Padres equilibrados y coherentes hacen que sus hijos sean futuros adultos sanos y felices.

Cumplir el rol de padres sin ambigüedad, permite que los hijos también aprendan a asumir los roles que tendrán que ejercer en sus propias vidas.

Los niños tienen que ver conductas éticas y respeto por los valores humanos en sus padres para poder incorporar en sus vidas el mismo comportamiento ético y los mismos valores.

La comunicación abierta y fluida y el reconocimiento de los logros y cualidades ayuda a los hijos a confiar en si mismos, y aprender a conocerse desde la infancia.

Los niños que reciben reconocimiento de sus padres podrán ser personas seguras de si mismas y estimarse y quererse.



Desde la edad temprana, los padres tienen que apreciar los aciertos de los hijos y minimizar sus errores, los cuales son útiles y necesarios para aprender de ellos.

Los padres son los espejos en los que se miran los hijos; y esa imagen proyectada de ellos mismos, debe ir acompañada de palabras que les señalen y les confirmen su valor como personas únicas.

La expectativa de rol de un padre es que asuma la autoridad y que sea el principal sostén de la familia. La sociedad aún espera que el hombre asuma el liderazgo, en lo que se refiere a las reglas que todos tienen que cumplir; las cuales no pueden ser negociables.

La madre representa la imagen de la protección y el afecto y es importante que no asuma el rol del padre, ni siquiera estando sola, ya que tiene que darle la oportunidad al ausente de asumir su rol, aunque no viva con ellos.

Los litigios entre los padres, cuando se separan, suelen distanciar al padre de los hijos, situación que pone en riesgo las identificaciones necesarias para su desarrollo normal.

Es necesario que los padres propicien la independencia de sus hijos, pero no la anarquía. Ser independiente significa aprender a confiar en si mismo y no necesitar bastones ocasionales para transitar por la vida.

El juego es indispensable para un niño, porque con el juego se aprende a vivir “como si” fuera verdad, a través del ensayo y el ejercicio de roles.

Los niños se relacionarán en sociedad de la misma forma en que lo hacen los padres. Padres gruñones, amargados y resentidos difícilmente tengan amistades duraderas, porque tenderán a competir y a no tolerar sus éxitos.

Ejercer el rol de padres implica actuar con lógica y sentido común, tener constancia, presencia en el hogar, paciencia y firmeza para poner límites.

Los límites son imprescindibles, porque significan hacerles saber que la libertad no significa ser libre de la responsabilidad que le corresponde a cada uno por sus actos, sino ser libre para realizar su potencial como persona única y distinta.


Dar el ejemplo es la regla básica para educar a los hijos. Un padre que no trabaja, que tiene hábitos dañinos, que engaña a sus clientes o al fisco y hasta a sus amigos; está enseñando a sus hijos que pueden hacer lo mismo.

Todo esto no significa que los padres tienen que esforzarse para ser perfectos, sólo tienen que ser quienes son y escuchar la voz de sus conciencias.

Tener un hijo es una tarea de tiempo completo hasta su mayoría de edad, porque aunque no estén en todo el día con él, tendrán que ocuparse de buscar un reemplazante debidamente capacitado y continuar ejerciendo el rol a distancia; porque la obligación de ser responsables de los hijos menores se puede delegar transitoriamente, pero no se abandona nunca.

Todo padre tiene que saber, que lo que no hace por sus hijos cuando es un niño, lo tendrá que hacer doblemente con mucho sufrimiento cuando sea adolescente, porque todos los hijos en algún momento pasan la factura.