Todos los seres humanos poseen sensibilidad y en mayor o menor medida tienen la capacidad de emocionarse.

Existen distintos tipos de emoción, algunas pueden beneficiar la salud y otras provocar serias enfermedades.

Emociones como el miedo, el odio, la preocupación, la tristeza, el resentimiento y el rencor, son perjudiciales para la salud y disminuyen la función del sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable a las enfermedades. En tanto que las emociones como el amor, la felicidad, el entusiasmo, la alegría y la esperanza, nos mantienen saludables.

Poner emociones en las cosas que hacemos, como entusiasmo y alegría nos hace bien; pero son las emociones que nos producen las cosas que no podemos controlar, las que nos hacen mal.



La aceptación y el equilibrio en las circunstancias difíciles es la actitud adecuada para superarlas y poder seguir viviendo sanamente, sin que dejen huellas en nuestro cuerpo.

La forma de reaccionar ante la adversidad es un patrón de comportamiento adquirido en la infancia que mantenemos toda la vida.

Louis Hay cuenta su triste historia infantil llena de infortunios difíciles de superar.

Sus padres se divorciaron cuando ella tenía un año de edad y su madre tuvo que salir a trabajar y dejarla a ella con una vecina. Tuvo un padrastro violento y fue violada por un vecino, quien fue sentenciado a quince años de prisión por ese delito. Sufrió toda clase de maltratos y privaciones y desde niña tuvo que trabajar muy duro.

Se llegó a convencer que no valía nada y que tampoco se merecía ser feliz algún día. Su modelo mental reflejaba su creencia y atraía toda clase de circunstancias desfavorables a su vida.

Su baja autoestima y su necesidad de afecto, la llevó a entregarse a quienes les demostraban algo de bondad y pronto quedó embarazada.
Tuvo una niña que dio en adopción a los cinco días de nacer y que no volvió a ver nunca más. Esta circunstancia aumentó el desprecio que tenía por si misma y confirmó su convicción de que era una víctima destinada a sufrir.


Sin embargo, una vez mayor, pudo comenzar a trabajar como modelo y a sentirse mejor consigo misma, atrayendo al mismo tiempo cosas positivas a su vida.

Llegó a ser modelo de alta costura y a casarse con un hombre de buena posición, quien lamentablemente, después de catorce años de casados, la abandonó.

Su vida se desmoronó, pero tuvo fuerzas para buscar ayuda en la Iglesia de una secta protestante de Nueva York.

Comenzó a interesarse en la metafísica y en los modos de sanación y luego de algunos años se convirtió en una de las sanadoras de la iglesia.

Realizó estudios orientales en la Universidad Internacional Maharishi y se inició en la Meditación Trascendental.

Un día le diagnosticaron un cáncer en la zona vaginal. Louise sabía que la curación mental funcionaba, de modo que esa era la oportunidad para demostrárselo a si misma.


Sabía la importancia del resentimiento y de la rabia para el desarrollo del cáncer, emociones de las cuales ella aún no se había liberado; y que para curarse y evitar que volviera, debía modificar su modelo mental. Porque cuando el cáncer vuelve es porque el paciente no ha cambiado de mentalidad.

Los médicos le concedieron unos meses de tiempo antes de operarla, para que ella intentara su curación.

Realizó una psicoterapia profunda, desintoxicó su cuerpo y su mente de todo vestigio del pasado y cambió su patrón mental de comportamiento y seis meses después del primer diagnóstico, le confirmaron que el cáncer había desaparecido.

Su experiencia personal le demostró que su enfermedad se pudo curar al cambiar de forma de pensar, creer y actuar.

Fuente: “Usted puede sanar su vida”, Louis Hay.