En psicoanálisis clásicamente tenemos los grandes casos clínicos paradigmáticos de la psicosis, como son el caso Schreber, de Freud, y el caso Aimèe de Lacan -con el que hizo su tesis de Psiquiatría en los años ’30.

Es habitual entonces manejarnos con la idea de una “discontinuidad” entre Psicosis y Neurosis, y las nociones estructurales clásicas que nos permiten dividir de alguna manera en clases, lo que es Neurosis, Psicosis y Perversión. Así que esta manera de abordar la clínica nos ofrece un marco que nos garantiza una cierta certeza diagnóstica.


Pero, lo que actualmente es más claro y evidente es que hay cierta “continuidad”, que nos permite hablar ya no de clases, o de estructuras, sino más bien de “modos de goce”.

Lo cierto es que en determinado momento la comunidad psicoanalítica se vio llamada, convocada, a rever, a reconfigurar y revisar ciertas cuestiones que se nos plantean hoy en día en la clínica cotidiana, ya sea en instituciones o en la consulta privada.

Se podría decir que existe actualmente cierto aggiornamiento de la elaboración teórica y clínica que se había venido produciendo en el campo del psicoanálisis respecto de las psicosis.


Este aggiornamiento se ha puesto en marcha a partir del abordaje de elementos que Lacan forjó después del Seminario 3 (1955-1956) sobre “Las Psicosis”. Un texto que es fundamental tomar como base, como apoyo en nuestra práctica clínica.

Es decir que la cuestión está puesta en plantear una conversación entre la experiencia clínica y los marcos conceptuales existentes en la literatura clásica del pscioanálisis.

Hay un término que se ha propuesto que es el de “Neodesencadenamiento” que se ha utilizado para actualizar el concepto clásico de “desencadenamiento” de la psicosis, tal como está enunciado en el escrito de Lacan “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible para la psicosis”.

Una época de la enseñanza de Lacan marcada por la primacía del significante, de lo simbólico. Allí, el desencadenamiento implica fenómenos de cadena rota, como son las alucinaciones. Un retorno en lo real de algo que ha sido forcluido de lo simbólico: el Significante Nombre del Padre

Estas revisiones se hacen a partir de lo que la experiencia clínica nos enseña, a partir de sus desafíos. Y esto ha llevado a desarrollos posteriores de Lacan referidos a las psicosis, que consisten en considerar la “polaridad” entre “sujeto del goce” y “sujeto del significante”. Un planteo vinculado a la orientación creciente de la clínica por la cuestión de lo real y el aparejamiento del goce.

Este pasaje, estas conversaciones y replanteos, implican el paso en la enseñanza de Lacan de la clínica del significante a una clínica de los nudos y la topología.

La clínica borromeica, con la última enseñanza de Lacan, digamos que permite ir más allá de las estructuras, de las grandes clases con las que nos arreglábamos en la clínica para distinguir neurosis de psicosis.

La última enseñanza de Lacan, dpsicosis ordinaria fotoonde prima el registro de lo real en su formalización, nos permite ir más allá del Nombre del padre, en tanto operador teórico y clínico; la presencia o ausencia del significante del Nombre del Padre.

La pregunta que nos puede orientar, siguiendo las últimas conceptualizaciones de Lacan, es preguntarnos, en cada caso clínico, y orientarnos en su posibilidades de tratamiento, qué es lo que mantiene juntos los tres registros: imaginario, simbólico y real; o qué es lo que podría mantenerlos juntos.

Esto nos brinda otras herramientas que si nos orientamos sólo por la cuestión de la Forclusión del Significante Nombre del padre en la estructura.