El miedo es el mal más característico de estos momentos. Así como la histeria era común a principios del siglo pasado, según Freud debido a la represión sexual, actualmente la libertad que existe entre los sexos ha disminuido esta afección, pero a la vez se han incrementado los miedos, las fobias, los ataques de pánico y las obsesiones.

Estamos viviendo una época en que las estructuras de personalidad se desdibujan, la fe se marchita, el ser humano se robotiza y se aísla, y pierde el sentido trascendente de la vida.

Surgen así los miedos para defenderse de ese particular y nuevo sentimiento de aislamiento y desconexión con el todo.


Los niños crecen sin fe y además les resulta más difícil relacionarse con sus mayores. Aprenden a vivir aferrados a los objetos como sustitutos a medida que las exigencias y la necesidad de competir se acentúan y la ansiedad y la angustia aumentan; mientras cada vez se les hace más difícil verle sentido a la existencia.


El miedo es una emoción innata, útil para defenderse de los peligros reales del medio ambiente. Sin embargo, cada persona va desarrollando distintos tipos de miedos irreales que también pueden generarlos ciertas experiencias traumáticas.

El miedo es como un ser vivo, porque puede crecer y multiplicarse. Se comienza con un miedo y se termina con muchos miedos, los cuales van paralizando la acción hasta convertir a un individuo en un ser depresivo y solitario, esclavizado por sus miedos.

El miedo también es contagioso. Una madre miedosa y aprensiva puede hacer que sus hijos aprendan a tener los mismos miedos.

Las personalidades obsesivas, con un Superyo muy exigente y altas expectativas son las que básicamente tienen miedo a perder el control; desarrollando en su lugar distintos miedos sustitutos.

El miedo a mostrarse y exponerse a ser mirado, evaluado o criticado, no le permite a un individuo desarrollar las actividades que desea hacer, porque tiende a huir hacia adelante para evitar toda situación que le genere angustia.

Esta actitud puede disminuir sus posibilidades, hacerle perder oportunidades de participar, de aprender y de expresar su individualidad y sus conocimientos.

Existen técnicas cognitivas para superar las fobias o los miedos exagerados.

La más efectiva es la desensibilización afectiva, que consiste en visualizar, en estado de relajación profunda, la situación que se teme desarrollándose en forma normal, viéndose a si mismo desempeñándola en forma adecuada y eficiente.

La visualización en este estado de relajación, recrea la escena temida que provoca angustia y la puede controlar, transformándola en una experiencia no traumática.

Se trata de revertir el condicionamiento estímulo respuesta, cambiándolo por otro más adaptativo.

El miedo escénico disminuye significativamente practicando lectura en voz alta, cantando en un coro, practicando juegos de equipo, tomando clases de teatro o expresión corporal, atendiendo público y participando en distintos grupos.

Es importante brindar a estas personas, para que desarrollen mayor seguridad y confianza en ellas mismas, reconocimiento por sus logros, minimizando sus desaciertos, para ayudarlas a enfrentar esas situaciones que suponen de riesgo con mayores recursos.


Lo único que termina con todos los miedos en forma definitiva es enfrentarlos con una conducta contrafóbica, o sea, haciendo precisamente lo que se teme en forma voluntaria.

Una personalidad con características obsesivas deberá entregarse a lo desconocido, no oponer más resistencia y abandonar su actitud de controlarlo todo.

El control es un empeño ilusorio, porque no podemos evitar los sucesos, sólo podemos prevenir circunstancias adversas siendo plenamente conscientes de nuestros actos, no actuando sin reflexionar ni intentando dañar a otros con nuestro comportamiento.

El desequilibrio interior y la culpa exigen reparación y nosotros mismos provocamos los sucesos que más tememos para castigarnos.

La meditación diaria alivia las tensiones y nos permite manejar las presiones externas con una actitud menos competitiva, disminuir la necesidad de cumplir expectativas demasiado altas y sentirnos mejor con nosotros mismos.