Según investigaciones realizadas en las Universidades de Lieja y de Ginebra, las emociones se adhieren a los recuerdos, en cambio los acontecimientos neutros, que no movilizan ninguna emoción se olvidan y no influyen en la personalidad.

Los acontecimientos positivos son los que principalmente movilizan emociones y los que incluyen mayor cantidad de estímulos sensoriales relacionados con el ambiente, como la vista, el oído y el olfato.

Las experiencias emocionales perduran y se conservan nítidas por mucho más tiempo.

Las emociones estructuran la memoria y actúan en forma selectiva, manteniendo algunos recuerdos y otros no, según sea el estado de ánimo.


Estos recuerdos sirven para darle estructura a la identidad, actuar de manera coherente, tomar decisiones y poder proyectarse en el futuro.

Se recuerdan con preferencia los sucesos emocionalmente significativos que le dan sentido a la existencia.



Algunas patologías trastornan este mecanismo, como la fobia social, que es cuando la imagen del yo está desdibujada y débil y cuando sólo se recuerdan los malos momentos, condición que fortalece el miedo.

Los recuerdos emocionales que más tiempo permanecen en la memoria son los relacionados con el si mismo y no ocurre lo mismo con los que se refieren a otras personas.

Otro estudio reveló que se produce un efecto similar si se les pide a los voluntarios que participaron en el experimento, que anticipen un acontecimiento de su futuro con emoción positiva. Por ejemplo, un ascenso en su trabajo o un aumento de sueldo.

En estos casos, estas personas se mostraban más dispuestas a imaginar más detalles anticipando acontecimientos positivos que cuando tenían que anticipar algún hecho negativo.

En cuanto a la anticipación de sucesos relacionados con otras personas no hubo diferencias significativas en la forma de recordar ambos tipos de acontecimientos.

No todas las personas viven sus emociones abiertamente, muchos las inhiben.

Cuando se trata de personas que controlan sus emociones tienen una representación menos detallada de sus recuerdos y un menor compromiso emocional.

La vivencia de un acontecimiento tiene dos etapas, primero se decodifica la información y luego se consolida y almacena a largo plazo, principalmente cuando el hecho se reitera o si se habla mucho de él.

Los estudios demostraron que la emoción actúa en el período de consolidación.

La emoción realza los recuerdos, les da consistencia y vivifica las imágenes del pasado.

Por otra parte, los rostros sonrientes se recuerdan mejor que los neutros u hostiles. Esto podría explicarse por ser señales positivas y de aprobación hacia nuestra propia personas.

Los rostros son estímulos sociales que nos permiten tanto identificar a otra persona como también evaluar su estado de ánimo.


Este mecanismo, que prefiere y recuerda mejor imágenes de rostros y emociones de otros, es automático, no voluntario y funciona aún sin necesidad de concentrarse.

Las personas que padecen de fobia social, concentran toda la atención en ellos mismos, porque temen ser rechazados o causar mala impresión, manteniéndose distantes de la situación misma.

Estas personas recuerdan la información referida a ellas mismas más que el suceso en si, como si la hubieran visto desde afuera.

La memoria se relaciona con la identidad porque estructura nuestro recuerdo, en función a la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Un concepto positivo de uno mismo permite recordar los recuerdos positivos y proyectarse adecuadamente en el futuro.


Fuente: Investigación y Ciencia-Mente y Cerebro, “Las emociones, cemento del recuerdo”, Martial Van Der Linden y Arnaud D´Argembean.