En la era de la comunicación y de la información, es casi imposible ser anónimo. Por lo menos para aquellos que usan Internet, hablan por teléfono, compran con tarjetas de crédito, adquieren productos, tienen automóviles, propiedades, empresas o negocios, trabajan en relación de dependencia y hasta para aquellos que sólo se atreven a exhibir sus bolsas de basura en la calle.

Porque las bolsas de basura hablan y dicen mucho de nosotros, entre otras cosas, brindan información sobre nuestros hábitos, nuestras preferencias, nuestro nivel adquisitivo, nuestra edad y nuestra situación económica; y todo lo escrito en Internet queda almacenado en algún lado, listo para ser rescatado y utilizado con algún fin.

En este momento, lo más seguro y privado que existe es el contacto personal, siempre que no haya un grabador o una cámara oculta en la escena.



Los teléfonos celulares son pequeños detectives privados que nos siguen a todas partes; se enteran de todo sobre nuestras vidas, registran nuestras conversaciones, con quiénes hablamos, quiénes nos llaman, etc.

La población es segmentada en potenciales clases de consumidores para explotar este universo y el negocio del marketing se desvive por conocer nuestras preferencias, gustos, perfiles, tendencias, necesidades, apetencias, debilidades y deseos; mientras un ejército de gente es entrenada para captar hasta al candidato que no sabe lo que quiere para crearle necesidades a su medida y compatibles con su estilo.

Cada usuario de Internet tiene un número asignado por su proveedor, que es la dirección Internet Protocol (IP). Ninguna computadora puede ingresar a Internet sin ese número, de modo que el proveedor siempre conoce por que IP navega su cliente y qué hace en esos sitios.


Se puede conocer la dirección IP en las direcciones de todos los mails y cada sitio la puede ver.

Existe una forma de interferir esta información utilizando un ordenador intermedio que hace de máscara y que dificulta el rastreo de origen.

Sin embargo aún así el anonimato no es total, porque si alguien desea rastrear a una persona y tiene los recursos necesarios lo puede hacer.

Los datos de tráfico de Internet y de los teléfonos pueden ser detectados y hacer posible tener el acceso a gran cantidad de información privada; y aunque estos datos pueden estar disponibles solamente para fuerzas de seguridad, no se puede confiar de la discreción de estas fuentes.

El año pasado, el gobierno del Reino Unido, perdió dos discos duros con información financiera de 25 millones de ciudadanos y posteriormente fue robado un portátil del Ministerio de Defensa con datos de seiscientas mil personas.

La compañía británica Phorm desarrolló un sistema para monitorear a los internautas, para poder ofrecerles publicidad personalizada, sin autorización de sus clientes.

Facebook Beacon instaló un cookie en el navegador de sus miembros y cada vez que éstos compraban en un negocio asociado a esta técnica quedaba registrada la operación para sus contactos: ejemplo: fulano compró un televisor en tal sitio web. Todo sin permiso.

Todos sabemos que Google lee electrónicamente todos los correos con programas de análisis de palabras para seleccionar los anuncios que se mostrarán en esas cuentas, porque nos hace ganar dinero.

Comprar por Internet es cómodo y fácil pero el costo es perder privacidad, porque nos convertimos en potenciales compradores, presas fáciles para ser bombardeadas con publicidad personalizada.

Existen brokers de identidades en Europa que ofrecen datos personales por valor de ciento cincuenta mil euros. Los datos que se venden incluyen el nombre, el número de cuenta, el DNI, la dirección, el teléfono y las contraseñas.

Los responsables de que esto ocurra son los mismos usuarios, que no tienen reparo en brindar datos bancarios en sitios de la web.

Lo que se puede hacer para evitar males mayores es que nuestro número telefónico no figure en guía y pedirles a los bancos que no compartan sus datos con otras compañías.

Se puede solicitar no recibir publicidad por correo postal ni electrónico, apuntándose en www.facemd.org/listas_robinson.html).

Es saludable leer las políticas de privacidad de los servicios que brinda la red o de los sitios que se visitan y evitar tirar papeles con información privada sin antes haberlos destruido.


Fuente: “Popular Science”,2008