Existen circunstancias en la vida que imponen el desafío de cuidar a un enfermo, y aunque se trate de un ser muy querido y ese trabajo se haga con amor, puede también generar sentimientos de hostilidad hacia esa persona y producir depresión.

Esta tarea, que está comprobado ocasiona un alto nivel de estrés, en general, está a cargo de mujeres, que debido a la prolongación de las expectativas de vida, suelen ser a su vez, también ancianas que no siempre están en óptimas condiciones para realizar ese trabajo.

Cuando se trata de personas jóvenes que tienen que cuidar a sus mayores, a veces deben realizar un cambio en su estilo de vida y tratar de compatibilizar horarios para cumplir con sus otras obligaciones y hasta disminuir la atención de su propia familia.

Lo ideal es contar con una ayuda extra hogareña, pero no siempre se puede solventar un gasto de esa naturaleza por mucho tiempo.

La peor situación es la del que tiene la responsabilidad de cuidar a una persona totalmente dependiente, con alguna enfermedad degenerativa cerebral que le impida desenvolverse por sí sola en todas sus necesidades.


En esos casos, en que el enfermo tiene largos períodos de tiempo en que no conoce ni a sus propios hijos, ni puede reconocer dónde se encuentra, lo mejor es hacer una reunión familiar y considerar la internación de esa persona en un establecimiento especializado en esos cuidados, que preferentemente quede cerca del domicilio del pariente más cercano.

Las personas que atienden a esos enfermos en esas instituciones, tienen una gran destreza en su trabajo y por lo general han elegido hacer esa tarea; y como no tienen compromiso emocional con los enfermos, pueden atenderlos en forma más eficiente sin mostrarse descontentos ni cansados, ya que se trata de su trabajo.

Si esta solución no fuera posible, para el familiar que tiene que hacerse cargo se trata de una tarea de tiempo completo que puede llegar a destruirlo, tanto físicamente como psicológicamente.

En estos casos, el que tiene que atravesar por esa circunstancia tiene que aprender a pedir ayuda a otros familiares, para no dejar de vivir su propia vida y abandonar todo para alienarse en una actividad que puede terminar con sus fuerzas y enfermarlo.

Cuando el enfermo exige atención permanente, es importante organizarse para todos los días de la semana con la colaboración y el compromiso de distintas personas y reservarse un día completo para sí mismo, para poder tomarse un merecido descanso.

Pensar en uno mismo en esos casos no es egoísmo sino que es prioritario si se desea seguir ayudando al enfermo, ya que si se pierde la salud, tal vez no haya nadie para reemplazarlo

A veces no se trata de no poder costear una institución sino del sentimiento de culpa que puede generar tener que internar un familiar querido que hizo todo por nosotros, como puede ser una madre.

Sin embargo, hay que aceptar las propias limitaciones, saber hasta dónde se es capaz de llegar en esa empresa, sin enfermarse; y tener la fortaleza de tomar una decisión que es difícil pero que es necesaria.[/i]

La persona que se encuentra en esa situación y siente que no puede cumplirla, es mejor que busque los medios para ser reemplazada antes de hacerlo por obligación; porque los enfermos, aunque no estén plenamente conscientes, también intuyen el rechazo y el malestar de quien los cuida.

No todos han nacido para cuidar un enfermo mucho tiempo, pero afortunadamente es una tarea que a algunos, por alguna razón, les gusta y que la pueden realizar con amor y hasta pueden llegar a considerarlo un privilegio.

De todos modos se puede hacer mucho por una persona enferma sin necesidad de estar siempre a su lado; como prestar atención a sus necesidades para mejorar su calidad de vida, ocuparse de controlar a quienes la cuidan y las condiciones en que se encuentra; cubrir los gastos y tomar las decisiones que exija la situación.

Dejarse vencer por los prejuicios y no ser capaz de cuidarse a sí mismo por el “qué dirán”, no ayuda al que se convence que está en una situación sin salida ni tampoco ayuda al enfermo; porque siempre hay otra salida.