Empezó la cuenta atrás, mis manos estaban sudorosas, mi frente llena de números imposibles, mi corbata  aflojada y mis dedos temblorosos agarraban con fuerzas las cartas del destino. Me había gastado todo lo que tenía pero quería más y más, la codicia parecía no tener fin. Años atrás había estado en la misma situación pero conseguí salir de aquella viciosa ruleta.


Mi ojos desorbitados miraban con atención el tablero , pero aquellas bolas parecían endiabladas por el mismo Satanás…¿ Por qué no salía mi maldita bola? ¿ Por qué?. No sólo estaba en juego mi reputación sino mi propia casa, aunque quizás ya lo había vendido hace mucho tiempo en aquel tormentoso lugar.

Los rivales atravesaban mi armadura de jugador perdido, adivinaban mis intenciones y sus jugadas eran increíblemente superiores a las mías, en aquel momento me sentí como un niño acorralado en el patio de un colegio,,.me quité el reloj y mientras suspiraba alzé la voz en alto y mis palabras pronunciaron la frase de la pervesión: “ Todo o nada”, pasaron segundos, minutos, horas, y días y seguía en aquel vicioso laberinto y en el cuento se acabó… y luego… acabé con él.

A día de hoy, aquí estoy… en la calle, jugando en una esquina maloliente, con un cartel donde pone: “ necesito ayuda, me arruiné”. Lo sé, es el mea culpa del perdedor., pero ya no puedo hacer nada …o si..no se. Estoy triste y sólo. Ahora cada día pasa un hombre que me recuerda a mí, a mi triste figura de plastilina arrugada, de juguete roto, de muñeco de trapo mojado, de tantas y tantas cosas que me confundo en la ya imposible honestdad.  A veces le doy la vuelta al cartel pero de las vueltas que de siempre pone lo mismo , y el hombre que pasa lo lee peo con sus ojos no para de decirme:

Ayer yo fui lo que tu eres hoy, y mañana seras lo que yo soy ahora. TODO O NADA.