El dolor no es sólo un fenómeno sensorial sino también una vivencia emocional subjetiva, en la cual influyen el estado de ánimo, las expectativas, los temores sobre su procedencia y las fantasías sobre sus consecuencias.

Desde hace tiempo, existen tratamientos específicos para el dolor y profesionales que se especializan en este tema que en general suelen abordar este problema de la mejor forma, o sea trabajando en combinación con psicoterapeutas.


El dolor es el modo que tiene el cuerpo de avisar cuando sufre algún desequilibrio, es una defensa natural que ayuda a que el médico logre localizar el daño, hacer un diagnóstico preciso y en el mejor de los casos curar al enfermo.

El dolor puede aparecer en un punto determinado del cuerpo o permanecer difuso o extendido, comprometiendo otras zonas; y se puede continuar experimentándolo aún habiéndose curado la fuente que lo ocasionó.

Un ejemplo son los dolores fantasmas, que continúan hostigando a su víctima aún después de haber sufrido la amputación de un miembro.

En esos casos, el cerebro no registra la ausencia de la fuente primitiva del dolor y continúa reaccionando a las antiguas señales que le enviaba el miembro amputado.

Existe una técnica para engañar al cerebro, que puede resultar efectiva. Consiste en reflejar en un espejo el miembro que el paciente conserva, haciendo que éste perciba dos miembros, tal como cuando aún estaba sano y logre moverlo a su antojo, flexionarlo y sentirlo, hasta convencerse que está libre de todo trastorno.

De esta manera también el cerebro se convence y puede modificar sus conexiones nerviosas, permitiendo así la extinción del dolor por el miembro ausente. Porque el dolor no está en el cuerpo sino en nuestra cabeza y engañando al cerebro se puede resolver el problema.

La terapia cognitiva puede modificar patrones de pensamiento negativo y cambiar la forma de interpretar el dolor para poder vencerlo; creando nuevas formas de pensar más constructivas y realistas.

En pacientes con dolor lumbar crónico, la hipnosis y las técnicas de relajación y visualización también resultan operativas, según afirma el Dr. Benson Hoffman, médico clínico del Centro Médico de la Universidad de Duke.

Estas técnicas reducen el dolor y han llegado a modificar el criterio médico sobre el tratamiento de este fenómeno. Actualmente consideran que no sólo se trata de una experiencia sensorial sino que también se relaciona con el estrés, las creencias, los pensamientos negativos y el modo personal de experimentar la realidad.

El desequilibrio emocional influye directamente sobre la sensibilidad al dolor porque los músculos se tensan y alteran el nivel de hormonas y neurotransmisores relacionados con este fenómeno.




El temor también es un factor que acentúa la intensidad del dolor, impide desarrollar la actividad normal y hace perder fuerza a los músculos; lo que ocasiona la pérdida progresiva de las funciones que cumplen ocasionado aún más dolor.

Las personas que sufren dolores crónicos cambian su carácter y se vuelven iracundos, miedosos, dependientes, resentidos, culpables de causar molestias a los que los rodean, y se deprimen, alterando su sistema inmune y provocando que su enfermedad se agrave.

Otras se cierran en un mutismo absoluto y soportan su dolor sin emitir ninguna queja, pero también esta actitud puede empeorar los síntomas.

En otras ocasiones un dolor crónico se puede transformar en un instrumento para manipular a otras personas, eludir responsabilidades y justificar la inoperancia.

Las técnicas para paliar el dolor se diseñan para ayudar al paciente a manejar su condición él mismo, asumiendo un rol activo en vez de convertirse en su víctima.

Otras técnicas se dedican a implementar recursos para apartar la atención, haciéndola desviar hacia otras actividades relajantes, como la música o la aromaterapia.

El cambio del estilo de vida también puede ser importante ya que un dolor crónico puede ser la manera que tiene el cuerpo de pedir límites.


Fuente: Psychology Tday, Karen Baar