La Psicología Humanista y la Transpersonal, inspiradas en el pensamiento de doctrinas orientales adoptaron ese modelo de cosmovisión y algunas de sus prácticas.

Oriente tiene una visión de la realidad panteísta, que propone básicamente que todos tenemos una parte de Dios dentro de nosotros mismos y que ese poder está a nuestro alcance.

Aunque la filosofía oriental parezca diferente a la occidental, la mayoría de los filósofos griegos, desde los presocráticos, conocían esta forma de ver la realidad y fueron incorporando buena parte de ella y haciéndola propia desde distintos ángulos, conservando una diferencia más de forma que de fondo.

Al estudiar religiones comparadas surgen más coincidencias que oposiciones y se puede llegar a comprobar que en última instancia todas las religiones dicen básicamente lo mismo.

El valor de la filosofía occidental fue eludir en mayor grado las explicaciones esotéricas de la realidad mediante la búsqueda de un fundamento racional.



En cada momento histórico de crisis y cambios, cuando todo alrededor parece estar desmoronándose; todos tenemos un refugio inalterable en nuestro interior capaz de devolvernos la calma y la tranquilidad y de permitirnos recuperar la confianza y el equilibrio.

La forma de ponerse en contacto con esa fuente genuina de paz y bienestar es aprender a estar en soledad, con nosotros mismos, borrar todo pensamiento de la mente y concentrarse en la propia respiración.

Las religiones occidentales utilizan la oración o la repetición de palabras sagradas, que consideran tienen poder para liberarse de los pensamientos y para producir cambios físicos, psicológicos y en el ambiente.

Rezar, meditar, respirar en forma controlada, son prácticas que modifican la estructura interna del cuerpo, corrigen funciones, curan enfermedades, cambian los estados de ánimo y además son capaces de influir favorablemente en el ambiente y en otras personas.

La ciencia ha comprobado que las prácticas espirituales alivian el estrés, que es el principal detonante de la mayoría de las enfermedades más graves y una de las causas más importantes de la disminución del funcionamiento del sistema inmunológico.

El aire que respiramos nos nutre, nos permite vivir y contribuye a liberarnos de la negatividad, de la desesperanza y del estrés.

La serenidad individual que se logra con estos ejercicios se proyecta a nuestro alrededor y ayuda a crear más tranquilidad en el mundo externo; porque la paz comienza en el interior de cada uno de nosotros y luego se propaga a través del inconsciente colectivo.

No importa lo que ocurra afuera, nuestro mundo interior es imperturbable y eterno y nada lo puede destruir ni cambiar; porque estamos en este mundo para aprender y el dolor de nuestro corazón nos ayuda a modificar nuestra perspectiva y nos hace mejores personas.

Tendemos a sentirnos víctimas de todo; de la mala suerte, de las circunstancias, de malos tratos, de la indiferencia; pero pocas veces nos preguntamos qué es lo que hacemos nosotros por los demás en forma desinteresada.

Sin darnos cuenta nos vamos encerrando en un mundo propio lleno de obligaciones y compromisos que parecen ineludibles que nos sirve principalmente para no ver; pero que si nos detuviéramos para evaluarlo nos daríamos cuenta que somos nosotros los que hemos creado esas circunstancias.

Si somos los artífices de la infelicidad que no deseamos, también podemos ser capaces de crear las mejores condiciones para nosotros mismos.

La personalidad busca maneras de verle sentido a la existencia, a veces por un camino equivocado y con un costo demasiado elevado.


Vivir solamente para trabajar, exigiéndose cada día más y sin poder parar; produce un condicionamiento, o sea la necesidad de funcionar siempre al límite haciéndose adicto a la adrenalina.

Es un momento que requiere replantearse los objetivos para encauzar la vida y encontrar nuevos valores que le den significado sin necesidad de recurrir a la evasión por medio del trabajo.

Fuera de ese estilo de vida hay un mundo de cosas nuevas para experimentar, relaciones sociales, el goce de la naturaleza, los deportes, el arte, la espiritualidad, la familia, los amigos. No se trata de buscar otros escapismos sino de sentirse vivo experimentando la vida por si mismo.

La gente que se dedica al trabajo con exceso de entusiasmo demuestra vacío existencial y trata de evitar sentir ansiedad, aburrimiento, depresión y desesperación, y teme encontrarse a si misma.