Siempre queremos tenerla a nuestro lado, pensamos que es un ser inmortal, y por esa razón, nunca pensamos que como ser material, también ha de desaparecer, ha de dejar este mundo y a dejarnos en soledad.

Cuando esta persona tan amada, se convierte en lo inerte, llega a nuestra mente toda clase de pensamientos, gratos y no muy gratos, pero al fin de cuentas, todos ellos salidos por la relación que tuvimos con nuestra madre.

Nos sentimos desfallecer, queremos acompañarla en su viaje eterno, observamos todo lo que nos rodea y allí, vemos a ese ser tan querido, tan amado, que nos dio la vida, que nos educó con su ejemplo y que siempre veló por nuestro bienestar, que no escatimó esfuerzo alguno para buscar nuestra superación, para hacernos sentir bien, para defendernos del mal.

No queremos que se vaya, siempre deseamos que permanezca a nuestro lado y aún habiendo fallecido, en nuestro pensamiento perdura.