Los estudiantes del nivel secundario llegan a la Universidad con una formación deficiente.

Esto es lo que advirtió el Dr. Manuel Mora y Araujo, educador, abogado y sociólogo, en oportunidad de su desempeño como rector de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), según expresó en la entrevista que mantuvo con Mariano de Vedia para el diario La Nación.

Creo que tiene razón porque se puede constatar en Internet, el bajo nivel que muestran muchos universitarios; como poca educación, falta de conocimientos y de vocabulario, distorsión del idioma y faltas de ortografía, incluso los que están a punto de recibirse.



Hoy en día algunos profesores del colegio secundario no corrigen las palabras mal escritas en los exámenes porque consideran que no les corresponde, acentuando la desconexión con otras asignaturas.

El ciclo introductorio para ingresar a la Universidad, no es suficiente para paliar no solo los errores ortográficos sino las serias falencias de la formación secundaria, donde los alumnos aprueban las materias pero siguen con las mismas carencias que arrastran desde la escuela primaria.

Mi experiencia como profesora en una escuela secundaria, me sirvió para convencerme de no volver jamás a intentar otra y resolver dedicarme a ejercer mi profesión en otras áreas; porque el sistema educativo del nivel secundario es una estructura fosilizada, rígida y pacata, donde no hay lugar para la motivación, ni para que los alumnos aprendan a aprender, a pensar por si mismos, o a relacionar su estudio con el trabajo.

El sistema, en lugar de evolucionar para lograr que los alumnos puedan brindar a la sociedad lo mejor de si mismos, retrocede, encerrada en una torre de marfil y con la ineficacia de muchos profesores que no tienen una adecuada y actualizada formación docente.

En lugar de intentar captar el interés de los alumnos que molestan porque se aburren, los apartan, los condenan y los etiquetan, quitándole la oportunidad de provocar su interés.

La raíz de este problema no son los alumnos, porque cuando un alumno no aprende la responsabilidad es del profesor.

Es cierto que tanto la formación como la educación y socialización primaria de un niño es responsabilidad de los padres, pero la escuela es la que debería continuar con esa formación y la que debería tener a su cargo la socialización secundaria, o sea la enseñanza de las normas de comportamiento social y cívico para que los jóvenes puedan insertarse en forma armónica en la sociedad.

La escuela es la primera experiencia social de un niño, que independientemente de cómo haya sido su educación en el hogar, debería ser la institución capaz de compensar las carencias educativas individuales y llenar los espacios vacíos.

La enseñanza deficiente propicia la rebeldía y la disconformidad de los alumnos que no encuentran en ella ninguna motivación para estudiar.

La tarea docente ha dejado de ser una fuente de inspiración para los alumnos, porque muchos de los profesores están descontentos con su trabajo, no pueden controlar a sus alumnos y tampoco han recibido la capacitación que necesitan; y estas condiciones hacen que les contagien su propia frustración.

Los problemas más acuciantes del colegio secundario son: la falta de contención y de límites y la ausencia de motivación.


El alumno tiene que tener la oportunidad de ver el sentido práctico que tienen las asignaturas, porque todas lo tienen, hasta la materia más teórica o abstracta.

Cada una de las materias debería incluir técnicas de estudios y contemplar la relación que tiene con el mundo laboral, para facilitar el aprendizaje y despertar el interés y la curiosidad.

Un profesor debe contagiar entusiasmo y lograr un vínculo emocional con sus alumnos para que aprendan, e incluir a la información específica de la asignatura, los temas de actualidad que se relacionen, motivando a los jóvenes para que hagan lo mismo.

Los alumnos no se identifican con las materias sino con los profesores que los han conmovido emocionalmente enseñándoles esas asignaturas.

Brindar un curso de verano todos los años a profesores y alumnos sería una forma práctica de brindar la oportunidad para comenzar a cambiar.