En Mozambique, en el continente africano, crían ratas gigantes para localizar minas terrestres, que después de la guerra civil, que asoló a ese país hace más de veinte años, han quedado sepultadas y producen gran cantidad de accidentes y mutilaciones a sus habitantes.

Estas ratas son muy inteligentes y aplicadas, capaces de ayudar al hombre a realizar tareas difíciles, incluso superando su rendimiento.

Se estima que en Mozambique existen aún más de cuarenta millones de minas terrestres sin explotar que causan estragos en la población desprevenida cuando accidentalmente llega a activarlas.



Las ratas han demostrado capacidad sobrehumana para detectarlas, gracias a su fino y extremadamente sensible sentido del olfato, muy superior al del hombre.

Mediante la técnica del condicionamiento, se las entrena para que aprendan a localizar las minas durante varios meses; y cuando su porcentaje de aciertos llega al cien por ciento, se las lleva al área donde se encuentran los campos minados que se desean despejar.

El escaso peso de estos animalitos, repugnantes para la mayoría de las personas hasta no hace mucho tiempo y considerados una de las plagas más difíciles de exterminar; hace que no corran ningún peligro, ya que al ser tan livianas no alcanzan a activarlas.

Por cada mina que encuentran las ratas reciben una gratificación, que en este caso suelen ser bananas; y sólo en veinte minutos son capaces de limpiar la zona, tarea que al hombre le llevaría un año realizar.


Los entrenadores guían a las ratas atadas a unos arneses abarcando una superficie de alrededor de una hectárea. Cuando ellas huelen la dinamita, se detienen para olfatear y comienzan a escarbar la tierra; y allí justo es el lugar donde se encuentra el artefacto explosivo.

Los mozambiqueños que se dedican a este trabajo, exportan los servicios de estas ratas amaestradas a otros países con las mismas necesidades.

Estos roedores, no sólo son útiles en el ámbito bélico, sino que también pueden ser entrenados para ser fieles servidores en el campo de la medicina, ya que son capaces de olfatear la saliva de los pacientes y diagnosticar la tuberculosis con la misma eficacia de un análisis de laboratorio, pero más rápido y más barato.

Las ratas reciben entrenamiento para oler la enfermedad en pocos minutos mientras que las pruebas químicas demoran como mínimo 24 horas.

Actualmente se está investigando la posibilidad de ampliar su campo de operaciones en caso de catástrofes y derrumbes, para localizar a las víctimas con más rapidez y detectar el lugar exacto donde se encuentran, por medio de dispositivos sensores.

Los hurones ya sabemos casi todos que ayudan al hombre a exterminar ratas en los sótanos, depósitos y lugares donde proliferan.

Pero además, gracias a la gran flexibilidad de sus cuerpos, están siendo adiestrados para ayudar a los electricistas a pasar cables por cañerías difíciles.

El paso de cables a través de una intrincada red que porta electricidad, les puede llevar a estos animalitos menos tiempo que a los electricistas más aventajados, incluso donde existen codos y curvas de difícil acceso; gracias a la asombrosa flexibilidad de su columna vertebral, que puede adaptarse a cualquier estructura por más sinuosa y cerrada que sea.

Contrariamente a lo que se supone, las ratas buscaminas, que han sido criadas en laboratorios y que están bien alimentadas, no son agresivas sino amistosas y pueden vincularse con los humanos con afecto.


La cultura les ha hecho perder prestigio y se las rechaza en todos lados, principalmente porque sus lugares de desplazamiento son las redes cloacales de las ciudades y contaminan los lugares donde proliferan y porque invaden las casas para refugiarse y apoderarse de los alimentos.

Además, desde la antigüedad, son portadoras de enfermedades mortales y han sido la causa de graves epidemias.

Sin embargo, la utilización de ratas de criadero para realizar tareas útiles al hombre, resulta altamente eficaz para tareas difíciles y peligrosas, es más barata que otros animales, son más pequeñas y se multiplican con mayor rapidez.