Toda organización social es un sistema de status sociales y un sistema de roles, y el hombre individual como miembro de esa sociedad, ocupa una posición o status social y desempeña distintos papeles o roles.

El status es el puesto que le corresponde a cada miembro en un sistema social y los roles son los papeles que cumple.

El concepto de status se refiere, desde el punto de vista formal, al rango de la jerarquía que se ocupa en un grupo, con la capacidad para influir sobre los demás integrantes y sobre el desarrollo de esa organización.

Corresponde a la cualidad de status la jerarquía militar, los maestros en una escuela, el director de una empresa, los jefes de cualquier grupo de trabajo, el padre de familia y todo aquel que tiene una función de autoridad.

El término status también se relaciona al prestigio que un individuo tiene en un grupo social, por la posición que ocupa, aunque no tenga autoridad sobre él.

Los factores que determinan en este caso el status pueden ser: el nacimiento y el origen, la edad, el sexo, la raza, clase social o la profesión.



En la Edad Media existía la posición de noble, que aún existe en algunas culturas monárquicas.

Schopnhauer, en su trabajo “Sobre las mujeres” designa al sexo femenino como secundario, status que la mujer ocupó durante mucho tiempo en la sociedad occidental hasta su emancipación a partir del siglo XIX.

El status es diferente según la cultura y puede ser adjudicado o adquirido generalmente por rendimiento.

El papel o rol en cambio, es el conjunto de actitudes, modos de comportamientos o convicciones, que se esperan despliegue un individuo según la posición que ocupa y las tareas y modos de conducta que se relacionan con ella.

El rol se experimenta como una vivencia interior y un mandato interno, en cuanto a los derechos y las obligaciones ligadas a él en un determinado contexto.

Se pueden desempeñar muchos roles sociales, como por ejemplo el de esposo o esposa, padre o madre, hijo, hermano, jefe, subordinado, patrón, profesional, maestro, alumno, adversario, colaborador, competidor, consumidor, hombre, mujer, joven, niño, etc.

De todos los roles sociales se espera una forma de comportamiento, una determinada actitud que responde a un conjunto de valores, que pueden ser distintos según los sexos o la edad.

Cuando el rol es ambiguo, por ejemplo el del adolescente, que no es ni un niño ni adulto, o el del homosexual, que no es ni hombre ni mujer, se produce un conflicto, por falta de aceptación social, rechazo, discriminación, prejuicio y carencia de modelos fijos como parámetros.

El status y el rol se diferencian conceptualmente pero se relacionan, ya que al status le corresponden expectativas de roles.

El status se recibe o se adquiere y los roles se aprenden y se integran.

La falta de cumplimiento de los roles produce desorganización y trastornos en un grupo y puede llegar a disgregarlo y disolverlo.

Si los roles que se esperan de un padre, como representante de la autoridad y sostén, y de una madre, como formadora emocional y afectiva de sus hijos; no se cumplen, y el padre es holgazán e inestable y la madre egoísta e incapaz de dar amor, la familia se perturba y la descendencia aprende a hacer lo mismo.

El papel de los hermanos es útil porque sirve de entrenamiento para aprender a compartir y a no pensar solo en si mismo.

Los roles son complementarios, o sea que para cada rol existe otro contrapuesto y una relación interpersonal correspondiente entre ellos.

Según las expectativas, los roles pueden generar actitudes subjetivas como confianza o desconfianza, obediencia o rebeldía, aceptación u oposición, colaboración o rivalidad, celos o resentimiento; y cuanto más estrecha sea la conexión o el vínculo entre los miembros y más cosas en común realicen, mayor será la posibilidad de la ocurrencia de cualquiera de estas oposiciones tanto negativas como positivas.

Por ejemplo, en una pareja puede haber mucho amor pero también mucho odio, mucha colaboración y también mucha rivalidad, etc.[/b]

Fuente: “El Hombre como ser social”, Philipp Lersch, Editorial Scientia, 1967.