Los hermanos condicionan la personalidad, el lugar que se ocupa en la familia y el desarrollo de la identidad.

Los mayores son modelos que pueden servir de ejemplo para sus hermanos menores; los del medio pueden ser más rebeldes y tener mayor apertura a lo nuevo y los hijos únicos parecen no sufrir ninguna desventaja en su desarrollo debido a su condición, pero pueden tener que cumplir mayores expectativas de sus padres; y vivir las rupturas familiares con mayor intensidad.


La relación de hermanos puede brindar seguridad mutua, pero también generar sentimientos contradictorios, por un lado afecto, intimidad, complicidad y proximidad; y por otro, celos, competencia, envidia y hasta odio.

El hecho de compartir el mismo ámbito familiar, recuerdos en común y toda una historia familiar hace que la relación entre hermanos sea una de las más duraderas, aunque en la edad adulta pueden distanciarse, cuando cada uno forma su propia familia y se dedica a su profesión.


Los vínculos fraternos, junto a los de los padres, constituyen para un sujeto las relaciones primarias que son las que le permitirán el acceso natural a la sociedad y a las relaciones secundarias.

El psicólogo evolutivo Grank J. Sulloway, de la Universidad de California en Berkeley, en su libro “Rebeldes de Nacimiento”, trata el tema de la diferencia entre los hermanos primogénitos con respecto a los que les siguen.

Los primogénitos suelen ser más obedientes y adaptados en tanto que los nacidos después, tienden a confrontar más a los padres y a los demás familiares. Sulloway llegó a esta conclusión luego de analizar los resultados de una encuesta realizada a diez mil norteamericanos.

En esta investigación, los hermanos del medio se atrevían a disentir y tener puntos de vistas distintos. Esta diferencia no se relaciona con los genes sino con la necesidad de lograr en el seno familiar, una posición destacada; y con respecto a los hijos únicos, la mayoría de ellos desearon alguna vez tener hermanos.

A medida que los hermanos crecen, cada hijo alcanza su propio lugar en la familia que ha logrado mediante estrategias adquiridas y con el desempeño de distintos roles para obtener atención y reconocimiento.

La búsqueda del propio lugar, suele plantear problemas, principalmente a los hermanos del medio, que tiene dos posibilidades, superar al mayor en algún aspecto mostrándose más simpático e ingenioso o bien destacarse con el intelecto.

Es frecuente que después de un hijo primogénito tranquilo, le siga un hijo rebelde. Sin embargo la diferencia entre hermanos se explica principalmente por la necesidad que tiene cada uno de ser diferente.

A veces, los padres no pueden comprender estas diferencias, convencidos de haberlos educado a todos igual.[/i]

La rivalidad y los celos forman parte de la relación fraterna y son saludables, siempre que les sirvan de estimulación; y en este caso, el comportamiento de los progenitores es un factor importante.

En las familias muy numerosas, los padres son considerados por los hijos como más fríos en su relación con ellos, seguramente debido al consecuente exceso de responsabilidad que tienen que enfrentar.

Los hermanos del medio, al desempeñar un doble rol, de hermano mayor de uno y menor de otro, suelen adquirir una mayor habilidad diplomática.

Para Alfred Adler (1870-1937), fundador de la Psicología Individual, los hermanos nacidos en último término pueden tener sentimientos de inferioridad, por tener una perspectiva más limitada de los acontecimientos familiares, pudiendo desarrollar por ello un deseo más fuerte de reconocimiento y una mayor ambición, aunque esto no se ha demostrado empíricamente. Por otro lado, los más chicos pueden contar con sus hermanos mayores para lo que necesiten y además suelen ser los más consentidos tanto por sus hermanos como por sus padres.

La característica fundamental de la relación entre hermanos es su ambivalencia. Por un lado puede representar apoyo mutuo y ser relevante en el desarrollo de la identidad; pero por otro puede ser competitiva y limitante, una relación que valora y a la vez critica y en la que existe amor y odio.

Con el tiempo, los hermanos suelen transferir las experiencias que han vivido en familia a sus compañeros de escuela, a sus amigos y a otras relaciones sociales.

Fuente: “Mente y Cerebro”; No.51/2011; “Lazos que marcan para siempre”; Jürg Frick; “Rebeldes de nacimiento”; F. J. Sulloway.