Aunque, como en la mayoría de las sociedades industrializadas, la incidencia del divorcio está aumentando en el estado español de manera imparable desde su legalización en 1981, en el momento actual, no existen en castellano instrumentos que evalúen la adaptación al divorcio del grupo familiar, tal y como existen en otros ámbitos culturales, como por ejemplo el anglosajón. Como consecuencia, ésta es evaluada de manera indirecta, mediante el nivel en que determinados rasgos psicopatológicos que, a veces, acompañan al divorcio, están presentes: ansiedad, déficit escolares, cognitivos y sociales, problemas de conducta y autoestima en los hijos, depresión o ansiedad en los progenitores.


   


Creemos que sería conveniente la creación o adaptación de instrumentos que puedan evaluar los efectos y consecuencias del divorcio–separación utilizando datos procedentes de nuestro entorno cultural. Con este objetivo en mente hemos creado el presente cuestionario que cuenta con un número relativamente reducido de ítems (20), que proporcionan información sobre un amplio espectro de la dinámica familiar post-divorcio.

Participantes y entidades colaboradoras

En este estudio participaron un total de 223 progenitores divorciados o separados y 160 de sus hijos e hijas. La participación fue voluntaria y el único criterio de inclusión que se contempló fue el hecho de tener hijos/as.

La Confederación Española de Puntos de Encuentro Familiar nos facilitó el contacto con profesionales de diversos Puntos de Encuentro del estado. Colaboraron los Puntos de Encuentro Familiar de Galicia (Ferrol, Vigo, Santiago de Compostela, Ourense, Pontevedra, A Coruña), Euskadi (San Sebastián, Irún, Portugalete, Bilbao), Valencia, Ceuta y Toledo. Asimismo, hemos contado con la colaboración de profesionales de los Centros de Apoyo a la Familia del Ayuntamiento de Madrid.

El contacto con las asociaciones de padres y madres separados o divorciados se realizó a través de la Confederación Estatal de Padres y Madres separados (integrada, entre otras, por la APFS -Asociación de Padres de Familia Separados de Madrid-, FASE, federación andaluza de padres y madres separados, la Asociación gallega de padres y madres separados, y KIDETZA, la Federación vasca de padres y madres separados). Desde aquí, nuestro más profundo agradecimiento a todos ellos.

El Cuestionario de adaptación al divorcio–separación, CAD-S

El tiempo necesario para este test es de unos 10 minutos, aproximadamente, incluyendo la aplicación y corrección. Consta de cuatro subescalas: tres de ellas se refieren a aspectos que dificultan la adaptación al divorcio -dificultades psicológicas de los progenitores, conflicto con la ex-pareja y consecuencias negativas del divorcio para los hijos-, mientras que la cuarta, disposición a la coparentalidad, se puede considerar como un factor de ajuste a la nueva situación. Su corrección es sencilla, bien utilizando formato papel, bien por medio de un soporte informático suministrado con el test.

El resultado obtenido está compuesto por una estimación global, positiva o negativa, de la adaptación al divorcio–separación del grupo familiar, así como por las puntuaciones de las cuatro subescalas mencionadas.

Ventajas del CAD-S

Creemos que este test, al ser de aplicación sencilla, y estar compuesto por un número relativamente reducido de ítems, permite al profesional que trabaja en el ámbito del divorcio–separación obtener una evaluación del nivel de adaptación al divorcio del grupo familiar, incluido el del propio progenitor que responde. Este instrumento puede suponer una ayuda en la toma de decisiones judiciales, en la evaluación de los resultados de programas realizados con el objetivo de paliar los efectos del divorcio en niños y/o adultos (Yárnoz, Plazaola y Etxeberria, 2008) o en el trabajo realizado en los Puntos de Encuentro Familiar o dispositivos similares.


Conclusiones de cara al trabajo con progenitores divorciados y sus familias

Nuestros datos sugieren que las puntuaciones obtenidas por los progenitores en función de su ajuste al divorcio correlacionan de manera estadísticamente significativa con variables asociadas al bienestar psicológico de los distintos componentes del grupo familiar (satisfacción vital, en el caso de los progenitores, y problemas de conducta de los hijos e hijas). Además, la satisfacción vital es más elevada en los progenitores con un mayor ajuste al divorcio, y sus hijos e hijas presentan índices más bajos de problemas de conducta.

Estos datos están en la línea de diversos estudios que han demostrado que lo que compromete un adecuado funcionamiento de niños y adultos no es el divorcio en sí, sino el nivel de conflicto marital y parental, así como las relaciones desestabilizadas con los progenitores que éste genera. En la consideración del divorcio como un proceso de pérdida y duelo (Yárnoz-Yaben, 2008), donde el apego emocional hacia la ex-pareja juega un papel importante, el conflicto está, paradójicamente, al servicio del mantenimiento de la relación. Las posturas extremas dificultan sobremanera la adaptación al divorcio de los adultos, y por tanto, la de los niños a su cuidado, dando lugar a consecuencias negativas de la separación para los hijos.

La resolución emocional del apego hacia la ex-pareja tiene lugar cuando las personas divorciadas son capaces de mantener una percepción equilibrada tanto de los aspectos positivos como negativos del ex junto con poca o ninguna activación emocional. Ésta es, a nuestro juicio, la única posición desde la que la coparentalidad puede ser sana y responsablemente ejercida.