No es fácil esclarecer los síntomas de la depresión en la adolescencia. Por tratarse de una etapa de la vida que cursa con cambios superlativos tanto físicos como psicológicos. Esta tarea compleja de esclarecimiento se ve dificultada por el continuo enmascaramiento de la sintomatología… Agresividad, irritabilidad, labilidad afectiva, incontinencia emocional suelen ser puntas de icebergs que habitualmente el profano no asocia al comportamiento de ninguno de los tipos de depresión posibles.


     Por este motivo se hace necesaria un buen planteamiento diagnóstico que permita el posterior abordaje de manera directa y sin perturbaciones.

Aunque los adolescentes, por su propio lucus de control, suelen salir airosos de cualquier episodio depresivo, y además con una rapidez que llega a asombrar a los propios terapeutas, los riesgos del comportamiento depresivo en esta fase de la vida son muchos.

     Para empezar, el tiempo perdido en los estudios suele ser irrecuperable. La posibilidad de que la frustración en que se ven inmersos los jóvenes depresivos acabe en la siempre terrible ingesta de drogas o alcohol en exceso es el filo de la navaja que muchos padres no acaban de ver hasta que tienen el problema dentro y fuera de casa.


     Por todo ello, es preciso que padres y tutores sean capaces de discriminar entre conductas propias de adolescentes y aquellos síntomas de la depresión que pudieran estar apuntando hacia la posibilidad de un episodio depresivo de cualquiera naturaleza. Sólo de esta forma, el adolescente puede ser derivado hacia los recursos disponibles. Psicólogos y psiquiatras tienen luego la última palabra.