Para retomar el artículo anterior y ampliar un poco respecto del aspecto simbólico del fantasma, voy a referirme sintéticamente al texto freudiano de “Pegan a un niño”. Un texto que aborda la problemática de la génesis de la perversión, mediante el análisis de un fantasma masoquista.

Freud se basa en seis casos (dos mujeres y cuatro varones) para abordar este tema, casos en los que curiosamente no existe una perversión. Por el mismo Freud nos enteramos que se trata de tres casos de neurosis obsesiva, una histeria, una “psicastenia”, y del otro no dice nada.


¿Cómo es eso? ¿Cómo aborda este problema de la perversión en casos de no perversos?

La cuestión es que la posición del sujeto en el fantasma puede ser perversa pero no se trata de una Perversión como estructura clínica. Lo que hay de perverso en un fantasma neurótico tiene que ver con su relación al goce del Otro. Porque el objeto que el sujeto se hace ser en el fantasma funciona como “tapón” del deseo del Otro.

Lacan analiza este texto freudiano en el Seminario 4 “Las relaciones de objeto” y en el Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente”.

La fantasía de “Pegan a un niño”, nos dice Freud en ese texto, suele aparecer frecuentemente en pacientes que lo consultan. Esta es una fantasía que se enlaza a sensaciones de placer, lo que lleva a la repetición de la misma. Esta misma fantasía lleva a satisfacerse sexualmente mediante la masturbación, que en principio suele ser por propia voluntad, pero puede llegar a tener un carácter obsesivo. No es sin resistencias que llega el paciente a confesar tal fantasía, ya que aparecen como resto la vergüenza y la culpa, más aún que en otras confesiones que pueda hacer el paciente sobre su vida sexual infantil.

De esto se desprende entonces: un placer asociado al fantasma, la satisfacción sexual en la que culmina dicha fantasía, la resistencia analítica, y la vergüenza y la culpa que deviene al confesarla.

Hay algo más que se desprende del texto freudiano que tiene una importancia crucial, y es que esas fantasías generalmente están por fuera de la novela neurótica del paciente.

La importancia de este dato que nos arroja Freud es que en principio este “no encajar” en la neurosis del paciente, el hecho de que no tenga que ver con los síntomas, tiene que ver con el aspecto real del fantasma.

Freud ubica en el texto el sujeto y el objeto en esos tres tiempos de la fantasía. La relación entre el sujeto y el objeto implica un contenido simbólico; tiene una significación.

En la primera frase tenemos: “el padre pega al niño odiado por mí”. La significación que desprende de este tiempo de la frase es que “el padre no quiere a otro niño, sino a mí”. Esta fantasía satisface los celos de la niña en relación a su hermano/rival.


La segunda fase es la más importante: “yo soy golpeado por mi padre”. Los personajes son los mismos, pero la significación es otra, con un marcado carácter masoquista. De esta fase se obtien un placer que vinculamos a lo que les dije del fantasma fundamental: lo que no se articula con palabras y es necesario construirlo por los efectos que esto tiene para el sujeto. Esta frase es inconsciente, nos dice Freud.

¿Cómo se pasa de la primera a la segunda fase de la fantasía? Porque la culpa que genera la primera fase encuentra su castigo en la segunda. Una culpa que implica ese amor incestuoso por el padre, derivando en una posición masoquista, perversa, respecto del padre.

La tercera fase es similar a la primera: “pegana un niño”. La diferencia es que la persona no es el padre sino un sustituto (un maestro o alguna autoridad) y la propia persona del sujeto no aparece, sino que hay subrogados del niño.

Esta fase adquiere una forma sádica pero la satisfacción sigue siendo masoquista. Es esta misma fase la que lleva muchas veces a la masturbación, como dice Freud al principio del texto.

Hasta aquí, un comentario acotado de este texto riquísimo que tenemos de Freud y que tantas enseñanzas nos deja en varios temas clínicos en psicoanálisis.