El término trastorno psicosomático se utiliza para referirse a un determinado trastorno físico donde los factores psicológicos juegan un papel importante, es decir, cuando se dan factores psicológicos que contribuyen en diversa medida a la iniciación o empeoramiento de una determinada dolencia o padecimiento físico.



Común ejemplo de un trastorno psicosomático


Un hecho constatado y bien respaldado por evidencia científica es que cualquier trastorno denominado físico suele implicar igualmente ciertas alteraciones psicológicas, y viceversa; si bien los trastornos psicosomáticos son aquellos en los que los factores psicológicos ejercen una influencia más determinante.

Cualquier trastorno físico suele implicar igualmente ciertas alteraciones psicológicas, y viceversa. Los trastornos psicosomáticos son aquellos donde los factores psicológicos ejercen una influencia más determinante.

En nuestros días los trastornos psicosomáticos toman una gran relevancia, ya que la problemática de la enfermedad física es bastante diferente de lo que era hace unos años. De hecho, antes era muy poco común considerar que ciertas enfermedades, tales como cáncer, diabetes y enfermedades coronarias, pudieran estar influidas por factores psicológicos.

No obstante, recientes investigaciones apuntan a que los factores psicológicos pueden desempeñar un papel esencial en la historia natural de este tipo de enfermedades. De modo que factores como la presencia de estresores ambientales, las estrategias de afrontamiento, las conductas relacionadas con la salud, las características personales y los modos de reacción al estrés han demostrado ser de especial relevancia en este sentido.


Factores que influyen en el trastorno psicosomático

Los trastornos psicosomáticos suelen manifestarse en presencia de alguna de las siguientes condiciones en el individuo:

- Estilos de afrontamiento negativos.
- Conductas desadaptativas relacionadas con la salud, tales como consumo de sustancias, sedentarismo o mala alimentación.
- Respuestas fisiológicas asociadas al estrés.

La influencia de los factores psicológicos en una determinada condición médica se puede manifestar de la siguiente manera:

- Alterando el curso de la enfermedad.
- Interfiriendo con el tratamiento de la condición médica general.
- Constituyendo un factor de riesgo adicional para la salud del individuo.
- Agravando los síntomas de una condición médica general a través de respuestas fisiológicas asociadas al estrés.

Los trastornos psicosomáticos están muy influidos por los factores sociales y culturales en los que se mueven las personas. De hecho, el tipo y la frecuencia de presentación de los síntomas somáticos varían en los diferentes contextos en la misma medida en que lo hacen los factores socioculturales, lo que da idea de la gran variabilidad y formas en que pueden presentarse dichos trastornos.

Los trastornos psicosomáticos se incluyen en el DSM – IV bajo el epígrafe de Trastornos somatomorfos, si bien es cierto que existen diferencias entre ambas conceptualizaciones, ya que en los trastornos somatoformes las dolencias físicas del sujeto no son atribuibles a ninguna enfermedad física y vienen determinadas únicamente por factores psicológicos.


Síntomas de los trastornos psicosomáticos

Para comprender la naturaleza y síntomas de los trastornos psicosomáticos es indispensable considerar la mente y el cuerpo como un todo integrado. De este modo conviene tener siempre presente la gran influencia de las enfermedades físicas en la esfera psicológica y viceversa.

Generalmente los pacientes que padecen algún trastorno psicosomático enumeran una serie de síntomas que no pueden ser atribuidos a ninguna enfermedad física, por lo que suelen pasar por varios especialistas y probar distintos tratamientos antes de acudir al psicólogo. En cualquier caso no se trata de simulaciones, ya que el paciente no se provoca los síntomas de una manera consciente.

Algunos síntomas físicos de la ansiedad ( dilatación bronquial, aumento de la presión arterial y ritmo cardiaco...) pueden confundirse con un infarto.

Por otra parte, los trastornos psicosomáticos también pueden presentarse como enfermedades orgánicas bien definidas y en las que los factores psicológicos juegan un papel muy importante, ya sea en su inicio, evolución o intensidad.

Los trastornos psicosomáticos más frecuentes son:

- Cardiopatía isquémica, que se constituye como un trastorno muy frecuente en el mundo occidental. Son más propensos a padecerlo aquellos sujetos muy activos e implicados en el trabajo.
- Asma bronquial, que se manifiesta en forma de tos y dificultades respiratorias. Este trastorno se desarrolla en múltiples ocasiones asociado a situaciones de fuerte estrés o situaciones emocionales muy intensas.
- Colon irritable, que viene determinado por una alteración funcional del intestino y diversos dolores abdominales. Este trastorno se asocia también a situaciones de estrés.
- Lumbalgia, que consiste en un fuerte dolor de espalda a nivel lumbar. En este sentido, la fibromialgia se presenta como una forma concreta de este tipo de dolores crónicos, caracterizándose por un intenso dolor en determinados puntos del cuerpo.
- Cefalea tensional, que se manifesta como un dolor de cabeza, que afecta también a los músculos de la cabeza y el cuello. Esta condición médica también se ha asociado a sujetos muy activos e implicados en el trabajo.
- Infertilidad psicógena, que viene dada por la dificultad de algunas mujeres para quedarse embarazadas, sin motivos orgánicos que lo justifiquen. Se relaciona con la excesiva preocupación por la maternidad, que acaba afectando al sistema nervioso y a la regulación de las funciones hormonales.
- Eczema, que se manifiesta en diversas alteraciones a nivel cutáneo y formación de costras. Dichos eczemas pueden ser de diversos tipos, influyendo el estrés en unos casos más que en otros.

Tal y como se ha mencionado anteriormente, no todo lo psicosomático se manifiesta como un trastorno sujeto a un diagnóstico específico. De hecho hay diversos síntomas psicosomáticos que se relacionan en mayor o menor medida con la esfera psicológica del individuo, entre los que destacan los mareos y vértigos, la sensación de falta de aire, problemas urinarios, sexuales, pérdidas de cabello e incluso trastornos de los sentidos.


Tratamiento del trastorno psicosomático

Los trastornos psicosomáticos probablemente sean uno de los principales motivos de consulta en atención primaria. No obstante factores como la escasa conciencia psicológica acerca del problema, así como la saturación del sistema sanitario en cuanto a especialistas en salud mental, dan lugar a que dichos trastornos sean, en muchas ocasiones, infradiagnosticados y tratados de forma excesiva mediante ansiolíticos y antidepresivos.

Los trastornos psicosomáticos probablemente sean uno de los principales motivos de consulta en atención primaria.

Teniendo en cuenta que los factores psicológicos originan o modifican este tipo de trastornos, el enfoque terapéutico más recomendado es la psicoterapia. Otras técnicas como la modificación de conducta y el entrenamiento en técnicas de relajación pueden ser muy eficaces en algunos casos.

Desde el enfoque de las terapias cognitivo conductuales se han logrado muy buenos resultados a la hora de hacer frente a este tipo de trastornos, sobre todo combinando las técnicas de relajación con otros procedimientos cognitivos, para habilitar al paciente con el fin de que logre controlar sus niveles de ansiedad.

A la hora de intervenir, también pueden ser de utilidad los métodos de manejo del estrés, que aglutinan un amplio conjunto de técnicas. Algunas de las más eficaces son:

- La práctica de la relajación en situaciones generadoras de estrés.
- Procedimientos de desensibilización.
- Aprendizaje discriminativo en relación a situaciones inductoras de activación fisiológica.
- Entrenamiento en habilidades sociales, asertividad y solución de problemas.
- Otros procedimientos de reestructuración cognitiva.

En este tipo de trastornos, en la medida de lo posible, conviene evitar los psicofármacos, o al menos acudir antes a psicoterapia, tanto por la escasa eficacia de estos medicamentos, (hay que recordar que no curan, sino que se limitan a paliar ciertos síntomas agravando otros), como por el riesgo de problemas asociados, entre ellos su alto índice de dependencia.

En los casos en que los trastornos psicosomáticos producen graves enfermedades orgánicas, el sujeto debe acudir, además de al psicólogo, al especialista que le corresponda en función de su dolencia, con la finalidad de poner en común todos los factores que intervienen en el inicio, curso o mantenimiento de dicha enfermedad. En estos casos, apostar por un tratamiento interdisciplinar es la mayor garantía de éxito terapéutico.

Se puede concluir afirmando que muchas de las pruebas físicas que se realizan y gran parte de los medicamentos administrados se podrían ahorrar si este tipo de trastornos fueran correctamente diagnosticados. De esta forma las personas que los padecen mejorarían sin necesidad de pasar años de incertidumbre, de especialista en especialista y de tratamiento en tratamiento.