No todos los que se convierten en padres están preparados para asumir la responsabilidad que significa hacerse cargo de los hijos, cuidarlos, contenerlos, sostenerlos y brindarles amor, formación, valores, ponerles límites y darles la oportunidad de una educación formal.

Esta necesaria dedicación a los hijos les garantizará la posibilidad de que crezcan sanos, que puedan amar a la vida y a sus semejantes y aprender a cuidar y proteger a sus propios hijos como lo hicieron sus padres con ellos.


El equilibrio, la estabilidad emocional y la autoestima en la adultez, se establecen sin dificultades con la seguridad y el amor que brindan los padres en la infancia; por esta razón es tan importante el cumplimiento de los roles en el grupo familiar para el desarrollo normal de los hijos.


Los niños se identifican con sus padres que son las personas más significativas para ellos; aprendiendo todo de ellos e incorporando sus valores.

Un niño pequeño no distingue qué es bueno y qué es malo, de modo que todo lo que hagan los padres para él estará bien e imitará cualquiera que sean sus conductas.

Algunos niños en edad escolar se dan cuenta que su hogar es diferente en cuanto a normas de conducta con respecto a lo que les enseñan en la escuela.

Estos chicos suelen identificarse con su grupo de referencia e intentar asumir el rol de padre o madre que no se cumple en su casa, donde no existen el orden, la disciplina, los límites y los valores, y dedicarse a reemplazar a sus padres para contener a su propia familia.

Son en general niños muy inteligentes que reaccionan en forma diferente a la mayoría, que en lugar de imitar las conductas inapropiadas de sus padres, buscan otras figuras significativas con quienes identificarse, que pueden ser sus maestras, profesores o padres de sus compañeros.

Sus vidas no serán gratas, porque tendrán que lidiar con su familia que seguramente opondrá resistencia, o que tal vez se acomodará a esa distribución de roles por conveniencia. Y cuando crezcan, serán adultos que no tuvieron infancia porque tuvieron que madurar demasiado pronto para hacerse cargo de la contención emocional de su familia.[/i]

Asumir responsabilidades de un adulto, para un niño representa una pesada carga, significa saltear etapas que no se pudieron vivir con normalidad y será una experiencia que repercutirá negativamente en el cumplimiento de las obligaciones de su vida de adulto.

Por otro lado, en todo grupo, el cambio de roles provoca trastornos en la relación de sus integrantes, generando discusiones, peleas, y también actitudes ambivalentes de aceptación rechazo.

Por lo general, esto ocurre en familias disfuncionales donde es posible que el padre esté ausente y la madre no pueda sustituir ese rol con eficacia, o bien en hogares comunes donde no se cumplen los roles.

Los padres en general desean ante todo la felicidad de sus hijos, pero si las circunstancias los llevan a la situación de eludir su responsabilidad y descansar en los hijos sus obligaciones, tarde o temprano lo que les parece difícil de enfrentar ahora, será algo cada vez más complejo, más serio y grave que sólo les reportará grandes sufrimientos.