En mi trabajo como psicóloga he tenido oportunidad de conocer parejas que no podían concebir un hijo, que después de muchos años lo lograron con métodos de fertilización asistida, y que luego demostraron no estar a la altura de sus responsabilidades.

De alguna manera la naturaleza se las ingenia para darles a las personas solamente lo que pueden soportar. Sin embargo, la mayoría no interpreta el mensaje e insiste en sus deseos de ser como los demás.



No siempre la ciencia le puede encontrar una causa orgánica a los problemas de esterilidad, pero si puede haber causas psicológicas para no querer tener un hijo, como el miedo al embarazo y el parto, el temor a hacer frente a la responsabilidad, sentirse atado o perder la libertad.

Por esta razón, cuando el embarazo no se produce naturalmente es necesario descartar las causas psicológicas y replantearse la conveniencia o no de intentar la experiencia de ser padres.

Un hijo representa la realización natural del amor y los hijos lo que más necesitan es amor.

Sin embargo, aún sigue habiendo muchos embarazos no deseados que luego llevan a conductas de intolerancia y violencia hacia esos hijos.

Muchos tienen un hijo porque todos los tienen, sin darse cuenta si han nacido para hacer el esfuerzo que requiere tal decisión, ya que todos sabemos que no siempre todos tienen vocación para ser padres.

Para algunos representa una asignatura pendiente en la larga lista de objetos que hay que tener para no ser diferente al resto de la gente.


Esta decisión requiere estar dispuesto a dar lo mejor de si mismo para hacer feliz a un hijo o reconocer que se prefiere continuar dedicado de lleno al trabajo u otras ocupaciones y que no existe un lugar para él.

La adopción es un acto de amor y aceptación, porque así como tenemos que aceptar a los hijos propios como son, también se espera lo mismo para los hijos adoptivos.

Sin embargo, las noticias hoy nos informan, que una pareja de estadounidenses, devolvió a su hijo adoptivo a la institución de su país de origen, en este caso Rusia, porque era violento.

Este niño fue embarcado solo en un avión, de vuelta de donde provenía, y su llegada a ese país se hizo pública, provocando graves repercusiones políticas.

Parece ser que éste no es el primer caso que se produce, ya que se contarían más de treinta casos de niños adoptados por parejas de norteamericanos, devueltos a Rusia.

Debido a esta situación, las autoridades han decidido prohibir desde ahora la adopción de niños por extranjeros.

La devolución de un niño adoptado, sea por la causa que fuera, demuestra ausencia total de responsabilidad. Se trata de parejas inmaduras, intolerantes e inestables, que como hacen los niños, cuando se cansan de algo, lo abandonan todo y a otra cosa.

La madurez se demuestra cuando se es capaz de hacerse responsable de las decisiones para siempre.

Si un niño es violento es porque ha aprendido a serlo, no porque haya nacido violento.

La falta de capacidad para dar amor es también violencia, porque convierte a un niño en un objeto de recreación, un juguete que si se torna molesto se descarta por otro.


Es difícil estimar el daño que pueden causar a un niño estas actitudes desquiciadas de los adultos. Niños que proceden de instituciones que vienen sufriendo agresiones y rechazos desde su nacimiento y que pierden la oportunidad de creer que también existe la bondad y el amor.

Tal vez sea una conducta que define la época actual, centrada en el hedonismo y el deseo obsesivo de pasarla bien a toda costa, aún ignorando la responsabilidad de las propias decisiones.

En la vida moderna todo es relativo, los más graves errores se relativizan con la excusa de que nadie es perfecto. Es cierto, los seres humanos somos imperfectos, pero lamentablemente también pueden ser inmaduros y egoístas y no tienen ningún derecho a hacer daño a un niño y permanecer impunes.