La depresión bipolar no es sólo un estado de ánimo transitorio, resultado de un hecho traumática, sino que también se trata de una enfermedad, que se relaciona con una irregularidad a nivel de neurotransmisores cerebrales, en las sinapsis de las neuronas, que a veces puede detectarse mediante procedimientos médicos y otras no, y que puede ser hereditaria.

Esta patología exige tratamiento psiquiátrico y psicológico, que en general resultan efectivos, a veces en forma permanente y en otras en forma cíclica, durante la fase depresiva, de lo que se conoce como bipolaridad maníaco depresiva.

A veces, las personas afectadas por este trastorno, se niegan a ser atendidas, precisamente por su falta de motivación para vivir y para intentar curarse, pero la falta de atención de estos enfermos puede tener consecuencias fatales, ya que uno de sus síntomas característicos es la idea del suicidio.



La vida de estas personas, si recibe el tratamiento adecuado, puede ser normal, o sea que pueden trabajar, relacionarse, tener parejas e hijos y desarrollar cualquier actividad intelectual.

Sin embargo, en la vida de pareja, puede suceder generalmente, que el que sufre de este síndrome, tenga la tendencia a relacionarse con el otro en una forma simbiótica.

Desde el punto de vista psicoanalítico, la depresión tiene su origen en un trauma de la infancia temprana, específicamente en el período oral, es decir en la etapa del desarrollo psico sexual en el que el modo de satisfacción era la succión del pecho materno, cuando todavía no había diferenciación entre el yo y el no yo.


Un trauma en este período del desarrollo, que puede producirse ya sea por un exceso de frustración como por un exceso de gratificación, da lugar a una fijación en esa etapa, que se reflejará en el futuro en el modo de relacionarse afectivamente.

De manera que una persona que sufre depresión bipolar, desde esta perspectiva, tenderá a establecer relaciones simbióticas, o sea dependientes, considerando a los otros, no como otros sino como prolongaciones de si misma.

Esto ocurrirá con todas sus relaciones afectivas, tanto con sus parejas como con sus hijos, sus amigos, padres, hermanos, etc.

Cuando la pareja es una persona con las mismas características de personalidad, aunque no sufra de depresión, se establecerá un vínculo simbiótico y terminarán siendo solo una, y la persona afectada por depresión bipolar no tendrá vida propia sino que podría llegar a convertirse en la sombra del otro o bien identificarse mutuamente.


Pero si esta persona se vincula con alguien independiente, la vida en común puede llegar a ser difícil , así como la crianza de los hijos que no serán considerados por ella como personas individuales sino dependientes y no diferenciados.

Por lo tanto, es conveniente que no sólo sean tratados con drogas antidepresivas sino que también sean sometidos a una psicoterapia de tipo profunda, para lograr elaborar emocionalmente el trauma de la infancia y llegar a relacionarse normalmente.

Según Freud, cuanto más arcaico y temprano es el trauma, más severa puede ser la patología, sin embargo, hoy en día existen drogas muy eficaces que ayudan considerablemente en el proceso de la psicoterapia.

Por esta razón, una terapia combinada es la atención adecuada para estas personas.