Lo primero que se nos pasa por la cabeza al ver el suspenso de nuestro hijo es que no ha estudiado suficiente, que juega demasiado a los videojuegos o que es un “vago”.

Sin embargo, lo primero que deberíamos hacer es echar la vista atrás para comprobar si es su primer suspenso, si ya ha ido “arrastrando” desde cursos anteriores y, lo que es más importante, si ha ocurrido algo a su alrededor últimamente que hay podido influir en estos resultados.


Existen múltiples causas que pueden provocar el fracaso escolar de los niños, desde causas físicas: como déficit visuales o auditivos no diagnosticados; hasta dificultades de origen psicopedagógico o logopédico. Algunas de esas causas psicológicas son:

     Dificultades de Aprendizaje: si el niño es menor de 10 años es posible que presente dificultades de memoria, atención, problemas de lectoescritura o baja comprensión lectora.

    Hiperactividad: A un niño hiperactivo le cuesta permanecer sentado y fijar la atención, responde precipitadamente y habla en exceso sin escuchar, por todo ello, su rendimiento escolar será inferior a lo esperado.

    Problemas personales: Cuando el que suspende es un adolescente es frecuente que detrás de esos suspensos aparezcan problemas de autoestima, inseguridad o estados depresivos.

    Ausencia de hábito y desconocimiento de técnicas de estudio: muchos niños se han acostumbrado a recibir un exceso de ayuda por parte de padres o hermanos y son incapaces de realizar por sí solos las tareas o estudiar.

En cualquier caso, es imprescindible permanecer alerta ante cualquier señal de alarma, consultar al profesor y si es necesario, acudir al logopeda, psicólogo o pedagogo para que determine la causa del problema y marque el tratamiento educativo necesario.