Un bebé tiene una gran sensibilidad al tacto y necesita el contacto, porque lo hace sentir contenido y seguro.

El contacto le garantiza al bebé el sostén y la presencia, le permite aprender a tener conciencia de su cuerpo y sus posibilidades de movimiento, lo ayuda a relajarse, a dormirse, mejora su digestión y favorece su desarrollo neurológico.


La eutonía, que es una disciplina muy útil para los bebés, les permite por medio del contacto lograr el equilibrio de la mente y el cuerpo.

Mediante el toque eutónico, o sea el contacto de las manos sobre la piel del bebé sin ejercer ninguna presión, se pueden disminuir sus tensiones, regularizar sus intestinos, tranquilizarlo y facilitarle la coordinación de sus articulaciones.


El toque eutónico que se realiza con la palma de la mano y con los dedos, puede ir acompañado también por la cariñosa voz del adulto que está estableciendo ese contacto.

La intención del toque eutónico es transmitir amor, seguridad y contención. No se trata de un simple masaje, sino de un toque suave, por eso no se necesita usar cremas o aceites.

La medida de la presión la da la posibilidad de las manos de deslizarse.[/u]

La persona que va a realizar el toque debe estar tranquila y equilibrada, y sus manos deben estar cálidad y libres de tensiones.

Se puede comenzar por el centro del pecho y bajar hasta los pies, incluyendo ambos brazos y luego se repiten los toques en la parte posterior del cuerpo.

Por otro lado, el masaje californiano, que surgió inspirado por el movimiento de las olas del mar, también es apto para los bebés.

Se trata de movimientos largos que exigen la utilización de unas pocas gotas de aceites naturales sólo para favorecer el deslizamiento de las manos.


Estos masajes pueden ir acompañados de música suave, siendo importante prestar atención a la respuesta del bebé y a su respiración.

Los movimientos deben ser lentos y la presión de las manos debe ser leve, levantándolas solamente al terminar cada secuencia.

Para realizarlo, el adulto debe colocarse detrás de la cabeza del bebé y proceder a masajear suavemente su piel desde el cuello hasta los pies, y luego, si no protesta, se hace lo mismo con el dorso del cuerpo.

Las manos son los canales más adecuados para transmitir energía curativa que deberán estar acompañadas con la sana intención.

Hay que prestar atención a las distintas sensaciones que se percibirán al apoyarlas en las distintas zonas del cuerpo.

Si el bebé está incómodo, se queja y parece registrar alguna molestia, las manos pueden percibir dónde se encuentra ese desequilibrio, y detectar más frío, más calor o un leve cosquilleo.

En esas zonas, es útil colocar las manos sobre ellas, a unos centímetros sobre la piel y permanecer en esa posición hasta notar algún cambio en la percepción.

Al finalizar el masaje y la imposición de sus manos el adulto deberá sacudirlas para descargar la energía sobrante.

El contacto físico resulta mágico para calmar a un bebé.


Por ejemplo, estar en brazos lo gratifica, dado que todos sabemos que si los levantamos dejan de llorar. Pero no es recomendable tomar al bebé en brazos cuando está llorando para que no lo asocie como una solución para sus reclamos, sino que es mejor esperar que se calme para levantarlo.

La forma de sostener a un bebé en brazos le transmite la actitud de la persona que lo alza y lo ayuda a identificarlo. Esta posición le alivia los cólicos que le producen los gases y además lo hace sentir protagonista en la escena. Porque mientras el bebé está sentado o acostado, solo es un observador pasivo, en cambio, si se lo levanta, ya se siente incluido y hasta puede participar llamando la atención con cada movimiento o balbuceo, elevando su autoestima y aprendiendo modos de comportamientos cotidianos.


Fuente:”101 Maneras de Calmar a un bebé”, de Marcela Osa, Ed. Grijalbo,2006.