Las vacaciones de invierno son la oportunidad de estar con la familia y con los amigos, de levantarse tarde y tal vez de acostarse también más tarde para aprovechar para ver alguna buena película por televisión apta para todo público.

Sin embargo, a todos les da desesperación por salir para ver toda clase de espectáculos y agregarse a la multitud que desea hacer lo mismo.

En esta fecha, se despliega la acostumbrada maquinaria publicitaria para promover entretenimientos para los chicos y ¿por qué no?, también para los adultos, contagiados por el ambiente festivo que se respira.


La gente menuda compite con sus pares para ver quién es el que puede ver más espectáculos, más películas, más entretenimientos, eligiendo entre todas las opciones que existen, que son las que se disputan año tras año la concurrencia masiva del público.

La televisión sirve como referencia, porque los chicos quieren ver a sus ídolos y los jóvenes a los protagonistas de las novelas del corazón, en vivo y en directo, en los teatros; y sus padres hacen el esfuerzo de satisfacerlos tratando de conseguir el mejor lugar cueste lo que cueste.

Pero no hay que olvidar que también hay opciones gratuitas muy divertidas y entretenidas para la mayoría.

Muchos abnegados padres se desviven para ahorrar para esta fecha, privándose de muchas cosas, para ofrecerle a sus hijos la oportunidad de hacer turismo, y disfrutar de lugares más cálidos, o más fríos, para aprovechar la nieve y poder practicar deportes de invierno.

Lejos están los días en que las vacaciones de invierno eran días destinados a levantarse tarde y disfrutar jugando en la vereda, sin dejar de lado la larga lista de deberes que alguna maestra injusta nos obligaba a cumplir.


Las cosas cambian, a veces tal vez demasiado y convierten unas vacaciones de invierno en una época de mucho estrés, haciendo valijas, o colas y sufriendo empujones para poder conseguir entrar a los lugares de esparcimiento.

Lo que cambia en las vacaciones es la rutina del resto del año, pero el ritmo vertiginoso de las grandes ciudades continúa siendo el mismo, con el agravante de que las pretensiones de los chicos, que no quieren perderse nada, pueden desestabilizar la economía familiar.

Son pocos los que se quedan en casa porque los padres desean conformar a sus hijos y se esfuerzan por complacerlos, condicionándolos a que les exijan cada vez más.

Hay muchos espectáculos gratuitos de buena calidad y es positivo incentivar el interés de los niños para visitar museos, exposiciones y lugares históricos, sumando una alternativa más que trascienda lo que hace la mayoría, porque el arte es cultura y también ofrece la posibilidad de brindar un sano e instructivo esparcimiento y la oportunidad de sembrar la motivación en los niños para ir donde es más difícil que se produzcan aglomeraciones.


Hacer actividad deportiva es una buena forma de disfrutar de las vacaciones de invierno. Los chicos necesitan estar en movimiento y poder correr, aunque el frío se haga sentir, practicando deportes en equipo o bien para aprender algo nuevo, como patinar, nadar o jugar al tennis.

No siempre es necesario gastar para divertirse; porque los más chicos pueden pasarlo bien en una plaza, acompañado por sus padres y algún amigo o bien haciendo un picnic en los bosques de Palermo.

Lo importante es hacer algo diferente, sentir que se interrumpe el árido tedio de las obligaciones y disfrutar de otra cosa para hacer, pero sin prisas ni agitaciones, para poder recargar las pilas y funcionar mejor el resto del año.

Las vacaciones de invierno tienen el sentido del paréntesis necesario para no asistir a clases los días más fríos del año y no tener que levantarse tan temprano. Estas razones, por si solas, ya representan posibilidades gratificantes para todos los chicos, que tienen que aprender a disfrutar de los pequeños placeres simples de la vida en familia; y si pueden, salir a pasear sin tantas pretensiones, porque no siempre el más feliz es el que puede tener y hacer todo lo que hacen los demás.