Santiago tiene treinta años, es ingeniero en informática y trabaja en una importante empresa multinacional. Gana un sueldo alto que le permite tener un buen standard de vida.

Se acaba de mudar a un departamento nuevo que compró en el barrio de Palermo; un pent-house con balcón terraza, pileta individual , baño con jacuzzi, salón con aparatos para hacer ejercicios, servicio de vigilancia, de limpieza de lavandería y de cocina. Maneja un auto importado y tiene un velero.

Se podría decir que es un joven que ha conseguido todas las cosas materiales que desea para vivir con todo confort.


Sin embargo, Santiago no puede ser totalmente feliz porque padece de fobias y ataques de pánico.

Desde que tuvo su primer ataque, tiene miedo de tener miedo y casi no sale de su casa. Su vida se limita solamente a ir y venir del trabajo.

Tuvo dos novias que lo dejaron, cansadas de esperar que se decidiera a formalizar la relación. Ahora solo le queda una antigua amiga que ve de vez en cuando, que no le exige nada y tiene la paciencia suficiente para escucharlo quejarse de sus padecimientos.

Santiago también es hipocondríaco, por lo tanto no puede vivir sin un síntoma. Sufre toda clase de dolores y trastornos funcionales migratorios, que no le duran mucho tiempo pero que son suficientes para perturbarle la vida.

Los médicos aún no han podido encontrarle ninguna patología, pero él vive atormentado por la sospecha de tener una enfermedad incurable.

Santiago no está dispuesto a casarse todavía, dice que aún es demasiado joven, ni tampoco piensa tener hijos; porque teme fracasar en el matrimonio y no poder afrontar la responsabilidad de ser padre.

¿Cómo podría asegurarse que su hijo fuera normal, sano y feliz, que al crecer le gustara estudiar, que tuviera buen comportamiento, que fuera a la facultad e hiciera una carrera, que se rodeara de amigos como él y no frecuentara los boliches?

¿Y si tuviera una hija, qué garantía tendría de su conducta fuera de casa y cómo podría evitar que saliera con vagos, en esta difícil época en que vivimos?

Santiago sólo quería vivir tranquilo y sin problemas. Sin embargo su vida igualmente estaba colmada de angustia, desdicha, miedos y sufrimientos.

Este es un caso clásico, pacientes que deambulan por numerosos consultorios buscando solucionar sus problemas de salud, que terminan finalmente en manos de un psiquiatra y de un psicólogo.

Santiago forma parte de una legión de personas que como él se niegan a vivir por temor a no poder evitar el sufrimiento.

A nadie le gusta sufrir, pero la vida no es solo sufrimiento porque también se pueden vivir momentos felices.

El que se resiste al dolor permanecerá en él pero si se entrega y lo acepta como parte de la vida, podrá superarlo y seguir viviendo normalmente.

El problema de estas personas es el control y las fobias pueden ser síntomas de depresión.

Las cosas simplemente ocurren y no todas se pueden controlar; y aceptar que no somos perfectos y que somos vulnerables frente a la incertidumbre nos hace invencibles.

La naturaleza es la mejor consejera, pero cuando nos oponemos a ella y pretendemos evadirnos del propósito esencial de la existencia, nos sentimos vacíos, infelices y solos.