar el interés de la mayoría.

Son chismes que se propagan como reguero de pólvora y se apoderan de la atención popular y que los medios de comunicación convierten, según el eco que despierten, en el tema del día, de la semana o del mes si da para más.

Las víctimas de un rumor son personas destacadas, políticos, gente del espectáculo famosa, millonarios, empresarios conocidos y todo aquel que pueda impresionar al público con algún escándalo, alguna trasgresión, alguna conducta inapropiada, con la revelación de un secreto inconfesable o con alguna frase que dijo alguna vez que sirva para la polémica, generalmente fuera de contexto.

La persona más expuesta a ser criticada, analizada, cuestionada, observada y triturada con la máquina de picar carne que utiliza el periodismo, es la que tiene a su cargo un cargo público.

Esas personas suelen ser catalogadas todas con la misma vara y se convierten en blanco de rumores, murmuraciones, trascendidos que comienzan generalmente con algún suceso y que pueden convertir en un escándalo y transformarse en un monstruo difícil de neutralizar, porque se fue generando con el aporte de todos los que lo difundieron adornado con sus propias ideas y prejuicios.

Esta deformación que sufre una información a veces llega a hacer desaparecer el núcleo que le dio origen y puede crear otros infundios mediante la acentuación de datos comprometedores, la omisión sistemática de todo lo que lo haga parecer inocente y la interpretación que puede hacer cada uno, según sus esquemas mentales pre existentes.

La gente por lo general escucha un trascendido que le interesa, pero sólo recordarám el veinte por ciento de la información, porque la memoria es frágil y se tiende a llenar los espacios vacíos con inventos.

Además la información periodística es siempre parcial e incompleta, cuando no también falsa, y lo que recibe el que escucha es apenas una parte de un relato que carece de detalles específicos y de fuentes fidedignas, porque el resto queda en una nebulosa que difícilmente se despeja algún día.

Un rumor puede ser la chispa que hace estallar un barril de pólvora, porque la forma de relatar el suceso y la intención oculta de coincidir con ese contenido, puede exacerbar los ánimos sensibilizados por otros candentes temas.

Un rumor, aunque no esté confirmado, puede provocar pánico, hacer caer a la bolsa de valores, provocar la quiebra de un banco, desestabilizar un gobierno, destruir una familia, terminar con un matrimonio y hasta mover a alguien a cometer un suicidio o un asesinato.

Antes de contribuir a difundir un rumor, pensemos qué intereses está favoreciendo y si dudamos de su procedencia, no le hagamos el caldo gordo.

Fuente: “Psicología del Rumor”, Gordon W. Allport, Leo Postman.
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