El primer amor para una mujer es su padre y para un hombre su madre.

La importancia de los padres en la vida adulta, en cuanto a la relación de pareja, es crucial, porque tanto el varón como la mujer se identificarán con esos modelos, en forma positiva, en el mejor de los casos, con el progenitor del mismo sexo o de manera negativa, con el de sexo contrario; y estas identificaciones dependerán de cómo haya sido la relación del individuo con sus padres.


El amor de los niños a sus padres es incondicional ya que no hay figura humana más significativa que ellos, cualquiera sea su comportamiento, su ética y sus valores.

Los niños toman como modelo lo que hacen sus padres, no lo que dicen y tienden a establecer el mismo tipo de vínculos con sus futuras parejas, recreando así la única de relación de pareja que conocen íntimamente.


Las mujeres que han tenido padres violentos que golpeaban a sus madres, se pueden sentir atraídas por hombres con la misma condición. Han aprendido que los problemas familiares se pueden resolver a los golpes y se inclinan a aceptar y hasta justificar ese proceder, generalmente porque cuando eran pequeñas amaban a sus padres y no los querían perder.

Los hombres que tratan con violencia a sus mujeres pocas veces son denunciados, porque los golpes pueden ser la forma que tienen ambos de relacionarse y además, a su manera sus mujeres los aman; siendo frecuente también que las palizas se conviertan en el preámbulo de una relación sexual, que hasta puede adoptar las características de una violación.[/u]

Sin embargo, una mujer también puede identificarse con la madre que hubiera querido tener, y en ese caso adoptará la conducta contraria, evitando tener parejas como su padre y tendiendo a relacionarse en pareja solamente con hombres pasivos o con mujeres.

Un hombre golpeador se relaciona siempre con mujeres que se dejan golpear, porque es altamente probable que ellos también hayan vivido situaciones de violencia en sus hogares y puedan necesitar someter a su pareja para excitarse para probarse a si mismos que son verdaderos hombres.

En estos hogares, donde la violencia es una forma de comunicación, la mujer suele tener el papel protagónico en cuanto a la responsabilidad familiar. Es ella la que por lo general se hace cargo de la familia, de los gastos de la casa y de hacer estudiar a los hijos, mientras que el hombre suele ser una figura ausente, siendo común que además sea alcohólico.

Esta condición provoca el rechazo de la mujer, cuando es requerida por él para tener relaciones sexuales y como está alcoholizado puede adquirir el hábito de golpearla sistemáticamente, cada vez que se produce esta situación y hasta puede llegar a matarla.

Estas experiencias, lamentablemente es el modo de vida de muchas mujeres de las clases pobres, donde también es frecuente que las parejas no estén casadas y tengan hijos de otras relaciones.

Los hombres golpeadores no es raro que también sean violadores y que además de violar a sus mujeres, violen también a los menores de la casa en forma reiterada, tanto varones como mujeres.


Las niñas que viven en esta condición pueden quedar embarazadas desde muy jóvenes, inclusive de sus propios padres, padrastros, hermanos o parientes cercanos.

Los hijos de los padres que huyen o bien que abandonan a la familia, quedan expuestos a situaciones de violencia durante toda la infancia, dependiendo su seguridad de las relaciones que en el futuro pueda tener la madre con otros hombres, que por lo general, suelen ser similares a su relación anterior, ya que la mayoría tiende a elegir el mismo tipo de personalidad como nueva pareja.

Revertir esta situación es difícil, porque requeriría que todos tuvieran acceso a la educación, a la salud y a la contención psicológica; y además que se erradicara la pobreza, la promiscuidad, los embarazos prematuros y el alcoholismo; para que estas relaciones de pareja no vuelvan a repetir historias.