Este es el quinto caso expuesto por Freud en “Estudios sobre la Histeria”, en 1895.

En aquella segunda Conferencia de Freud en Estados Unidos, en 1909, él lleva este caso porque lo considera óptimo para dar cuenta no solo de las condiciones de la represión, sino también para demostrar lo útil que resulta este mecanismo para el sistema psíquico.

Elisabeth Von R. era una muchacha que cuyo padre había muerto hacía un tiempo. Un padre muy amado por esta paciente, un padre enfermo al que ella había cuidado bastante tiempo (como ven, este es un elemento que se repite en los casos de histeria abordados, los casos que aun hoy nos siguen arrojando enseñanzas para nuestra práctica)

El tema es que esta paciente tenía una hermana mayor que se había casado hacia ya un tiempo, con un hombre por el que nuestra paciente tenía una simpatía singular.

Esta hermana se pone enferma, y muere en un momento en el que tanto la paciente como su madre estaban ausentes. Las llaman urgentemente pero sin anoticiarlas del doloroso suceso. Al encontrarse Elisabeth en el lecho de muerte de su hermana, una idea le sobreviene: su cuñado está ahora solo y podrá casarse con ella.


Freud se autoriza en su teoría diciendo que esa idea que se le aparece a la paciente, fue inmediatamente reprimida, surgiendo en su lugar graves síntomas histéricos. Cuando Freud la acepta en tratamiento ella había olvidado aquella escena junto a la cama de su hermana muerta. Como así también esa “moción” de odio y egoísmo.

Esa escena fue recordada durante el tratamiento, en una reproducción de la escena donde afloraban intensas emociones. Así se curó.

De esta manera, Freud dice que no solo queda verificado el papel de la represión en el surgimiento de los síntomas histéricos, sino que a la vez queda demostrada la diferencia conceptual que había con las teorías de Janet (de la que hablamos en el post anterior). Este consideraba que la escisión psíquica que sufrían estas pacientes era producida por una deficiencia innata que había en el aparato psíquico en su función de “síntesis”.

Freud lo explicaba por su noción de “conflicto psíquico”, que era una situación frecuente en su clínica. Freud partía más bien aquí de nociones dinámicas, de fuerzas anímicas contrapuestas, una “renuncia activa” de cada una de las fuerzas oponentes.

Asimismo, Freud no da para nada concluido con su hipótesis, más bien dice que con la teoría de la Represión tenemos el comienzo de toda una “teoría psicológica” de la histeria. Y que hay que sacar de esta serie de casos en que se verifica la represión, el caso Anna O.; ya que de este caso tenemos noticias a partir del método hipnótico. Método que Freud justamente abandona porque la hipnosis no hace más que encubrir la resistencia.

Y es solo prescindiendo de la hipnosis que tenemos noticia del proceso patógeno de la represión
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Luego, en su conferencia avanza en otro ejemplo, en el que no me detendré, pero con el que termina diciendo que es una figuración muy adecuada para ilustrar la tarea del médico, en el tratamiento psicanalítico, en estos casos de neurosis:. Indagando en estos enfermos se llega a la conclusión de que la represión, tal como la definimos, ha fracasado.

Ese mecanismo de defensa encargado de desalojar la idea que entrañaba ese deseo insoportable, fracasa en los neuróticos. La moción de deseo queda en lo inconsciente, pero la idea no.

Así, la idea que aparece en la conciencia está deformada, y en su lugar, como formación sustitutiva de aquella idea reprimida, aparece el síntoma. Este síntoma, claro, aunque deformado en su representación, no está sin embargo despojado del displacer concomitante -por eso el síntoma es displacentero, dirá Freud. La represión no le ahorra displacer(como pensaba antes).

Esta es toda una definición psicoanalítica, con Freud, del Síntoma. Una “formación sustitutiva de una idea reprimida”.