La discriminación parece estar presente en todos nosotros, sin saberlo, en algún lugar de nuestra mente, y puede manifestarse en la conciencia en algún momento y avergonzarnos, contradiciendo nuestras intenciones y nuestras creencias.

Freud decía que los contenidos inconscientes se manifiestan en la conciencia a través de chistes, equivocaciones o actos fallidos.


No todo lo que está en el inconsciente puede erradicarse completamente para poder evitar estas incursiones en la conciencia que pueden contradecir la forma de pensar más comprometida.

Pensamientos que consideramos que hemos desterrado para siempre pueden permanecer en nosotros y aparecer sin permiso y sin darnos cuenta, alterando nuestra forma de percibir, nuestras expectativas y nuestros juicios.



Aún las personas abanderadas de una ideología, pueden mantener en su inconsciente, antiguas actitudes y prejuicios sobre los grupos sociales que defienden.

Las situaciones que activan y actualizan estos estereotipos ocultos en las profundidades del cerebro pueden ser ciertas experiencias relacionadas con ellos.

La discriminación humana es una consecuencia inmoral de nuestra tendencia a clasificar la realidad según determinadas características comunes.

Esta capacidad no es siempre consciente ya que la mente asocia las palabras con imágenes en forma inmediata.

La asociación de palabras es también un ejercicio práctico que puede revelar prejuicios según el significado simbólico del término que se elija para asociar.

Por un lado sería conveniente poder liberarnos de esas asociaciones que surgen espontáneamente, que pueden contradecir nuestros propios valores, pero es una capacidad que también necesitamos en la vida de todos los días.

Todos tenemos en alguna parte inconsciente ideas relacionadas a determinados grupos sociales, según la raza, el sexo, las preferencias sexuales, el esquema corporal, la ideología política, etc.; y algunos sucesos imprevistos o circunstancias sociales pueden actualizarlas en forma automática.

También la memoria hace diferencias porque nos acordamos mejor de los rostros de personas de nuestra raza que de otra.

Los estudios realizados sobre este fenómeno mostraron diferencias cerebrales en zonas de la amígdala, asociada a la vigilancia y al miedo, en personas de raza blanca, cuando observaban una serie de rostros de personas de raza negra.

En USA, la raza negra se vincula con el crimen y la violencia, movilizando emociones más intensas.

Los prejuicios suelen reforzarse a través de chistes, burlas y ofensas, que pueden tener un poder insidioso.

Muchos de nuestros prejuicios se instalan en nuestra mente antes de tener edad para discernir.

Los niños suelen tener las mismas preferencias raciales que sus padres, de modo que de adulto podrían continuar teniendo estos prejuicios inconscientes aunque hayan cambiado su forma de pensar.

Las actitudes inconscientes actúan como filtros de la percepción y contaminan nuestro comportamiento.

Los prejuicios inconscientes pueden influir en el campo laboral cuando se descartan de plano a personas sin motivo aparente.

Las investigaciones muestran que es posible modificar nuestras actitudes y creencias inconscientes o por lo menos minimizar sus efectos.[/i]

Modificar las condiciones que favorecen los prejuicios puede ayudar a controlar las actitudes discriminatorias, por ejemplo, no asociando a la raza negra con la violencia sino con la educación, la ciencia o el deporte, ni a la vejez con la decrepitud sino con la salud, el entrenamiento físico y con la ropa, los accesorios y los objetos suntuarios y la vida confortable.

Porque el contexto en el cual se mueven las personas discriminadas puede hacer desaparecer los prejuicios.

Las actitudes se instalan con rapidez y también pueden cambiar con la misma velocidad si se realizan asociaciones nuevas.

La fuerza de voluntad y la motivación personal pueden ser factores útiles para lograrlo.

Sin embargo, creo que detrás de toda asociación existe algo más profundo que hace que nos identifiquemos con ciertas actitudes y no con otras y eso es más difícil de cambiar.


Fuente: Mente y Cerebro, Investigaci´n y Cienci, No.40/2010, “Sesgos del Subconsciente”, Siri Carpenter, psicóloga social, co-autora del libro “Visualizing Psychology (2007)