Además de la necesidad natural de ampliar los encuadres teóricos que ya existían, el sueño materialista comenzó a resquebrajarse e hizo que mucha gente buscara en su interioridad el equilibrio y la paz que el mundo externo parecía negarle.

La difusión de técnicas orientales como la meditación, influyó para el surgimiento de una nueva cosmovisión en psicología, porque proporcionaba a las personas que la practicaban, experiencias extraordinarias relacionadas con otros estados de conciencia que jamás habían conocido.

Estas vivencias, hasta ese momento habían sido privativas de sacerdotes y monjes orientales, sin embargo la puede experimentar cualquier mortal y brindarle la posibilidad de transformar su vida y su modo de interpretar la realidad.

En Occidente se comenzó a entender la psicología y las religiones de Oriente, otorgándole la importancia que supone la posibilidad de alcanzar estados superiores de conciencia accesibles a todos nosotros.



El solo hecho de pensar que se puede llegar a disfrutar en forma sostenida de un estado de ser similar al estado de meditación profunda, es de extraordinaria importancia en la vida moderna y les atrae a todos.

Cada vez son más los que se adhieren a esta práctica con el objetivo de vivenciar la unidad mística, el conocimiento de la naturaleza del Ser y la expansión de su conciencia y para beneficiarse de los múltiples beneficios que representa para la salud.

Pero lo más importante no son las experiencias trascendentes, sino las singulares capacidades que desarrolla, como la posibilidad del control voluntario del sistema nervioso y del cuerpo, que son automáticas, como el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la actividad gastrointestinal y el funcionamiento de las glándulas.

Los yoghis realizan esta práctica desde hace siglos, con todos estos resultados, sin embargo la medicina occidental nunca los tuvieron en cuenta por considerarlos imposibles desde el punto de vista racional.

Actualmente, las investigaciones científicas están corroborando esas antiguas creencias sobre los efectos de la meditación, los beneficios que proporcionan en cuanto al mejoramiento del desarrollo psicológico, su influencia sobre los procesos fisiológicos, incluso los del cerebro y la posibilidad de inducir una serie de estados alterados de conciencia; y los resultados que se obtienen, retroalimentan el interés por la investigación empírica de la conciencia.

William James fue un pionero de la psicología de la conciencia a principios del siglo XX; y en la actualidad se puede considerar que la psicología es la ciencia de la conciencia, que se estudia en forma directa o indirectamente a través de la fisiología y del comportamiento.

Los adelantos de la física moderna también han influido para afianzar este nuevo punto de vista, al descubrir a nivel subatómico una realidad tan paradójica que cuestiona algunas de las afirmaciones de la ciencia y de la filosofía occidental.

La ciencia, que antiguamente concebía un universo separado, previsible y atomizado, descubre que es dinámico y relativo, cambiante e imprevisible y que está unido e interrelacionado, incluso con la conciencia; y que además puede considerarse en función de ésta.

Los científicos sólo están comprobando las descripciones de la realidad que han formulado durante siglos los sabios de muchas culturas que incursionaron a fondo sobre los misterios de la conciencia; y los físicos específicamente se están dando cuenta que algunos de sus descubrimientos ya eran conocidos por antiguas sabidurías, tal como lo menciona J.R.Oppenheimer, en “Science and the common understanding” y N. Bohr en “Atomic physics and human knowledge”


Fuente: “Más allá del Ego”, de Abraham Maslow, Ram Dass, Fritjof Capra, Ken Wilber y otros.