Superar mejor o peor el duelo no es una cuestión de cariño. Personas que sentían verdadera devoción por sus conyugues ha sido perfectamente capaces de atravesar la delicada fase de duelo sin mayores complicaciones. Sin embargo, otras personas que en consulta declaran no haber sentido apenas amor por su difunto/a llegan a caer en el pozo profundo de la depresión.


Los mecanismos de defensa de una persona deben encontrarse siempre a punto para superar cualquier contingencia pero, en ocasiones, esto no es así.

Problemas personales adicionales, dificultades económicas, excesiva carga familiar sobrevenida, muerte o marcha traumática de la persona amada, antecedentes de depresión... Estas y otras circunstancias pueden alargar y/o complicar un duelo que debería ir remitiendo de forma natural al pasar de varios meses, sobretodo cuando nuestras defensas psicológicas no se encuentran en su mejor momento.

Llama la atención el caso de algunas personas con francas dificultades para superar el duelo, al observar cómo han sufrido escasos reveses en sus vidas. Esto ha impedido el desarrollo de la capacidad de afrontación necesaria para este duro trance vital.

No se sienta mal si no tiene accesos de tristeza incontenible pasadas varias semanas tras la pérdida. Nuestra herencia cultural nos ha llevado a asociar el amor al sufrimiento por la ausencia, pero esto no es así.