Entre el seis y el diez por ciento de la población mundial sufre de hiponcondría, que es el miedo irracional a enfermarse.

Cualquier molestia orgánica o dolor ocasional es suficiente, para que estas personas tengan la certeza de padecer una enfermedad terminal y la amenaza de una muerte cercana.


El hipocondríaco, es el que está convencido que está enfermo, aunque los médicos le aseguren que está perfectamente sano.


Se trata de un temor infundado que se experimenta sin tener ningún diagnóstico confiable que lo avale; de una certeza, preocupación y convicción de estar enfermo o al borde de la muerte, en virtud de una falsa interpretación y un erróneo diagnóstico, inferido a partir de eventuales síntomas orgánicos.

Este temor continúa afligiéndolos aunque todos los exámenes que les realicen no acusen ninguna anormalidad y el médico les asegure que no existe ninguna patología.

Esta creencia no es una enfermedad mental grave, pero es un trastorno psicológico que dificulta la vida laboral del paciente, perturba su entorno social y sus relaciones, y obstaculiza cualquier otra actividad que habitualmente realiza.

Si el paciente se somete a un tratamiento médico y busca un apoyo psicológico adecuado, este trastorno en pocos meses puede mejorar.

Antiguamente se pensaba que se trataba de un problema orgánico, pero posteriormente se comenzó a considerar como un problema psicológico, pero es probable que en alguna medida estén comprometidos ambos niveles.

Cualquier síntoma que generalmente es producido por el estrés, estas personas lo atribuyen a enfermedades graves; y esos pensamientos les crean la necesidad imperiosa de consultar a distintos médicos, obligándolos a deambular por los consultorios de diferentes especialistas. Aunque hay casos en que ni siquiera se animan a consultar a un médico por temor a confirmar sus sospechas más temidas.

Los dolores corporales son muy subjetivos y no todos sienten de la misma manera aunque se trate de la misma patología.

El hipocondríaco se siente muy vulnerable, es vencido por su propia sugestión que es la que aumenta su ansiedad y le hace interpretar sus sensaciones físicas como dolorosas, haciendo que su percepción sea tan real como la de una enfermedad verdadera.

La personalidad de estos pacientes se caracteriza por la baja autoestima y pueden ser melancólicos, narcisistas, obsesivos, ansiosos o depresivos.


No todas, sino cualquiera de estas características pueden estar presentes en esta patología, que afecta por igual a ambos sexos.

Desde el punto de vista psicoanalítico, a nivel inconsciente, puede tratarse de personas que hayan reprimido su gran hostilidad hacia personas significativas durante su infancia, que estén proyectando hacia el exterior su culpa y que ésta regrese en forma de castigo.

A veces, este trastorno aparece en circunstancias en que algún familiar cercano o amigo fallece debido a una enfermedad grave, o por tener una constitución débil, o por estar inmerso en un contexto familiar aprensivo, demasiado obsesionado por el cuidado de la salud, que puede transmitirle la misma preocupación agravada a sus descendientes.

Pero lo que encubre principalmente la hipocondría es el miedo a la muerte.


Como bien expresó alguien que me hizo alguna vez un comentario sobre este tema, sólo se muere una vez, pero los hipocondríacos mueren todos los días.