A pesar de la orientación de cada psicólogo, cada profesional utiliza las técnicas y el método psicoanalítico que considera adecuado y por tanto, puede realizarse una escucha psicoanalítica sin llegar a realizarse un análisis ortodoxo. Cuando hablamos de una terapia analítica hay varios tiempos diferenciados:




Entrevistas

En un primer tiempo tiene lugar una serie de entrevistas en las que se recoge toda la información del paciente y que suelen variar en el número de sesiones según lo estime el analista.

Una vez que se ha recogido toda la información a través de las entrevistas, hay analistas que suelen utilizar técnicas proyectivas para poder obtener mayor información, tanto consciente como inconsciente, una forma de contrarrestar los datos obtenidos y conocer más a la persona que está enfrente, por ejemplo, la estructura psíquica (hablaremos de ello en próximos artículos).

Las técnicas más utilizadas son una combinación de test proyectivos gráficos que dependerán de la edad del paciente como “Test Casa, árbol, persona”, test temáticos “Test de Relaciones Objetales” o el “Test Pata Negra”; otras técnicas de percepción visual como el Rorscharch.

Una vez terminadas estas entrevistas hay una sesión de devolución de información en el que el analista devuelve al paciente la información recogida y las conclusiones obtenidas tanto del análisis como de las entrevistas, su opinión profesional y una orientación del diagnóstico.

En este punto puede derivarse a una persona a otro analista o psicólogo si se considera que no puede trabajarse con ese paciente ya sea por motivos personales del analista (si tiene sentimientos que contraindican la terapia, ya sean positivos o negativos; porque no se haya establecido la alianza terapéutica, porque no trabaja o no está especializado en el tipo de terapia necesaria, etc.) o porque el paciente desea cambiar o por otros motivos.
Análisis

A continuación, comienza el tiempo del análisis en el que las entrevistas han finalizado y comienzan las sesiones analíticas. Ya no hay preguntas directivas, el paciente tiene que dejar fluir tanto su pensamiento como compartirlo con el analista para trabajar sobre el contenido de éste, el analista hará las interpretaciones analíticas pertinentes cuando las considere oportuno y, también puede variar el lugar espacial en la terapia.

En el espacio analítico el terapeuta pasa a sentarse en el sillón o la silla que se encuentra tras el cabecero del diván dejando vacío el sitio que ha ocupado cuando se realizaban las entrevistas.

El lugar del paciente puede seguir siendo el mismo hasta que el analista lo considere oportuno. La diferencia espacial consiste en que el paciente terapeuta ya no están frente a frente si no que se encuentran en diagonal.

Hay pacientes que nunca pasan al diván dependiendo de las consideraciones que tome el analista conforme al diagnóstico que haya realizado. En el próximo artículo hablaremos de qué simboliza el diván y cuál es su función en la terapia.

El fin de una terapia analítica lo determinará el analista si es que está concluye correctamente y, sin duda alguna, es una nueva etapa para el paciente ya que hay una relación muy intensa y en nada parecida a cualquier otra, que termina. Antes de realizar un análisis, se debe de tener en cuenta este tipo de terapia no sólo conlleva un coste económico (como todas las demás) y temporal, si no que es un verdadero esfuerzo emocional porque se trabajan todas las etapas, una verdadera experiencia.